Por: Esteban Barquera – Primus Draconis
El “Autoengaño”, fue de los primeros conceptos que me causaron mucha intriga cuando me adentré al satanismo, pero ¿Qué es?
Básicamente es una historia que nos contamos para justificar alguno o varios actos que carecen de imparcialidad, acompañada de intereses personales y usualmente ocultos que, a la larga, puede distorsionar la percepción de la realidad volviéndose un obstáculo para el crecimiento ideológico, psicológico que impide la individualización. Es como un veneno que está compuesto de todo lo que estamos dispuestos a hacer con tal de que lo que creemos sólo sea reafirmado y confirmado por los demás, llegando al punto de trasgredir bases, principios e incluso intentar fundamentarse en cuestiones inconexas.
El gran problema del Autoengaño radica en la deformación de la realidad resultante, que suele ser imitada o propagada como válida, al sentir algunas personas que sus ideas son confirmadas con ese estandarte, empeorando todo si provienen de algún “maestro” o líder espiritual.
Considero que esto es lo que está pasando con respecto al tema de sacrifico animal, cargado con el discurso manipulado y caprichoso, que busca convencer desde el argumento de lo humanitario, justificándose en un bagaje de tradición. Pero hay que analizar esta cuestión que considero de relevancia, ya que el satanismo desde sus inicios busca erradicar el perjuicio y los tabús, pero sobre todo los estereotipos y actos aberrantes derivados de los mismos.
Como satanistas es entendible que nos mantengamos en la búsqueda constante del significado de las cosas, intentando en mayor medida tener un marco teórico. El argumento para los que defienden el sacrificio animal es: “El fin último de ese sacrifico es el de alimentarse y aprovecharlo de una mejor manera al utilizarlo en las practicas mágicas, sumado a que el practicante podrá decidir de qué manera le dará un fin a la vida del animal sacrificado, logrando de esta manera ser más humanitarios, con la ventaja que se pondrán aprovechar más partes o la totalidad del animal. Adicional a que además de que de cualquier forma, si no lo utilizamos nosotros los grandes corporativos lo terminaran utilizando para comercializarlos en alimento procesado; lo que imposibilita incorporar principios veganos”.
Entonces se debe partir del análisis de los pilares fundamentales sobre los que se construyó el satanismo; el primero sería utilizar la imagen de Satanás ya sea como arquetipo o entidad, el segundo es la responsabilidad; respeto a la libertad del individuo, la compasión, desarrollar y compartir conocimiento. Estos principios derivados en gran medida del hastío que provoco la hegemonía y opresión cristiana, ergo el satanista está en contra del cristianismo.
En este momento podemos hablar de las dos grandes premisas del practicante satanista, el teísta y el ateísta. Si el practicante es ateísta la conversación va a ser rápida, el satanista ateísta busca erradicar los regímenes dogmáticos y totalitarios, ya que queremos escapar del hechizo de la falta de razón. Por tanto el sacrifico animal no tendría cabida, ya que al tener como finalidad rendir tributo a una deidad, en el ateísmo se tiene la postura o la convicción de que no existe ningún dios o ser supremo; sumado a que, niega la verdad de toda fe o creencia relacionada con seres divinos, sobrenaturales o doctrinas basadas en su existencia. Pero, aquí se podría argumentar, “Yo soy mi propio Dios, y deseo celebrar la vida llenando mi mesa de alimentos”, para este punto ya comenzamos a ver un escueto entendimiento de qué es el satanismo. El satanismo respeta la vida, es más, me atrevo a decir que celebra la vida; el practicante secular que estudia el satanismo, si se percibe o se enaltece como propio Dios, debe considerar su voluntad y respetar la voluntad de otros seres vivos.
El sacrificio animal implica quitar la vida de otro ser sintiente. Si uno busca fortalecer su voluntad, ¿No sería más coherente hacerlo sin causar daño a otros?
