Miedo, abismo que custodia Leviathan

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

El abismo se puede observar desde afuera o por dentro, y en ocasiones no tenemos elección, simplemente terminamos en un punto u en otro; esta danza fuera de nuestro control produce angustia, que posteriormente se convertirá en miedo. Esta respuesta, en esencia, es lo que se esperar, no obstante, en una sociedad que aboga por desterrar las emociones clasificadas como negativas, entre ellas el miedo, quedamos atrapados entre nuestras sensaciones y las expectativas de los demás, así que dependiendo de la situación optamos por ocultarlo o negarlo. 

El miedo no es algo que se deba de vencer, más bien se le debe de hacer un lugar, como una emoción valiosa, que existe para decirnos si estamos preparados para afrontar alguna situación, dificulta u obstáculo. Si lo aceptamos de esta manera será la voz sutil dentro de lo tumultuoso, que nos guiará en las aguas por las que navego el barco de Teseo, y de no hacerlo, será una continua tormenta imaginaria que no nos permitirá zarpar. 

El miedo vive en el bastión de lo onírico, el reino de nuestro potencial; es en este espacio donde nuestra magia se va desarrollando y la convertimos en intención. Así que el miedo existe y se erige como una herramienta de la voluntad que podemos exteriorizar por medio del ritual y su psicodrama; esto puede ser de gran ayuda ya que al proyectar las situaciones que consideramos adversas nos preparará para combatirlas. Al final de lo que se trata es abandonar la impuesta ilusión del positivismo insano, viendo el obstáculo como el que promueve la acción y nos permite poner en ejercicio nuestras virtudes.

Deja un comentario