¿El satanismo es una religión? axiomas

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

Más que ser una pregunta que podría parecer improductiva e innecesaria por la naturaleza del mismo satanismo, el cual está relativamente abierto a las practicas espirituales y/o filosóficas del practicante desde su individualidad; genera un problema muy grande, el cual es que no permite desarrollarse bajo axiomas que sirvan para fundamente el mismo satanismo, lo que lo aleja de una definición clara y sólida.

Hacer filosofía es un arte, el arte de la episteme, y como buen arte, se debe tener una tendencia hacia la claridad y conceptos definidos, que permitan eludir la contradicción que surge de la emoción, para inclinarnos hacia la racionalización.

Así que, desde mi visión del satanismo, se tendría que definir las ideas primordiales, y responder preguntas fundamentales, para que a partir de las conclusiones de estas cuestiones se comience a construir una filosofía satánica; y esto nos lleva a una de estas preguntas fundamentales. ¿El satanismo es una religión?

Comencemos definiendo que es una religión. Según Carl Jung para que algo puede ser llamado religión debe contar con tres elementos principales mito, rito y ley (dogma). Generalmente acompañado de una influencia numinosa y sus componentes; como lo sagrado, trascendente y divino, que se soportan en una existencia o efectos dinámicos, no causados por un acto arbitrario, sino que, por el contrario, el efecto se apodera y domina al sujeto humano que sea cual fuere su causa, lo numinoso constituye una condición del sujeto, independiente de su voluntad.

Esto “avalado” en su “pistis”, en la fidelidad (lealtad), la fe y la confianza ante una señalada experiencia de efecto trasformador y el cambio de conciencia que resulta de éste. La conversión de Pablo es evidente testimonio de ello; haciendo que dicha experiencia y sus contenidos se vuelvan sagrados.

Cicerón en su obra “Sobre la naturaleza de los dioses” nos menciona que la palabra religión proviene de “relegere” re leer, y que hacía referencia a las personas que revisaban y releían el saber ritual. También podría insinuando la importancia de la repetición de rituales y prácticas religiosas en la vida, a modo de renacimiento o incluso de perpetuidad, como un vivir en los otros.

También podemos encontrar otras definiciones, como que proviene del latín «religio», que originalmente se usaba para denotar un vínculo o conexión entre los humanos y lo divino, lo sagrado o lo sobrenatural. Lucio Cecilio Firmiano Lactancio en su obra “Instituciones divinas” menciona que “religare”, significa «atar de nuevo» o «ligar», implicando una conexión especial entre los seres humanos y lo divino.

Curiosamente estos dos autores coinciden que la superstición (“superstes” / superviviente) es lo contrario a la religión o a lo religiosos. La religión suele estar asociada con sistemas de creencias organizados, prácticas rituales establecidas, instituciones y comunidades formales. Así como textos sagrados, líderes religiosos reconocidos y una estructura organizativa que guía las creencias y prácticas de sus seguidores.

Por otro lado, la superstición tiende a ser más personal y no está necesariamente ligada a una tradición religiosa organizada. Las supersticiones pueden implicar creencias en la magia, los augurios, la buena o mala suerte, sin necesidad de un marco religioso formal o institucionalizado.

Si lo analizáramos desde una visión como la de Peter L. Berger el cual define la religión como la forma de dar sentido al mundo y proporcionar significado a la experiencia humana. Berger también hablaba sobre la experiencia religiosa, que describía como momentos en los que las personas sienten una conexión profunda con lo divino, lo trascendental o lo sagrado. Estas experiencias pueden manifestarse de diversas formas, como el éxtasis místico y la comunión con lo divino.

Bueno ahora sabemos que una religión es esencialmente un conjunto de prácticas rituales, sustentadas en un mito, que busca ligar con algo externo a nosotros, además de contar con una ortodoxia un dogma y/o una ley, y es acompañado de un acto religioso (manifestaciones de procesos psicológicos universales). El acto religioso implica una conciencia de dependencia absoluta y un sentido de lo divino que trasciende la individualidad humana y que va más allá de la razón y la evidencia empírica.

