Por: Esteban Barquera – Primus Draconis
La víctima es la persona que padece un sufrimiento físico, emocional y social a consecuencia de la violencia, de una conducta agresiva antisocial, a través del comportamiento del individuo-delincuente; esto dejando a su paso secuelas emocionales, imposibilitando a la persona de hacerse responsable de las situaciones. Y debe haber una búsqueda de reparación del daño a través de los instrumento legales y jurídicos adecuados.
El victimismo se utiliza para traslada la culpa a otros, espejismo de la vulnerabilidad perpetua, aquejado, agredido en cualquier momento, y en cualquier situación. Se hacen acusación y son tomadas como válidas, tengan fundamento o no, esto para obtener los beneficios y ventajas que la posición otorga. Pero esto solo refuerzan premisas inconscientes y consigo una gratificación, el que se sea víctima en tu imaginación no te hace víctima real, porque ¿El mártir que deseaba serlo, lo sigue siendo, si lo quería ser para legitimarse?
La posición de víctima se convierte en el vehículo de contacto social o interacción social para buscar empatía, se interpretan roles con una premisa adulterada, y se cosecha recompensa en cada lágrima derramada. Se convierten en figuras mitológicas, un demiurgo con piel de Aquiles, corona, escudo y título nobiliario por delante; para garantizar su inocencia más allá de toda duda razonable y la culpabilidad del señalado sin cuestionamientos. Es algo impensable increpar al que ya se le conoce como víctima y a los que lo acompañan, porque actualmente ser víctima es un valor.
Ser víctima se hace rutina y justificación para evitar hacerse responsable de su situación ya que se sienten cómodos en el punto que están, incluso utiliza el chantaje emocional como mecanismo para manipular la situación. Se convierte en el recipiente del desastre, cual caja de Pandora; entregando de este modo su voluntad, para intercambiarla por una nueva identidad, la identidad del doliente. Esperando que los demás se ajusten a sus necesidades. Se construyen vínculos de sumisión, evitando toda herramienta que les permita mejorar su condición.
De este cultivo también brotara el resentimiento, al no poder afrontar lo tormentoso de los problemas, “dirán que se le niega la muerte, cuando reniegan de la vida”. Esto en sí mismo es problemático, porque la vida se desarrolla a través de los problemas, si no se aprende a lidiar con ellos, se cae en frustración, llegando incluso a tratar de invisibilizarlos; el no buscar la resolución de problemas, evita que aprendamos a solucionar problemas futuros. Esperan que todos nuestros problemas sean resueltos por los demás o por magia, es otra forma de sede el poder sobre nuestra persona, manteniendo la voluntad en latencia.
Para esto entender la diferencia entre culpable y responsable nos ayuda a tomar una postura y crear una estrategia para lidiar o afrontar la problemática.
Esto funciona igual cuando alguien nos provoca una emoción o trasgrede. El otro puede ser culpable, pero la responsabilidad de como respondemos es nuestra. Las consecuencias son individuales y propias al que ejerce su responsabilidad.
El mundo emocional individual es un dominio delicado, fácilmente perturbable, y que nos puede hacer mantenernos en un estado de víctima, aunque tengamos la posibilidad de cambiar ese estado lo perpetuamos.
Mientras se siga creyendo que el ser oprimido o víctima desarrolla impoluta bondad, seguirán surgiendo libertarios tiranos; ciegos al reflejo de la realidad. Así solo se vuelven la voz de la nueva elite.