Herrschafetischismus – El amor como lo trascendente y un fetiche

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

La única manera de que un amor sea real, es el entregarse a la incertidumbre de lo diferente. Ahí sí puede haber una trascendencia significativa, ya que cuando el amor termine por decisión o por la muerte, se ha dejado una parte de nosotros integrada en el otro, perfectamente distinguible, así que siempre estaremos presentes. Sinónimo de la otredad, en forma de encuentro constante con el otro.  

Esta constante exposición con otro, puede provocar miedo e inseguridad; por eso la mayoría de las personas cuando se encuentran agotadas, buscan al igual, y evitan lo diferente; ya que lo que se busca amar es la confirmación de nosotros en el otro, no hay cabida para el desafío. Esta interacción no puede ser nombrada amor, ya que al fruto de ese amor solo se le podrá llamar dependencia.  

La tan demeritada idealización ya no existe, ahora es una creciente posibilidad de elección, se cosifica al otro, así que otro es un algo que se debe ajustar a nuestras necesidades, y si no es así simplemente se regresa al mercado, para elegir a alguien más o nos exhibimos para que un otro nos elija. Lo diferente es un defecto de producción.  

Solo somos dignos de amor mientras no generemos dificultades, pero también evitamos la confrontación ya que estas nos conducen a la frustración; así que tomamos como molde lo temporal y efímero con tal de que se acomode a nuestras necesidades, el slogan del amor moderno es “déjalo si se vuelve problemático”; ya no hay un punto final en nada de lo que se hace, todo se deja inconcluso para evitar lidiar con la responsabilidad y las consecuencias. Se le prefirió dar a la crueldad un anglicismo “Ghostear”, así evitamos ver nuestra maldad. 

Que el amor se haya convertido en productos hechos en masa, provoca que ya no se requiera una decisión en la elección de pareja, ahora cualquiera tiene el potencial de serlo, de ahí la hipersexualización.    

Murió el abrirnos a maravillarnos de los otros, por miedo a la decepción. El amor actual, que se ofrece desde la alienación social, la cual, al ser voluntaria, y una expectativa de vida, no permite tener una identidad y al ya no necesitarla no se intenta la búsqueda de la misma; ahora es mejor solo entregarse a la sumisión, a los deseos y necesidades del otro, esto lo hacemos nuestro sentido de vida. Ya no se le puede llamar amor, eso solo es soledad en compañía.

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