Si bien el satanismo cuenta con rituales que lo podrían dar cierta identidad, estos provienen de tradiciones paganas, que tenían sus propias estructuras, finalidad y moral, el satanismo las adapta para fines diferentes o propios, con una moral más contemporánea, y con elementos modernos o simbología que se considera actualmente satanista y una ética que se le podría denominar egoista.

Esto en esencia no causa ningún conflicto si se ve de una postura ateísta, ya que se despoja de la idea de lo sagrado para poder reinterpretar y resignificar ritos y ceremonias de manera subjetiva, alejándolos del dogma o ley (profundizaremos en esto más adelante), pero también de lo religioso de esa práctica y lo que podríamos llamar una experiencia religiosa.

El satanismo, en sus diversas formas, se ha desarrollado como una reacción o inversión de las creencias y narrativas religiosas predominantes en las tradiciones abrahámicas, como el cristianismo, el judaísmo y el islam. Estas tradiciones presentan a Satanás como un adversario de Dios y una figura asociada con el mal y la tentación. Mismo que se convierte en arquetipo y se utiliza en el satanismo a manera de evocación cualitativa.

Aunque el satanismo ha adaptado y reinterpretado las figuras y narrativas abrahámicas, su base sigue estando en estas tradiciones. Incluso en esta reinterpretación, el contexto y las características de Satanás aún están arraigados en las tradiciones abrahámicas; esto hace que carezca de una mitología completamente independiente.

Generalmente se construyen estos mitos, sobre todo en religiones teístas, afianzar su ley, re afirmando que algo religioso es inamovible, cuyo fin se centra en la “recompensa” después de la muerte, acompañado de en el mejor de los casos de redención o mínimo “el perdón”; esto denota un sentimiento de inferioridad ya que este perdón debe provenir de alguien superior, el Dios hostil, el que odia la vida.

Cosa que rompe totalmente con distintos principios que se consideran satanistas, uno es el percibirnos como nuestro propio dios y esta afirmación rebasa la egolatría, ya que está más dirigida al desarrollo personal desde la libertad de decisión, libre de coacción y que abraza la responsabilidad de sus actos; reconociéndose como un ser perfectible, con la necesidad o tendencia a su individuación, que al final somos dispensables y que al universo no le importamos un carajo. Así que esto es más un rasgo de la personalidad y no el camino a desarrollo mitológico, que, a la dantesca, nos invite a un viaje por el infierno interior.

Ahora hablemos del dogma y/o ley. El libro de satán dice “Ninguna vetusta falsedad será para mí una verdad; ningún dogma sofocante entorpecerá mi pluma”, el satanismo contempla y evalúa los fenómenos sociales como motor adaptativo intrínseco al ser humano, por ende, algo como un dogma es más una practicidad y no una ley, el satanista lleva casi grabada con fuego “poner en duda todas las cosas, incluso al propio satanismo”. Esto no habla de una conducta caprichosa, que, desde el gusto personal, se piense que el mundo va a ser como queramos, es mas una forma de decir que se tiene la libertad de elegir entre las alternativas disponibles, regocijándonos en lo que somos realmente, deseo carnal.

Al final este rechazo tan tájate a la división de nosotros, se debe a la intrínseca antítesis del satanismo con el cristianismo y su herencia Judaica, que institucionalizaron la religión y desarrollaron los principios bajo los que se rige, y cuya institucionalización está centrada en un adoctrinamiento, que nos mantiene viviendo en culpa, “buscando caminos espirituales… que azoten nuestra cascara corporal”.

Esto tiene el costo de orillarnos a vivir sintiéndonos miserables, con sentimiento de incompletud; obligándonos a anular el pensamiento crítico, cuestión que también es de sumo interés desarrollar para el satanista. Enfáticamente, el desarrollo del pensamiento crítico es importante ya que, a través de el podemos fracturar las estructuras de poder y liberarnos de las restricciones impuestas por las normas sociales, ya que el dogma en su forma institucionalizada, a menudo tiende a canalizar el deseo humano hacia sistemas de creencias y prácticas que pueden limitar la autonomía, el satanista, se inclina a abogar por una comprensión más plural y descentralizada de la “espiritualidad”, que permitiera la expresión creativa y diversa del deseo humano sin imposiciones.

