La tristeza, corriente que nos lleva al encuentro con nuestro Levithan y con el del otro

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

Así como la ira nos permite hacernos presentes en el mundo; la tristeza hace lo mismo en lo profundo de nuestras emociones e inconsciente, digamos que es la corriente marina formada por deseo e intención, la cual nos dirige una y otra vez hacia el pasado, así que nos abstrae del presente, llevándonos a sus dominios en donde nos hará revivir nuestras perdidas.

La tristeza se hace presente en situaciones que percibamos como adversas, que no sepamos manejar, haciéndonos entrar en una vorágine de pensamientos consecutivos. Provocando una sobrecarga psíquica, que será completamente agotadora y frustrante. Por eso la tristeza frena todo en nuestro sistema, para hacernos reflexionar de lo que está pasando en nuestras vidas y emociones, además de forzarnos a descansar para detener la sobre carga. 

Este proceso de expresión de la emoción, toma el pensamiento como si fuera una partícula de agua en el mar, la cual solo se define por su relación al mar. Ya que ningún elemento del pensamiento tiene existencia independiente, si intentas retirar uno de ellos del flujo de dicho pensamiento, el elemento separado es más susceptible a la evaporación, pero en algún momento, cuando caiga la tormenta de la adversidad, el elemento, sí fue separado, regresará al mar. Pero al ser una partícula como las demás, cae aleatoriamente, en espera de poder brotar de nuevo, manteniéndose latente al estímulo que lo libere de nuevo, siendo este estímulo igual o diferente al que lo genero originalmente, a este mecanismo se le puede llamar trauma.  

Por eso es importante afrontar el problema de raíz y no reprocharnos por esta pasando por el dolor que se siente, la adversidad debe ser vigorizante, quien odia lo destructivo, odia la vida y quien odia la vida y sus complicaciones no encontrara sosiego en ella, solo desesperanza.     

Otra función importa de la tristeza es que a través de ella conectamos con los demás, nos ayuda a expresar lo que sentimos y por adaptación, las personas buscaran acercarse a nosotros, aquí es donde la tristeza se puede convertir en algo peligroso, ya que a esta reacción de los demás se puede convertir fácilmente en algo adictivo o en un atajo al reconocimiento.  

Esto generalmente deriva en chantaje a través del victimismo, en este tipo de situación la persona se percibe o se fuerza a ser vulnerable y vulnerado en cualquier momento y por cualquier situación; le es más cómodo el ceder el poder de sus decisiones, intercambiándolo por la exigencia de ser escuchado y acusación, exigiendo una reparación del daño sea una acusación válida o no. 

Una vez en esta situación, es difícil salir de ella, ya que en esta posición se desarrolla como sistema inmunitario de responsabilidad. Además de blindarlos del cuestionamiento de los demás, permitiendo exigir que se ajusten a sus necesidades. Se construyen vínculos de sumisión, evitando toda herramienta que nos permita mejorar nutra condición.

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