El Satanismo y las infancias

Por: Marco Antonio Muñoz – Summus Satanis

Uno de los temas sobre el que más existen estereotipos con respecto al satanismo es sobre el tratamiento que tenemos sobre las infancias, cada que escribimos o hablamos al respecto no falta el ignorante que cree que lo que ve en películas y series de TV de terror son la verdad, los robos de niños, los sacrificios, los altares sangrientos, etcétera, pero todo esto está alejado de la verdad, para los satanistas las infancias merecen respeto y protección del mundo adulto, mundo que los suele subestimar, relegar y violentar.

El satanista ve en el niño un ser natural y sin prejuicios sociales, las infancias son libres de los miedos del mundo adulto, miedos que resultan en conductas racistas, clasistas, sexistas, xenófobas y una enorme lista interminable de ideas que ponen en duda la supuesta racionalidad del mundo adulto. Es por este motivo que los niños y su protección son casi sagradas para nosotros y esto es fuera del terreno ideológico, ya que a diferencia de otras expresiones religiosas, el satanista no busca pasar su título a su prole, las filas del satanismo jamás han buscado engrosarse con base en el adoctrinamiento religioso infantil, el libre desarrollo de la personalidad es casi un mandamiento y cuando mucho buscamos dotar a nuestros niños de herramientas que consideramos valiosas para su desarrollo, como el pensamiento crítico, el escepticismo, las ciencias, el cuestionamiento y el amor por el conocimiento, todo esto como ya menciones fuera de la etiqueta del satanismo, para que así nuestras infancias puedan tomar las decisiones que se ajusten mejor al universo subjetivo que vayan creando en su desarrollo como personas, incluso si sus conclusiones son totalmente contrarias a las nuestras.

El mundo debe cambiar con respecto a los niños y dejar de verlos como ciudadanos de segunda y aprender más de ellos, aprender de su mente curiosa y creativa, de sus soluciones simples, de su ausencia de juicios subjetivos, de su practicidad, debemos dejar de buscar relegarlos de nuestros espacios como si fueran creaturas extrañas y ver el mundo más desde su maravillosa mirada en lugar de llenarlos de nuestras carencias, inseguridades, miedos y tal vez, peor aún de nuestras propias expectativas resultado de no haber logrado nosotros mismos las metas que teníamos trazada para nuestras vidas. Nuestras infancias no nos deben nada, están aquí resultado de nuestro egoísmo, de nuestra necesidad de vernos reflejados en otro igual a nosotros, pero que no lo es, es un ser autónomo e independiente que debe estas sujeto a su propia voluntad como lo estamos nosotros y para lograr esta meta, que es la máxima meta del satanismo, debemos fortalecer a nuestras infancias y dejarlas de ver como un objetos de nuestra sujetos a nuestros caprichos personales.

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