Por: Esteban Barquera – Primus Draconis
Se dice que como satanista lo peor que te puede pasar es toparte y lidiar con un estúpido; pero yo creo que como satanista lo peor que te puede pasar es ser un estúpido. Es probable que, si sólo lo digo así, parezca ser ambiguo o se preste a interpretaciones. Así que primero definamos la estupidez de la que yo hablo:
La estupidez puede entenderse como una falta de discernimiento o habilidad para tomar decisiones racionales, resultando en acciones o comportamientos que carecen de lógica o sentido práctico. Esta falta de capacidad para evaluar adecuadamente las situaciones y actuar en consecuencia puede manifestarse en la incapacidad para comprender las repercusiones de las propias acciones en relación con los demás, así como en una tendencia a desaprovechar oportunidades o generar pérdidas, tanto para uno mismo como para otros individuos o grupos. Por lo tanto, una persona estúpida es quien genera una situación, que de entrada no era provechosa y que termina dañando a otros y/o a el mismo, es la capacidad de empeorarlo todo.
En cada uno de nosotros hay estupidez, y es más estúpido el que piensa que sólo los otros son estúpidos. También es importante hacer la diferenciación de que inteligencia per se, no es lo contrario a estupidez, y esto lo podemos comprobar cuando se suman personas con estas características, mientras que múltiples personas estúpidas se amalgaman de una manera casi inevitable y el efecto de sus actos crece exponencialmente, por otro lado, la inteligencia y la suma de las mismas, requiere coordinación y una gran organización, además que su efecto podría contrarrestar la estupidez, pero ni de cerca en la misma proporción.
Entonces, para este momento podemos concluir que, para no ser estúpido, no basta con ser inteligente, culto, o sabio. Las personas inteligentes pueden caer en la trampa de creer que su capacidad intelectual las hace invulnerables o que los éxitos previos pueden alimentar una sensación de omnisciencia u omnipotencia, lo que les impide ver las consecuencias reales de sus acciones.
Y muchos se confían por métricas como las que arrojan las pruebas de CI (coeficiente intelectual), las cuales evalúan principalmente la inteligencia analítica, que se centra en patrones y resolución de problemas. Sin embargo, la inteligencia humana abarca más que eso; también incluye la inteligencia creativa (para enfrentar situaciones nuevas) y la inteligencia práctica (para la acción). A menudo, el sistema educativo se enfoca en la inteligencia analítica, pero ignoramos otros aspectos importantes como que las decisiones que tomamos dependen tanto de nuestra inteligencia, valores, dominio emocional y la influencia de los demás.
Como satanista somos adversarios natos de múltiples cuestiones e ideologías, considero que esto se debe a que tenemos un fuerte sentido de justicia y búsqueda del libre desarrollo del individuo y la falta o incapacidad para tomar decisiones racionales para alcanzar dicha justicia, puede llevar a una tendencia a simplificar en exceso las diferencias ideológicas y a recurrir a prejuicios o estereotipos en la formación de opiniones sobre los demás. Esto puede llevar a una visión simplista del mundo y de aquellos que tienen opiniones diferentes, en lugar de buscar un entendimiento más profundo o un diálogo constructivo.
Para ello, como elegimos a nuestro adversario se vuelve importante, y que, si bien esta elección es multifactorial, explorar diversas dimensiones sociales, psicológicas, culturales e incluso de utilización de energía psíquica; al no dejarnos llevar por el momento nos permite hacer la elección de manera consiente.
¿Pero qué pasa cuando no hay una elección de por medio y simplemente nos entregamos a nuestras punciones, permitiendo que nos perturben las opiniones, las situaciones o incluso las ideologías que no concuerdan con las nuestras? Claramente esta perturbación demuestra que al final el adversario lo rebajamos a un mero catalizador de la opinión que tenemos de nosotros mismos.
A esto se le llama proyección, y se le conoce así, ya que a menudo, las personas “proyectan” sus propias inseguridades, miedos, comportamientos no deseados, sentimientos, deseos o características que les resultan inaceptables, difíciles de manejar, conflictos internos o emociones no resueltas.
En un mundo donde la interconexión digital ha diluido las fronteras físicas y ha dado voz a millones de personas, la confrontación parece ser moneda corriente. Las redes sociales, en particular, han amplificado este fenómeno, ofreciendo una plataforma donde las opiniones chocan constantemente, a menudo con resultados improductivos.
