“Fay çe que vouldras” – ¡Que se haga mi voluntad!

Por: Esteban Barquera – Primus Draconis

Los satanistas solemos afirmar que buscamos o estamos en camino a convertirnos en “nuestro propio Dios”; pero, ¿de dónde proviene, que significa y que implica esta declaración, sentencia o meta?

En la Biblia Satánica de Anton Szandor LaVey, en el libro de Satán. Podemos encontrar uno de los principios centrales de la filosofía del satanismo LaVeyano que es que cada persona es responsable de su propio “destino” / decisiones. Esto se plantea en varias partes del texto, especialmente en los capítulos que discuten la naturaleza del ser humano y la importancia de la autodeificación proporcionando un sentido de coherencia y una acción rectora, derramándose esta idea hasta la práctica mágica / ritual, haciendo énfasis en una práctica que permita el aprovechamiento total de la voluntad.

La autodeificación es el acto de reconocer la divinidad dentro de uno mismo. Esto no implica creer literalmente en la divinidad, sino más bien un reconocimiento simbólico del poder y potencial del individuo, dando vida a un dios transformado, carnal, que disfruta su carnalidad y que busca alejarse de ese Dios que representa la inacción, la quietud; en cambio, el satanista forma su ética, asume su responsabilidad, desarrolla su empatía; se construye es “la duración”, y la convierte en la celebración del ego.

El satanista confía en sí mismo, sus intuiciones y en su capacidad para tomar decisiones, moldear la propia vida, en lugar de buscar ayuda o respuestas en fuerzas externas; viéndose a sí mismo como su “propio redentor”, no hay excusas ni culpas externas, el individuo es responsable de su éxito y sus fracasos. «En lugar de seguir ciegamente a un dios, el satanista sigue sus propias pasiones y deseos».

Esta confianza en la autonomía resuena con la idea de que la vida es una continuidad e indivisible flujo, una experiencia temporal que no puede ser fragmentada en momentos fijos y aislados. El satanista reconoce que la vida y la conciencia son un todo unificado, que trasciende las estructuras simbólicas e intelectivas. Al vivir plenamente en el presente, sin depender de justificaciones externas, el satanista experimenta la vida de manera directa y auténtica, abrazando la continuidad de su existencia. Es un olvido constante para mantenernos en una creación perpetua, dinámica transformativa, no nos detenemos en instantes ya que esto requiere volverse una divinidad perfecta y estática, nosotros somos devenir o como diría Bergson “Un ser consciente existe gracias a que cambiar, cambiar significa madurar, madurar significa crearse indefinidamente a sí mismo”.

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