Al Diablo la Contracultura

Por: Atfarkos – Defensoru Luciferiu

Realmente es difícil dar una definición concreta de lo que “contracultura” se refiere, el término se empezó a utilizar para señalar a los grupos juveniles que se pronunciaban en contra de las políticas Estadounidenses durante la Guerra de Vietnam a finales del siglo XX, principalmente abarcando al sector “hippie” de la población que basan sus ideales en filosofías espiritualistas orientales, que a propósito Anton Lavey y Petter Gilmore criticaron fuertemente como vacías y sinsentidos modernos. 

En términos muy generales, “contracultura” significa: Negar valores y estilos de vida socialmente impuestos y generar a través de acciones relacionadas al arte y la cultura, respuestas y rupturas hacia esos modelos hegemónicos; José Agustín en su libro “La Contracultura en México”, la definió así: “La contracultura abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales <usualmente juveniles> colectivos, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional.”

A 50 años de 1968: teoría crítica y contracultura en México, SAPIENTIAE: Revista de Ciencias Sociais, Humanas e Engenharias, Felipe Javier Galán López (2018).

La ruptura entre “Lo viejo y lo nuevo”, “lo adulto y lo joven”, la diferencia radical entre esta dicotomía se encuentra entre “lo quieto” y “lo que cambia”. Pero esta ruptura ya no es exclusiva de movimientos específicos, podemos encontrar iconos de la cultura “pop” promoviendo ideas que se oponen al cambio del estatus quo, o reinterpretaciones artísticas y literarias de expresiones de siglos anteriores como estandartes de los movimientos que promueven el cambio. Además, la actual era de la información ha desdibujado la línea generacional, nos encontramos en este tiempo moderno “jóvenes” militantes de ideologías conservadoras tanto como lobos de mar “viejos” tan punks como el que más. 

Un fenómeno social muy vigente de nuestra época son los despectivamente llamados “niño-hombre”. La imagen de ese señor de mediana edad consumiendo la mercancía de sus personajes favoritos, encerrado en su habitación jugando videojuegos hasta la madrugada ya dejó de ser un personaje de las caricaturas. Independientemente si esto supone algo bueno o malo, es una realidad y parte del paisaje posmoderno.

Con este contexto, la definición que nos dejó en los 90´s José Agustín, podría estar más vigente de lo que pudiéramos pensar pese al panorama. Anteriormente expusimos “Mucho podríamos aprender los Brujos y Magos de los niños” enfocándonos en sus virtudes creativas e imaginativas para moldear la realidad a su antojo, para TRANSFORMARLA.

El <espíritu joven> que define José Agustín como otros pensadores interesados en los fenómenos contraculturales como Theodore Roszak en su libro “El Nacimiento de una Contracultura”, es cambiante, inquieto, indomable, no responde a autoridad alguna en cuanto al ejercicio de su voluntad se refiere. ¿Que no es este, el espíritu del Satanismo?. La principal razón por la que el Satanismo no se define simplemente como un “humanismo” con pasos extra, es por la permanencia de la Magia. La transformación de la realidad del Mago según su personalísimo proyecto vital, la afirmación de su ego frente a la adversidad, no sería posible sin la fuerza de ese espíritu joven.

Naturalmente, la manera en que cada Satanista se deja poseer por el espíritu inquieto de su creatividad es muy diversa. Si bien, el Satanismo promueve la individualidad, los practicantes no dejan de buscar grupos con los que contrastar y enriquecer su conocimiento. Las órdenes iniciáticas como El Templo de Seth, Joy of Satan, entre otras, prosperaron por la necesidad de los practicantes por ser reconocidos en una comunidad cerrada. No existe objeción alguna con la formación de grupos con voluntades individuales afines, y para nada entorpece la espontaneidad de su magia.

Volviendo al tema, la contracultura en sus inicios se vio envuelta en un ambiente de represión social y de incomprensión. Actualmente esta represión dejó de ser radical por parte de la autoridad reconocida que vendría siendo el Estado o incluso la Iglesia, la metodología utilizada por el poder es más bien persuasiva jugando con la gratificación inmediata, Las políticas populistas o la doctrina de la reconciliación están lejos de ser prácticas de represión, pero son incluso más efectivas para sosegar la impasividad del espíritu joven de la contracultura.

