La semilla del agente creador

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

Por ahora no hemos llegado a una real IA, el mismo ser humano a limitado el desarrollo ya que nos es imposible imitar algo que no entendemos por completo, este es el caso de la inteligencia; lo que sí sabemos es que ha llegado para quedarse este campo de investigación, así como sus múltiples áreas que lo componen.

Se están desarrollan sistemas y modelos más interesantes y eficientes que han ido revolucionado nuestra sociedad, transformando la forma en que interactuamos con la tecnología y cómo resolvemos problemas. Uno de los aspectos cruciales en el desarrollo de la IA es la capacidad de probar distintos escenarios y situaciones. ¿Por qué esto es importante?

La inteligencia percibida, también conocida como inteligencia práctica, se nutre de la experiencia y la resolución de problemas en contextos reales. A medida que nos enfrentamos a desafíos y buscamos soluciones, no solo adquirimos habilidades específicas para abordar esos problemas, sino que también cultivamos habilidades valiosas adicionales.

Es vital que la IA y cualquier sistema en desarrollo sean capaces de adaptarse a diversas situaciones y/o problemáticas del mundo real. Al someterlos a pruebas en diferentes contextos, podemos garantizar su robustez y adaptabilidad. Por ejemplo, un modelo de reconocimiento de imágenes debe funcionar adecuadamente tanto de día como de noche, en diferentes condiciones climáticas y con diversas configuraciones de cámara.

Exponer la IA a una variedad de escenarios nos permite detectar fallos y debilidades, lo que a su vez nos habilita para corregir errores, ajustar parámetros y mejorar su rendimiento. La diversidad de situaciones en el entrenamiento de la IA también optimiza el uso de datos. Entrenarla solo con un conjunto limitado de ejemplos podría resultar en un sobreajuste y una falta de generalización. Al probarla en diferentes contextos, obtenemos un modelo más eficiente y versátil.

La resolución de problemas, transferencia de habilidades y la adaptabilidad son fundamentales tanto para la IA como para el desarrollo humano de inteligencia. Al enfrentarnos a problemas diversos, en diferentes contextos, provoca que nuestro cerebro se active para analizar la situación, buscar patrones y considerar diferentes enfoques. La adaptabilidad nos permite ajustar nuestras estrategias según las circunstancias cambiantes, al enfrentarnos a problemas complejos, a menudo necesitamos pensar de manera creativa y explorar enfoques no convencionales para encontrar soluciones efectivas.

Por eso es importante mantener la diversidad en lugar de buscar la uniformidad, ya que, al tener individuos únicos aportan una serie de experiencias y conocimientos que son valiosos en sí mismos. Esta diversidad se traduce en la necesidad de tener en cuenta una variedad de perspectivas, historias y contextos culturales para desarrollar sistemas inteligentes que sean sensibles a las necesidades y realidades de diferentes grupos de personas.

La diferencia no es algo que deba ser reducido o eliminado, sino que es precisamente a través de la diferencia que se pueden producir nuevas ideas y conceptos, destacando la importancia de la conectividad y la relación entre las diferentes aristas. Todo está conectado en un proceso continuo de cambio y transformación, esto significa que los sistemas inteligentes están interconectados con una variedad de factores, incluidos los datos, las personas y el entorno en el que operan.

Si desarrollamos inteligencia fue gracias a que cada ser humano se enfrentó a problemas diferentes y al compartir sus experiencias o las experiencias de los demás podían aprender de la misma situación, somos las variables y las constantes del modelo. Esta diferencia puede manifestarse en la forma en que abordamos el problema, en las nuevas perspectivas que adquirimos, en las correcciones que realizamos a nuestros errores anteriores, o en las conexiones que establecemos con otros conceptos o experiencias.

Así podemos concluir que para desarrollar nuevo conocimiento y habilidades no basta con repetir, que, si bien es importante para ayuda a reforzar el conocimiento, la verdadera valía sucede en el sutil cambio entre esas repeticiones. El cambio está en la influencia de los demás, en el entorno, pero sobre todo en las posibilidades que nos permitimos contemplar; al igual que la vida el conocimiento necesita movimiento. El imitar es la pérdida total de la individualidad, es seguir la norma, es conformismo, es quietud disfrazada de creación.

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