El humanismo satánico promueve la compasión y la empatía hacia todas las criaturas. Sacrificar un animal va en contra de estos principios. Para fortalecer la voluntad no debería requerir la muerte o el sufrimiento de otros seres. En cambio, esto podría lograrse a través de la introspección, la autodisciplina y el crecimiento personal.
Si uno busca fortalecer su voluntad, hay muchas alternativas que no implican dañar a otros. La meditación, la autoexploración, la superación de desafíos personales y la adquisición de conocimientos son formas efectivas de fortalecerse sin recurrir al sacrificio. Incluso la práctica del sacrificio podría ser sustituida por psicodrama.
Ahora ¿Cómo sería la conversación si el practicante es teísta? para comenzar podríamos deducir que tienen un objeto de devoción; un ser supremo que rige el cosmos por medio de sus atributos y que interactúa con el mundo a través de sus creyentes, dígase Dios, entidad, “fuerza esotérica” a la cual tiene la impetuosa necesidad de rendirle tributo.
Categóricamente no hay un fundamento histórico surgido desde el mismo satanismo, que pueda dar soporte a la idea del sacrificio animal. La creencia de que en el satanismo se hacían rituales que involucran el sacrificio animal provienen de la misma religión cristiana, esto se popularizó cuando se inventó la imprenta, ya que se podían desarrollar grimorios con esta deformación del satanismo y replicarlos rápidamente.
La religión cristina y su Dios fue creada a imagen y semejanza del hombre, con todo lo que conlleva (miedo e ignorancia y en este caso), la deformación del satanismo vine de su cosmovisión en donde la muerte es el fin y el culto en sí mismo, en el cual, se tiene un ser trascendente castigador que nos vigila todo el tiempo y que busca anular el concepto de la responsabilidad. Su misma mitología lo demuestra. ¿Que no la crucifixión de Jesús fue un sacrificio humano, visto como necesaria para borrar el pecado original?
El chivo y cargado de pecados (chivo expiatorio), es por completo la antítesis del satanismo, librarte de la responsabilidad y verterla en un ser, no es más que una proyección psicológica, que fácilmente puede ser subsanada con otras prácticas más enriquecedoras que si contribuyan con el fortalecimiento de la voluntad, desconectándolo de la moral cristina y el dogma que la acompaña, ya que recordemos que el fin primero del satanismo es la negación del cristianismo.
Hay que ser cuidadosos con la bondad, o lo que creemos bondadoso, ya que fácilmente se institucionaliza y vuelve al líder dueño de la verdad, anqué esta provenga de una idea maniqueísta y peor aún si busca ser castigadora o hacernos sentir culpa. Este es el caso de la idea que el único camino para la liberación es la del ritual, porque en ese momento controlamos y demarcamos nuestro dominio, entonces la elección la tenemos desde antes, en el momento que comenzamos a incorporar ideas a nuestro sistema de pensamiento, ese momento es donde el mago demuestra sabiduría.
Al estar fanatizado difícilmente se encuentra las falacias, se asumen las peticiones de principio, e incluso se dejan de contemplar cuestiones como la sustentabilidad. Considero que lo que está ocurriendo es la apropiación y propagación de dogmas a través de la manipulación de sabiduría descuartizada, desmembrando el sistema de conocimiento filosófico, metafísico y las mismas bases del satanismo, donde se le quiere convertir en un “producto” más atractivo.
Definitivamente una construcción de argumentos totalmente cristiana, justificándose en una redención al manipular el discurso, cuestión que al único que beneficia es al líder, ya que recibe adoración, encarnando el paraíso cristiano. Fundamentar el sacrificio animal en estos argumentos sólo provoca que se arraigue cada vez más ese esquema religioso, el cual atenta contra la integridad, libertad, dignidad y autonomía de los practicantes.
Al final a través de la deformación de ideas, se mantienen a las comunidades generadoras del conocimiento bajo los estereotipos y así se manipula la cosmovisión, es más, diría que se crean cosmovisiones a modo. Es momento de retirar la etiqueta de satanismo a lo que no es satanismo, o que no podría formar parte del ser satánico.