Sumado a esto, la sociedad que da legitimidad al poder, esa “voluntad general” diría Rousseau, es la que ahora, por su cuenta, procura un estatus quo muy nostálgico y tradicional. La voluntad general se ha confundido ella misma como el “movimiento contracultural” moderno, se pronuncian en contra de las políticas que el Estado intenta promover para garantizar una representación igualitaria para todos los miembros de la nación. No es raro encontrar individuos escondidos detrás de grupos radicales promoviendo rechazo hacia la disidencia, disfrazando su discurso entre una amalgama de espectáculo y superioridad moral. Los slogans que ponen la libertad por delante siempre han sido muy atractivos para quienes encuentran “opresión” en la libertad de los demás.

Las expresiones artísticas desde los años 60´s hasta los 90´s rebosaban de un modelo que destacaba el desorden, la incongruencia, incluso la agresividad, intentando captar la realidad hostil a la que el espíritu joven se debía enfrentar. En su mayoría el arte pop en estos tiempos de “inteligencia artificial” es frío, minimalista y carente de espíritu. Mientras la máquina se encarga de crear material multimedia para nuestro consumo, los eventos culturales se volvieron un punto de reunión muy de nicho, y los individuos encuentran la realización de su espiritualidad con la optimización de su tiempo libre.

Pablo Gaytán, quien critica la obra de José Agustín, señala que el significado de la contracultura hay que buscarlo en los procesos de apropiación consumista, apunta que la contracultura mexicana “ondera” y la xipiteca moría de inanición debido a las prácticas empresariales que son capaces de convertir cualquier idea en un producto atractivo. 

El Nacimiento de una Contracultura Reflexiones sobre la sociedad tecnocrática y su oposición juvenil, Theodore Roszak (1970).

¿Será que, el espíritu creativo, libre y rebelde del Satanismo, actualmente dejó de ser un foco rojo para la hegemonía, y se convirtió en una linda playera que te llevas de regalo con tu peluche extra-grande de Baphy?

Hay alternativas ideológicas que promueven el individualismo en todos los colores y presentaciones. Si el Satanismo se quedara solo con esta premisa, no tendría ninguna diferencia razonable con el resto de filosofías neo existencialistas. En esta sociedad moderna que glorifica la individualidad (aparente), que está a favor de la libertad (discutible), y que reconoce la diversidad en todas sus formas (a conveniencia), es incierto lo que posicionaría al Satanismo a tomar en cuenta como movimiento contracultural.

Para los años 90´s, muchas organizaciones que anteriormente habían sido minoritarias, a lo largo de los años se convirtieron en grupos con mayor presencia en la sociedad, y han surgido nuevos grupos que buscan identificarse y construir su propia lucha. Y se reinventan <y se reinventan>. El espíritu joven inevitablemente envejece y se vuelve parte de la normalidad de su tiempo. 

Tal parece que, lo único que destaca al Satanismo de otros movimientos es su capacidad de cambiar, su llamado al “autocuestionamiento” no solo evita que se marchite, le quita toda cohesión a mediano plazo en cuanto a su identidad contracultural.

The Satanic Temple ha logrado posicionarse como un músculo de contrapeso a tomar en cuenta por la hegemonía. Si bien, sus principios son ampliamente cuestionados por diversos exponentes del Satanismo, es innegable que han contribuido a que la sociedad resignificara el símbolo del diablo, que históricamente, ha funcionado como “El Enemigo” a vencer en todos los proyectos civilizatorios absolutistas.

¿Y si resulta que el Diablo no era tan malo, con que más nos equivocamos?

El desorden es la principal oposición a la hegemonía de la autoridad, promover el constante cambio contribuye a la generación de voluntades auténticas que alborotan el desorden. La voluntad que se forja en la adversidad del desorden será poseída por el espíritu joven que nunca se marchita.

La necesidad de que existan movimientos contraculturales es la de sacudir esas verdades fundantes que naturalmente terminan por estancarse, y el Satanismo en América Latina es un agente importante para empujar a la sociedad hacia ese tiempo, que se ve tan lejano, en que el humano pueda actuar realmente como sujeto.

Lo único que falta, es que nos lo tomemos en serio.

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