Por: Atfarkos – Defensoru Luciferiu

El Satanista le arrebata su trono al viejo dios para colocarse él mismo en su lugar, con este acto no sólo se libera de las cadenas de los dogmas totalitarios que limitaban el ejercicio de su voluntad, ¡Ahora se da el mismo el permiso de moldear la realidad en incontables combinaciones, de impartir valores y virtudes sobre todas las cosas, de ejercer la justicia y asignar el derecho!. Ha pasado de ser obediente a ser creador.
Para la religión de la mayoría la obediencia es un pilar fundamental en la práctica de la fe, es bien sabido por todos los Satanistas que la religión de la mayoría aborrece cualquier manifestación del ego, señalando que para el egoísta no hay más que desgracia y desdicha. Para el que sigue la religión de la mayoría su propio ego se opone al llamado más elevado y santo, desdichado aquel que atiende sus propias pasiones y sus propios deseos pues no hace más que extraviarse del camino verdadero que el viejo dios ha dibujado. Antes que nada, el practicante de la religión de la mayoría debe negarse él mismo, tomar la cruz y seguir al viejo dios a donde le ordene.
El egoísmo es una manifestación del pecado original (ellos afirman). La serpiente en el edén fue muy persuasiva cuando le dijo a la primera pareja que serían iguales al viejo dios si comían de aquel fruto. Pero ese viejo dios es celoso, y cualquiera que osara igualar su voluntad con la de él será arrojado al infierno. Esta enseñanza llama a los seguidores de la religión de la mayoría, que en lugar de buscar la gratificación personal y la exaltación, deben poner al viejo dios en primer lugar. Finalmente, renuncian al egoísmo, enterrándolo bajo una fachada de humildad de la que se sirve la autoridad para asegurar la obediencia de esos que los Satanistas sabemos que son pobres de espíritu. La muerte espiritual implica dejar de lado el ego y permitir que otro moldee el propio carácter, no extraña entonces que los pobres de espíritu busquen constantemente asemejarse al hijo bastardo del viejo dios.
Uno de los sacerdotes dominicos más influyentes del siglo XIV, Eckhart de Hochheim, maestro en la Universidad de París, fue uno de los más empeñados con la enseñanza de que la obediencia es la “virtud por sobre todas las virtudes”, en sus palabras:

“La obediencia verdadera y perfecta es una virtud por sobre todas las virtudes y sin ella no puede haber, ni ser realizada, ninguna obra por grande que sea”
–Eckhart de Hochheim –
La religión de la mayoría ha intentado que aceptemos su concepto de “lo bueno y lo malo” como universal, dándole al viejo dios el atributo de ser “absolutamente bueno” por más cambiante y endeble que haya demostrado ser a lo largo de toda la historia. Entonces, uno no debe querer nada para sí, y dejar que el viejo dios quiera en nuestro lugar. El individuo se despoja de su propia voluntad para que así sea absolutamente obediente a la voluntad del viejo dios, para la religión de la mayoría el ego no solo sobra sino que estorba. Desde esta postura es que los Satanistas señalamos como esclavos obedientes a los seguidores del viejo dios, de todos modos, ellos no podrían negarlo.
«La verdadera obediencia no debe saber nada de <Yo quiero> pues es un verdadero veneno para toda obediencia.«
– Eckhart de Hochheim –
¿Si la obediencia consiste en el hacer según la voluntad de un tercero, en quien recae la responsabilidad de dicho acto?. La respuesta de la religión de la mayoría es un tanto ambigua, siempre y cuando convenga a su ideología sobre el ser “absolutamente bueno” sería responsabilidad del individuo o sería acto de la voluntad divina. Pero un análisis más maduro del psicólogo Stanley Milgram, luego de la realización de su polémico experimento reflexiona que la esencia de la obediencia consiste en que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otro, por lo que no se considera a sí mismo responsable de sus actos.