Si hablamos de lo sagrado, podemos encontrar en la biblia satánica, en el libro de satán, la siguiente afirmación. “Ningún credo debe ser aceptado como imposición de la autoridad de una naturaleza divina. Las religiones deben ser puestas en duda. Ningún dogma moral debe ser aceptado dado por hecho; ningún patrón de medida debe ser deificado. En los códigos morales no hay nada inherentemente sagrado. Al igual que los ídolos de madera de tiempos remotos, son obras de manos humanas, ¡y lo que el hombre ha hecho puede destruirlo!”.

Así que «…el sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas, es decir, separadas, prohibidas, creencias y prácticas que unen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia, a todos los que se adhieren a ellas» y que deriva en una religión que nos describe Émile Durkheim, no podría cumplirse dentro del satanismo ya que nuestra práctica y construcción de la misma es individual, al igual que nuestros deseos y causas.

Aquí es donde se suele argumentar que puede existir algo como un “dogma personal”, que a mi parecer es una salida ante una “disonancia cognitiva”, signo de que nos cuesta desapegarnos de nuestras ideas pre construidas, justo en este acto irracional es cuando el fanatismo se manifiesta o mínimo nos aísla en conclusiones subjetivas.

Otra de las cuestiones que valora el satanismo es él jamás postrase ante una figura, entidad, naturaleza divina, energía sobrenatural; hacer esto es someter nuestra voluntad a algo más. El concepto de “proskuneo”, que denota la acción de postrarse en adoración o reverencia, se encuentra en contraposición directa con los principios satánicos ya sea física o metafóricamente hablando.

Teniendo estas posturas claras dentro del satanismo, ya podemos hablar del famoso “religar” atribuido a la religiosidad ya sea la experiencia o como sinónimo de trabajo interno, o trabajo de sombra, que por muy que la queramos utilizar desde la definición ostensiva, no se puede separar de la metafísica que lo acompaña. Además, que creo que ese religar busca ir más profundo, haciendo referencia a que uno debe encajar con lo que busca ligarse, así que debe ir acompañado de una carga moral.

El satanista vive en constante estado de justicia y búsqueda de la verdad; digamos un estado de inocencia que como diría Nietzsche “nos coloca mas haya del bien y del mal”, ya que la libertad no se puede conseguir apelando moral de lo que nos oprime, tenemos que conformar nuestra propia moral que nos permite salir de la ilusión hipócrita.

Esto para nada es una invitación a ir fuera de la ley, pero si es una invitación para encontrar nuestras propias metas construido desde un ego sano, integrando todo lo que nos constituye como personas, eliminado el juicio como enemigo del auto conocimiento. ¿Qué acaso esa no era la finalidad de matar a Dios, evitar vivir de manera indiferente, creando la propia individualidad?

En este sentido, mientras el satanismo pueda incorporar ciertos elementos rituales, su enfoque en la exaltación del individuo, la libertad personal y el escepticismo hacia las nociones tradicionales de divinidad y moralidad; el satanismo está encaminado a ser una postura política, un sistema de creencias y una filosofía con perspectiva ético ontológica.  

La ausencia de creencias metafísicas o trascendentes, así como la falta de un vínculo devocional con una entidad divina, dificultan considerar al satanismo como una religión en el sentido convencional del término; aunque utilice ciertos aspectos ceremoniales de tradiciones religiosas para expresar sus ideas.

John Archibald Wheller decía que “el universo no existe ahí afuera, independiente de nosotros. Estamos irremediablemente implicados en provocar lo que parece que sucede, no somos solo observadores, somos participes”, el satanista no es persona de fe, es persona de acto, es creator non creatio.

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