Danny Trejo – Las segundas oportunidades son importantes

Por: Esteban Barquera

«Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti
_ Friedrich Nietzsche

«No puedes cambiar a las personas, pero puedes cambiar el sistema para que las personas no sean empujadas a hacer ciertas cosas.» _ Slavoj Žižek

Danny Trejo, no se murió, pero aún así, su supuesta muerte fue lo que inspiró este texto. A este actor es probable que lo conozcas por sus papeles en “Pistolero” o “Machete”. Su rostro es el molde de varios villanos del cine. Esto, lejos de reafirmar un estereotipo, en su inició una ola de cambio en la imagen negativa que se tenía de las personas latinas.

Para quien no lo sepa, este actor tuvo una juventud y niñez sumamente compleja. Proveniente de un entorno violento, estigmatizado y orillado a meterse en problemas desde muy joven, no pudo más que terminar en prisión, donde se dedicó al boxeo, habilidad que le ayudó a adentrarse en el mundo de la actuación.

Sobrevivió a tres de los mundos más inhóspitos y violentos sobre la tierra: la prisión, Hollywood y Estados Unidos. Además, tuvo méritos extras por ser mexicano y no poseer un atractivo físico hegemónico. Esto último seguro le ayudó en prisión y fue determinante para que lo eligieran en la gran mayoría de sus papeles. Además, es un rol que, en sus palabras, él prefiere interpretar, pues le permitía comunicar las consecuencias de venir de un entorno violento.

Con el tiempo, los papeles que fue realizando se volvieron más amplios e incluso más emotivos, lo que le a permitido demostrar otras facetas actorales. Esto, aunado al trabajo social que emprende casi desde el inicio de su carrera, lo colocó no solo como un actor reconocido, sino como un miembro relevante de su comunidad, que lo valoraba a tal grado que instauraron el 31 de enero como el Día de Danny Trejo.

La vida de Danny Trejo es un ejemplo de retribución y un testimonio de lo que puede lograrse cuando una sociedad está dispuesta a ofrecer segundas oportunidades, y ahora que pensé que el había muerto, me hizo reflexionar justo sobre este tema, en función con la época actual, en la que este concepto parece impensable. Las personas están furiosas con todo el mundo, y lo único que parece importarles actualmente es la venganza, no la justicia. Se toman atribuciones que no les corresponden y juzgan, en la gran mayoría de las ocasiones, sin tener la información completa de las circunstancias.

Hoy en día ya no es necesario terminar en prisión para que se desarrolle un estigma o se arruine la vida de una persona. Basta con un momento desafortunado, una persona con celular y una mala decisión para que tu vida dé un vuelco de 180°, e incluso, si se tiene la peor de las suertes, también la de tus familiares, amigos y seres queridos.

Parece que las personas no se dan cuenta de que están robando algo sumamente importante para el ser humano: la oportunidad de aprender de sus errores, de integrar en nosotros el conocimiento que solo se obtiene de nuestras derrotas, debilidades y equivocaciones. Todos estos jueces de redes sociales que, a través del ojo del gran hermano, piensan que están creando una utopía, solo les recuerdo que las utopías siempre se autodestruyen.

Es muy fácil acabar con la vida de una persona desde la comodidad del anonimato, sentado en el sanitario o en el sofá de tu casa. Y es cruel participar en un linchamiento mediático, pero peor aún, físico. Estos ya no son jueces, sino criminales. Me entristece pensar que, si Danny Trejo hubiese nacido en esta época, seguramente se habría preferido destruir su vida antes que permitirle hacer todo el bien que hace, solo para reconfortar la culpa y el resentimiento que carga una sociedad que ya no sabe conectar, no sabe conciliar y no sabe lo que quiere. Le es más fácil robar la oportunidad de mirar con otros ojos, lo que antes una persona no supo ver. Quieren cambiar el mundo, pero el capricho de unos cuantos es la vara con la que miden; pretenden mirar al abismo, pero que el abismo mire a otro.

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