Por: Esteban Barquera – Primus Draconis
Nunca tuviste poder si fuiste olvidado antes de ser recordado
Buscamos ser estrellas encendidas por nuestra voluntad, pero el autoengaño cuál gravedad nos comprime, con ansias de gloria y de renombre tejemos sueños de inmortalidad, más el eco del olvido nos persigue para susurrar la frágil realidad.
Alienta el ego ser el centro, anhelando ser recordados sin par, más antes de ascender al firmamento, el olvido nos invita a descansar.
¿Qué somos sino polvo y pensar, breves destellos en la oscuridad?
Aun así, en nuestro intento buscamos dejar huella en la eternidad, quizás sea en el olvido el punto final de nuestro destino y que nunca encontremos la causa que la verdad ansía, pues la sombra que ocultamos, si no la liberamos, a nuestro legado no le permitiremos germinar.
Así, en la fugaz luz de nuestra historia, encontramos la semilla de la perpetuidad, pero nunca sabremos si nuestra verdad fue conocida o si fuimos olvidados antes de ser recordados.
Nietzsche, conocido por su crítica radical de los valores tradicionales y su exploración de la naturaleza humana, consideraba que la voluntad de poder era el motor primordial detrás de todas las acciones humanas. Esta voluntad, según él, se extiende más allá del deseo de dominar a otros, abarcando la búsqueda de la autorrealización y la superación personal. En su obra “La Genealogía de la Moral”, en su segundo tratado, en el cual se adentra en el problema general sobre el origen del sentimiento de culpa y de la mala conciencia; es donde el tema de la memoria y el olvido se integran en su análisis y argumentación.
El olvido, para Nietzsche, no es simplemente una falla de la memoria, sino más bien un acto activo de voluntad. En su concepto de olvido afirmativo, sugiere que el individuo elige olvidar ciertas experiencias o aspectos de su vida para liberarse de su peso del pasado y avanzar hacia nuevas posibilidades, abriéndose paso hacia la fuerza de la voluntad que afirman el potencial vital.
Por otro lado, Jung, introdujo el concepto del inconsciente colectivo, una capa profunda de la psique humana que contiene imágenes arquetípicas y patrones / estructuras compartidas entre los miembros de la misma especie. El individuo olvida y recuerda no solo en función de su voluntad consciente, sino también en respuesta a impulsos más profundos en función de sus experiencias personales y trascendentales que influyen en su psique.
El deseo de perdurar y el temor de ser olvidados es anhelo de permanencia, el cual, cuando se desvía de su curso, da lugar al narcisismo. El individuo, temeroso de esto, se envuelve en una armadura de paranoia, buscando aferrarse a una imagen superficial de superioridad, construyendo una identidad artificial, para tratar de protegerse y ocultar su verdadero yo.
En su búsqueda de poder, el individuo suele caer en la trampa del narcisismo y la falsa grandeza; la naturaleza humana y la voluntad de poder, identificaría el fenómeno del narcisismo como una manifestación perniciosa de la voluntad. Desde la perspectiva de Nietzsche, el narcisista busca constantemente afirmar su propia grandeza a expensas de los demás. Se envuelve en una ilusión de superioridad y falsa importancia, buscando constantemente la validación externa para alimentar su frágil ego. Sin embargo, esta búsqueda desesperada de reconocimiento y admiración no surge de una verdadera fortaleza interior, sino de una profunda inseguridad. Para Jung, el narcisismo surge de una identificación excesiva con el ego consciente, el individuo narcisista está atrapado en una relación disfuncional con su propia psique, negando y reprimiendo aspectos importantes de sí mismo.
Sin embargo, el camino hacia la individuación y la plenitud personal requiere la integración completa de todos los aspectos de la psique, incluidos aquellos que son “menos favorables”. Para el individuo narcisista, este proceso de integración puede ser particularmente desafiante, ya que requiere enfrentar la realidad de su propia fragilidad y vulnerabilidad. Sería provechoso que el individuo mire hacia su interior, buscando confrontar sus propias sombras y limitaciones para alcanzar una verdadera autorrealización. Solo entonces puede liberarse de la trampa.
“Quien lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en un monstruo. Y si miras largamente un abismo, el abismo también te mirará a ti”
– Nietzsche