Es curioso como dos de los elementos más utilizados para dar miedo en el cine, son antitéticos: uno, son los encuadres o espacios cerrados y el otro el reflejo en el espejo. Así que esto me hace suponer que tanto el exceso de límites, como romperlos nos angustian. ¿Estaremos destinados a buscar liberarnos de la opresión, y al mismo tiempo vivir con miedo a la liberación? _ Esteban Barquera

Primera parte:
Este es un texto especial, por Samhain y Halloween. Sé que la primera inspiró a la segunda, además de fusionarse con otras celebraciones que fueron componiendo y unificando la festividad moderna. Antes de profundizar en el contexto, quiero aclarar que la parte principal de este ensayo es analizar el “terror”, pero sobre todo tratar de responder la pregunta: ¿por qué las películas de terror dejaron de dar miedo? Lo aclaro para que lo tengan en mente desde el comienzo, ya que el texto se irá inclinando en ese sentido.
Los pueblos celtas, desde hace más de 2500 años, celebraban Samhain como año nuevo, fin del verano y comienzo del invierno. Se creía que el “velo” entre el mundo de los vivos y los muertos se volvía más delgado. Como he comentado en muchas ocasiones, hablar de celebraciones, rituales, conmemoraciones antiguas, etc. Conlleva partir desde su contexto. Hoy, perder una cosecha como agricultor o que comience el invierno no implica el riesgo de perder la vida, como sí ocurría en aquella época.
Había otra festividad dedicada a los muertos, de origen romano: la Lemuria, que se celebraba en mayo. Aunque algunos estudios la vinculan con el «Día de Todos los Santos», esta relación no es directa ni universalmente aceptada. Lo que sí es claro es que la Iglesia cristiana, al observar la popularidad de Samhain, decidió establecer el «Día de Todos los Santos» el 1º de noviembre, probablemente con la intención de sustituir o cristianizar dicha celebración pagana. Así, Samhain fue desplazada simbólicamente por “La víspera de todos los santos”, lo que más adelante daría lugar a lo que hoy conocemos como Halloween.
La utilización del disfraz es tomada de prácticas antiquísimas y ampliamente utilizado en diferentes culturas y pueblos. Según el texto «El Dios de los Brujos» de Margaret Murray, en especial en el capítulo sobre el dios cornudo, las personas del Paleolítico utilizaban pieles de animales y cornamentas como parte de ceremonias religiosas o mágicas. La figura más antigua conocida de una deidad, hallada en la caverna de los Trois Frères en Ariège, representa a un hombre envuelto en la piel de un ciervo y con astas en la cabeza. Esta figura parece estar realizando una danza ritual, rodeado de animales, lo que sugiere que se trataba de un acto ceremonial vinculado a la fertilidad y al aumento de las especies animales. El uso de pieles y cornamentas, tenía un carácter simbólico y religioso, representando al dios encarnado que actuaba como intermediario entre los humanos y las fuerzas naturales.
Además, se menciona que este tipo de atuendo —pieles y cornamentas— se mantuvo como parte del culto al dios cornudo a lo largo de los siglos, incluso en épocas posteriores, como en el caso del “Dorset Ooser”, una máscara cornuda que se llevaba sobre la cabeza junto con una piel de buey, lo que muestra la continuidad de esta práctica ritual —los cuales tomarían relevancia en el imaginario del diablo—. Es curioso como entre diferentes cosmovisiones, coincidían en la utilización de estos elementos, y en la gran mayoría la finalidad era la misma: mezclarse entre los muertos para que estos no los llevaran consigo, o tener una conexión más fuerte con ese mundo espectral. Aclaro que esto tomando el simbolismo ritual, religioso y / o chamanístico, ya que fuera de este contexto las pieles también eran utilizadas para protegerse del frio o camuflarse para la caza.
No crean que en este recorrido he olvidado el surgimiento de las brujas, su cacería e incluso por qué se le conoce como “noche de brujas”, pero considero que ese tema merece su propio artículo.
Después de que los europeos llegaron al Nuevo Mundo, por más que intentaron abandonar tradiciones que consideraban nocivas para sus creencias religiosas, el mismo proceso migratorio impidió que se erradicaran. Aunque en cierta medida sí sufrieron procesos de transformación y adaptación. Una de estas fue la celebración de Halloween. Por ejemplo, la utilización de máscaras, el “truco o trato”, e incluso posteriormente los faroles de nabo o calabaza que se popularizaron desde Irlanda por la leyenda de “Jack el Tacaño”, tomaron la forma que conocemos hoy, junto con leyendas y cuentos como el del “Jinete sin Cabeza” (Sleepy Hollow).
También surgieron nuevas figuras como los poltergeist, los círculos espiritistas e incluso las sociedades secretas. Pero no todo fue bien recibido: algunas prácticas triviales relacionadas con las bromas, con el tiempo, se convirtieron en vandalismo, lo cual era muy problemático en la sociedad a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Sin embargo, el capitalismo, experto en convertir las cosas más nocivas en negocio y ganancias, empezó a crear productos y actividades que mantenían a los niños y jóvenes ocupados, para reducir las acciones que se consideraban perjudiciales.
Todas estas ideas se fueron entretejiendo, y lo que nació con Plinio el Joven desde el 61 a. n. e., más el creciente interés por entender al ser humano —en especial su comportamiento—, se convirtió en literatura gótica como lo escrito por Mary Shelley y su Frankenstein o el moderno Prometeo, Drácula de Bram Stoker, o el trabajo de Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft. No tardaría mucho en que esto se llevara al cine con Le Manoir du Diable (1896), Fausto y Mefistófeles (1926), The Haunting (1963), la primera adaptación de Frankenstein (1910), El Estudiante de Praga (1913), El Gabinete del Doctor Caligari (1920), Nosferatu (1922), entre otras. Coloco estas como pioneras, pero en los años 30´s hubo un gran número de películas representativas del género, e incluso actores que se consolidaron gracias al mismo, como Béla Lugosi o Boris Karloff.
