Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán
“No hay lugar para el temor, ni para la esperanza. Solo cabe buscar nuevas armas” _ Guilles Deleuze

Esta película del 2018 destaca por su impresionante cinematografía a cargo de Pawel Pogorzelski. La dirección de Ari Aster utiliza de manera efectiva los encuadres y la iluminación para crear una atmósfera inmersiva en las emociones de los personajes y sus vivencias. Las tomas largas y los planos secuencia contribuyen a la sensación de que algo siniestro acecha o los observa constantemente a los personajes.
Bien podría llamarse en español “psicosis compartida”, en la que se nos cuenta la historia de la familia Graham, la cual comienza a vivir eventos paranormales después de la muerte de la abuela de Charlie. Utilizando un amplio uso de símbolos y una impactante exploración de la psicología y mecanismos detrás del trauma, que tratan de explicar y mostrar cómo los secretos familiares se transmiten de una generación a otra, y aunque no se tenga participación directa en esas dinámicas, afectan a todos los integrantes de la familia.
Debido a esto, la película se sumerge en la psicología de los personajes, especialmente en Annie. Otros subtemas que vamos a encontrar son el de la manipulación, el duelo, el estrés postraumático y la neurodivergencia de manera intensa. El espectador se ve atrapado en la confusión y la desesperación, mientras se desentrañan oscuros secretos.
Para lograr comunicarnos todos estos elementos se utilizan los símbolos, pero también referencias mitológicas y folclore pagano; así que se muestran invocaciones, evocaciones, posesiones, sacrificio, ceremonias y los rituales se entrelazan a lo largo de la película. Debido a todos estos elementos, la historia toma un giro, posicionando al demonio Paimon como el protagonista, pero esto de manera sutil, con continuas referencias que se hacen hacia este personaje.
Uno de estos símbolos es el de la corona que, si bien es un símbolo ampliamente utilizado y de los más antiguos, incluso nos podemos remontar a Egipto. La corona de Paimon proviene de la Ars Goetia (Llave Menor de Salomón), ya que esta es la representación de la jerarquía y sabiduría del demonio Paimon; aunque sí debo hacer una mención especial a la corona de Osiris, a la que se le colocaron cuernos que simbolizaban la divinidad, pero también que había algo oculto. Este último significado también lo encontramos en la corona o tocado de las representaciones de Amón.
Paimon también suele ser representado con el oro, ya que este simboliza el poder sobre otros. En el contexto del Ars Goetia, estos otros son demonios, así que es una manera de recalcar una jerarquía mayor. Por eso, en la ceremonia representada en la película se arrojan monedas; el que sean monedas primero es literalmente un tributo al demonio, pero el símbolo del tributo tiene relación directa al símbolo de la entrega o liberarse de algo importante para obtener algo igual de importante. Es una síntesis de la experiencia mística y el intercambio que proviene de ella. Recordemos que los dioses y los demonios solo pueden vivir la experiencia humana que tanto anhelan a través de nosotros. También lo podemos analizar desde la simbología herética; se suele relacionar a la traición de Judas (del hebreo Yehudah, que significa “alabado” o “digno de alabanza”) Iscariote al Cristo.
Otra de las maneras de señalar la presencia de Paimon es con su sigilo, solo que en la película utilizan una versión alternativa del mismo y lo podemos ver claramente en tres momentos: en el funeral de la abuela lo porta en forma de collar, en el poste en donde se decapita Charlie y en la portada de un libro. Es probable que haya más ocultos.
El plan de nuestro protagonista es muy sencillo: romper el círculo familiar. Para esto, atrapa a la familia de Annie en una espiral de horror y locura, incluso juega con la confianza entre ellos. Por eso hizo que pareciera que Annie iba a matar a sus hijos. Así, Peter se quedaría solo, y como el demonio sabe que lo único que lo podría proteger era su familia, sin ellos sería presa fácil.