Uno de los errores más comunes que cometemos es sobreestimar la relevancia de nuestras disputas, en un mar de publicaciones efímeras y debates interminables, la mayoría de las confrontaciones terminan olvidadas en cuestión de días, si no de horas. Gastar recursos mentales y emocionales en discusiones que no aportan valor real a nuestras vidas es como regar un jardín imaginario. El impulso de participar en discusiones estériles en muchas ocasiones se alimenta del ego. Nos aferramos a nuestras opiniones como si fueran extensiones de nosotros mismos, y percibimos cualquier desafío como un ataque personal.
Sun Tzu, el célebre estratega militar, dijo: «La mejor victoria es vencer sin combatir». Esta sabiduría milenaria puede aplicarse fácilmente a la era digital. Elegir sabiamente nuestras batallas implica discernir entre las disputas que realmente importan y aquellas que son simplemente “ruido de fondo”. En lugar de luchar contra cualquier persona que cruce nuestro camino en línea, debemos reservar nuestra energía para debates significativos, donde haya una oportunidad real de aprendizaje mutuo o progreso.
Entonces ¿Cómo elegir a nuestros adversarios y batallas?
Maquiavelo enfatiza la importancia de la astucia y la prudencia en la toma de decisiones estratégicas y sugiere que es esencial evaluar cuidadosamente la situación y determinar cuáles son los enfrentamientos que valen la pena. El Príncipe debe ser capaz de diferenciar entre los conflictos que pueden conducir a resultados beneficiosos para su gobierno y aquellos que sólo traerán dificultades innecesarias. Advirtiéndonos que la imprudencia y la arrogancia pueden ser los principales culpables de hacernos caer en estos conflictos que sólo nos alejaran de nuestros objetivos y engrandecimiento personal.
Entonces propongo una manera de elegir mejor nuestras batallas y adversarios, utilizando el ingenio, la amabilidad y humor, lo que conllevara a fortalecer nuestro carácter:
El ingenio implica la capacidad de pensar de manera rápida y creativa, así como de encontrar soluciones inteligentes a los desafíos que se presentan. Al cultivar el ingenio; las personas podemos encontrar enfoques más astutos y efectivos para resolver conflictos y evitar caer en confrontaciones inútiles. En lugar de reaccionar impulsivamente ante provocaciones o críticas, el ingenio permite a las personas responder de manera reflexiva y estratégica, pero sobre todo centramos la resolución de la problemática en nosotros y lo que está bajo nuestro control o responsabilidad.
La amabilidad implica tratar a los demás con compasión, empatía y respeto. Al adoptar una actitud amable hacia los demás, las personas pueden reducir la hostilidad y la animosidad en las interacciones cotidianas. La amabilidad fomenta un ambiente de cooperación y entendimiento mutuo, lo ayuda a prevenir conflictos antes de que escalen ya que abandonamos la terquedad que no nos permitía avanzar.
El humor tiene el poder de desarmar situaciones tensas y difundir la hostilidad. Utilizar el humor de manera adecuada puede ayudar a aliviar la tensión en momentos de conflicto y facilitar la comunicación efectiva. Además, el humor puede ayudar a las personas a no tomarse demasiado en serio a sí mismas, lo que puede disminuir la susceptibilidad a la auto estupidez y la tendencia a involucrarse en disputas triviales, además de ser acompañado por la risa el cual es un gesto universal y muy poderoso para romper con situaciones y momentos que se encontraban atascados.
En conjunto, el ingenio, la amabilidad y el humor pueden proporcionar un enfoque más equilibrado, para elegir nuestras batallas y a nuestros adversarios. Al cultivar estas cualidades, las personas pueden desarrollar una mayor autoconciencia y resistencia emocional, lo que puede ayudarles a resistir la tentación de caer en comportamientos autodestructivos o impulsivos, lo que es muestra de un carácter bien trabajado y fortalecido.
Definiendo el carácter como la capacidad de controlar el temperamento. El no poder resistirse a compararse y confrontase con necios sin fundamentos, es muestra de falta de control. El adversario que elegimos tiene las proporciones y magnitud, que nosotros le hayamos dado.