Ya en los años 40´s, veríamos el auge del cine de efectos prácticos, y tenemos como pionero a Jacques Tourneur con Cat People (1942), que a mi parecer marca el comienzo del cine de terror que se terminaría convirtiendo en toda una industria, con el surgimiento de grandes productoras especializadas en el género. Estas seguirían una línea sobrenatural y fantástica, que en algunos momentos sería acompañada con más o menos sangre.
No veríamos un gran cambio de paradigma hasta los años 60, con un director que cambió por completo la industria: Alfred Hitchcock, en especial con Psicosis, inspirada en el caso del asesino Ed Gein, conocido como “El Caminante de Plainfield”. Este no solo inspiró dicha película —de hecho, actualmente puedes encontrar una serie sobre su vida en Netflix—.
Pero regresando a Hitchcock, él inaugura un género que canaliza los males de la época: el eco de guerras pasadas y nuevas, asesinatos de figuras importantes, violencia en las calles, etc. Ya la maldad no provenía de lejos ni de criaturas misteriosas; más bien se sentía como si lo rodeara todo y a todos. La amenaza podía provenir de cualquiera. Se comenzó a ver al humano como el portador de esa maldad y violencia, lo cual fue en crescendo durante los años 70 con joyas como El Exorcista, y los años 80 nos reciben con El Resplandor. Dentro de estas décadas me gustaría dar menciones honoríficas a Los Perros de Paja, Suspiria —que tuvo un remake en 2018—, la serie de películas de Halloween, que junto a la saga Viernes 13 desarrollaron el género slasher.
Ya más entrados en la década de los 80 vimos el surgimiento y popularización del body horror. Este es un nodo importante, y uno al que necesitaba llegar para profundizar en algunos simbolismos generales, como los vampiros o incluso Norman Bates vistiéndose con la piel de su madre: símbolos de parasitar para alimentarse de la energía vital. Podríamos decir que los usurpadores de tumbas hacían algo similar, pero estos personajes sí existieron en la vida real, y lo hacían para conseguir dinero, ya que vendían los cuerpos a los alienistas, quienes estudiaban principalmente la conducta, las enfermedades mentales e incluso la anatomía y el cerebro humano. Antes de que se convirtiera en una disciplina científica, el término se utilizaba para referirse a quienes estudiaban la conducta, y aún hoy se conserva en algunos contextos.
Como pueden ver, la construcción del miedo o terror en el cine ha sido larga, y más aún: diría que continúa en proceso. Lo que sí podemos afirmar con certeza es que el terror es cultural, particular o individual, y también podríamos hablar de un terror universal.
Por ejemplo, el terror cultural sería como el que surgió en Japón tras los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki en 1945, los cuales dejaron una huella profunda en su cultura, reflejada especialmente en el cine, el manga y el anime. Este trauma se canalizó a través de la creación de monstruos, mundos postapocalípticos y narrativas que exploran la destrucción, la mutación y la supervivencia. Pero sobre todo abordan cómo el orden natural de la interacción humana se ve interrumpido y nos lleva a un estado casi salvaje e inhumano. En muchas de estas historias, los humanos llegan a ser peores que los kaijin. El dolor de estas vivencias es tan profundo que, para poder explorarlo y asimilarlo, surgen géneros para mitigarlo como el kawaii, que podría considerarse resultado del mismo acontecimiento histórico.
Los miedos individuales serían fobias o temores adquiridos desde la vivencia subjetiva: miedo a las arañas, a las alturas, a morir ahogado, a que explote un globo, etc. Otro buen ejemplo tiene que ver con cómo las personas aprecian las experiencias religiosas, ya que, según el lugar y la religión dominante, la idea de lo que atemoriza o los símbolos que generan temor varían.
También el cine fue atravesado por la moral religiosa y los valores cristianos. En gran parte esto se debe a que, como vimos anteriormente, muchas de estas obras estaban inspiradas en novelas góticas, habitualmente construidas bajo estos principios. Pero no tardó mucho en surgir un contrapeso casi de manera natural. Así comenzamos a ver más figuras femeninas que sobreviven al final de las películas, también las veremos más como protagonistas. Todo esto proviene de la manifestación de la liberación sexual femenina. Aunque de vez en cuando se verán vestigios de esta moral religiosa, como por ejemplo que las personas que tienen sexo en las películas son las primeras en morir.
Como podemos ver, la construcción del miedo y el terror es más compleja de lo que creemos. Lo que sí es una realidad es que la mayoría de las personas lo sentimos, nos acompaña y nos acompañará durante toda la historia y el futuro de la humanidad, ya que en gran medida es sumamente importante para mantenernos vivos. El problema es que nuestro instinto de supervivencia no entiende ni diferencia entre riesgos físicos inminentes y riesgos latentes o sociales. Esto lo matizaré y explicaré en la segunda parte de este texto.
Seguramente este mismo instinto y procesos biológicos son los que han provocado que, en un entorno seguro —y algunos no tan seguros, pero al menos con riesgo calculado—, el miedo se vuelva seductor y una manera de romper la rutina. Otro elemento fundamental que, en un ambiente controlado, resulta seductor es la incertidumbre, el misterio. El miedo a lo desconocido es uno de los elementos más poderosos, ya que lo que habita en nuestra mente e imaginación puede ser más aterrador que cualquier monstruo salido de la ciencia ficción.
Continuará…