Un tema recurrente en la película es la instrumentalización de la familia, llevándolo al extremo la abuela, que veía a los cuerpos como objetos para tributar u ocupar como recipientes según las necesidades del culto. Esto lo asocio cuando las personas son egoístas y solo les interesa obtener un beneficio físico o emocional, así que coaccionan o chantajean a alguien para dar amor o atención. Esto es muy bien representado por el demonio.
Es muy notorio que la abuela tiene preferencia por las personas masculinas o, dicho de otro modo, descontento de las figuras femeninas de su familia. Esto nos habla de la profunda devoción al demonio y a los requisitos del culto, que, si bien lo habían intentado practicar sus ritos con mujeres como tributo, los resultados no eran los más óptimos.
De hecho, en una parte el hermano de Annie ya había dicho que su madre había intentado meter espíritus en su cuerpo y por eso se quitó la vida. Aquí se podría decir que se aborda el tema de las verdades que evitamos ver y las mentiras de las que nos convencemos.
Además del sigilo, una forma de denotar la presencia del demonio es la luz (destellos que acompañan a los personajes). El detalle de la luz es importante, ya que nos indica que hay un plan detrás de cada momento, haciendo referencia de forma herética al plan de Dios, y que incluso su luz puede ser corrompida por el rey Paimon, ya que él tiene la paciencia y el tiempo de su lado, ya que el infierno es atemporal.
También hay frecuentemente referencias al ir al noroeste, que es por donde llega Paimon. Es aquí donde la banda sonora entra en juego, ya que frecuentemente escucharemos platillos y, dependiendo la parte de la película, rugidos y al final trompetas. Esto es una referencia directa a las Clavículas Menores de Salomón, en donde se menciona que la llegada de Paimon está acompañada por címbalos, su rugir y será recibido por trompetas. Al cumplirse todos estos elementos, es como decirnos que “el demonio se ha manifestado”.
Un tema muy interesante son las decapitaciones. Recapitulando, hablo de la abuela, la niña, la madre, insertando una vez más un símbolo herético: la trinidad, en su forma más sanguinaria. Recordemos que el padre es pasado: todo lo que tuvo que ocurrir para que pasara ese momento; el hijo es el futuro: todo lo que podría ser y será; y el espíritu santo es la propiedad inmaterial traducida como el momento que se une el padre y el hijo. Podemos ver que esto siempre fue parte del plan, ya que desde la representación del demonio Paimon en el libro vemos que él ya tenía la cabeza de las tres mujeres.
Aquí se pone muy rebuscado todo, ya que, como vimos, todo era un plan y los protagonistas son peones del demonio. Pero, analizando toda la película, podemos darnos cuenta de que el tema de la manipulación es el pilar sobre el que se sostiene todo. El director también manipula al espectador todo el tiempo, ya que todo lo vemos como él quiere que lo veamos. Desde el principio se nos hace creer que Charlie está loca y que el demonio está interesado en ella, cuando en realidad el objetivo era su hermano. También pareciera que el esposo de Annie la manipula y se nos hace desconfiar de él. Incluso, en algún momento, todos nos preguntamos: ¿quién sabe desde qué momento la controla?, ya que él fue su médico. Pero estos son solo trucos para mantenernos ocupados creando hipótesis y no ver el gran plan detrás de todo. Dándonos a entender que no vence el malvado, vence el astuto.
Para terminar, me gustaría mencionar que me encanta el detalle de la caja de recuerdos, que considero es una representación simbólica de la caja de Pandora, que generalmente se asocia con la liberación de desgracias. Pero hay un aspecto crucial en ese mito que a menudo se olvida: al fondo de la caja también reside la esperanza. En Hereditary, esta dualidad se refleja en la herencia que los personajes reciben (metafóricamente hablando). No se hereda únicamente una enfermedad, sino una misión, una ideología, una carga simbólica que trasciende generaciones. Estas cuestiones no solo nos afectan, sino que nos persiguen, moldeando nuestras decisiones y nuestro destino. Así, la esperanza y la condena coexisten, atrapadas en la misma caja que representa el legado familiar, y es nuestra decisión qué hacemos con ello.