Experimento de Stanley Milgram – Obedience to authority (1974)
De forma breve, el experimento consistió en que el sujeto de prueba seguiría las órdenes del investigador quien le daría instrucciones para suministrar descargas eléctricas a un actor en la habitación contigua según respondiera incorrectamente a una serie de preguntas, también sugiriéndole al sujeto aumentar la potencia de las descargas eléctricas conforme se equivocara repetidas veces.
Los resultados fueron devastadores, el 65% de los sujetos de prueba llegó a administrar el voltaje máximo de 450 voltios a los actores, incluso llegaron a creer que habían acabado con la vida de la persona. Una de las conclusiones del psicólogo es que las personas no tienen ningún sentido de responsabilidad sobre el daño que estaban provocando cuando una figura de autoridad es la que les ordena ejecutar acciones. El sujeto al despojarse de su voluntad, dejando que la voluntad del investigador actúe por él (similar a lo que Eckhart nos sugiere que hagamos con la voluntad del viejo dios), también se despoja de toda convicción ética y moral que el propio ego le pudiera sugerir a través de la razón.
No está de más apuntar que el Satanismo hace especial hincapié en la importancia de la responsabilidad para el responsable, las acciones de aquel que actúa de forma obediente carecen de responsabilidad, así es, un <Buen Cristiano> difícilmente podría ser responsable. Milgram nos da un arrasador ejemplo sobre este fenómeno citando el caso de Adolf Eichmann quien era funcionario para el Tercer Reich encargado de los trenes que partían cargados de prisioneros hacia los campos de concentración, señalando que Adolf no era diferente a ningún ciudadano común y corriente que bajo una figura de autoridad se podría deslindar fácilmente de toda responsabilidad: “solo cumplía órdenes. No perseguí a los judíos con avidez ni placer. Fue el Gobierno quien lo hizo. En todo caso, acuso a los gobernantes de haber abusado de mi obediencia” declaró durante su juicio.
En oposición, un practicante de la Magia Satánica tiene la capacidad de conectar puntos inconexos, de darle forma a lo que no la tiene, de darle vida a lo que estaba muerto por su propia voluntad. Hasta la fecha, la institución que procura el orden religioso ha perseguido fervientemente las prácticas Mágicas que se sirven de la espontaneidad y de la exaltación del ego considerándolas peligrosas. Esto no es de extrañar ya que la práctica de la Magia Satánica desmiente por completo la ideología de que sólo en obediencia se pueden realizar obras virtuosas.
En el pasado, las mujeres que fueron señaladas como Brujas, esas mismas que tenían la capacidad de sanar con forraje y hierbas que recogían de lo salvaje, fueron las precursoras de la medicina moderna. Se le ordenaba a la mujer que cuidara del hogar y de su marido, pero la mujer rebelde y poseída por el espíritu satánico salía al bosque para recoger y experimentar con los elementos de la naturaleza, dejaba que su creatividad se desborde obteniendo así el poder tanto de sanar como de enfermar.
Es bien sabido que la Filosofía Satánica tiene su base en diversos pensadores como lo es Friedrich Nietzsche. En las transformaciones del espíritu en su obra Así Habló Zaratustra cuando el Camello en el medio del desierto se convierte en el León, se enfrenta ferozmente al Gran Dragón quien representa a su mortal enemigo: <Tu Debes>.

“¿Quién es el Gran Dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios? «Tú debes» se llama el Gran Dragón. Pero el espíritu del León dice «yo quiero». «Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!». Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: «todos los valores de las cosas – brillan en mí». «Todos los valores han sido ya creados, y yo soy – todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.”
– Friedrich Nietzsche – Así Hablo Zaratustra –
Desde la Biblia Satánica se tiene bien entendido este antagonismo entre <deber> y <querer>: En el Libro de Lucifer, en las explicaciones sobre la complacencia podemos leer como las necesidades creativas son frustradas cuando la voluntad se somete a la autoridad. El León, con toda su fuerza, no puede resultar victorioso contra el Gran Dragón, pues carece de la capacidad de crear. Es cuando el espíritu alcanza su tercera y última transformación que puede hacerle frente al <deber>, no por la fuerza sino por la creatividad infinita del Niño.
En cuanto se afirma el ego, se manifiesta de la manera más pura y auténtica el espíritu creativo. Todo cuanto moldea con sus manos y dice con su boca es creado para satisfacer sus propias necesidades y no las de un tercero, sea para sanar o enfermar se hace según a su voluntad le place. Es así que la obediencia y la creatividad son pulsiones opuestas, antónimos uno del otro en una lucha constante entre la negación y la afirmación del ego.
El conflicto entre la obediencia y la creatividad revela una dicotomía fundamental en la naturaleza humana. El obediente despojado de voluntad no puede obrar sino es por mandato de un tercero, en oposición la creatividad la cual será una afirmación auténtica del propio ego. De esta manera tiene mucho sentido que a lo largo de la historia las instituciones religiosas han promovido la obediencia como un valor supremo, pues tiene el propósito de limitar la capacidad, y por ende, la libertad del individuo.
Aquellos que practican la Magia Satánica inherentemente desafían el orden establecido. Está más que demostrado que la creatividad es esencial para impulsar el progreso, la innovación y la expansión del potencial humano. Los promotores de la religión de la mayoría todo este tiempo han tenido razón sobre una cosa:
¡Satán es el rey de este mundo!