La marca de la bruja

En esta segunda parte del análisis de Temporada de Huracanes, rastreamos la genealogía de esa promesa incumplida: desde la caza de brujas como instrumento político del capitalismo naciente —con Silvia Federici y Flora Tristán como guías— hasta el auge del New Age en sociedades supuestamente estables, pasando por la destrucción de los lazos comunitarios y la soledad estructural que el individualismo moderno produce de manera tan eficiente como inevitable. La bruja no desapareció.

El surgimiento de las espiritualidades modernas puede leerse como una respuesta típica a un orden global que privilegia el bienestar individual, pero que presenta el cambio como un riesgo constante. Este orden señala como amenazas aún mayores prácticas como el ocio, razón por la cual vagabundos y mendigos son percibidos como criminales; o la sexualidad no reproductiva, asociada al placer, que históricamente llevó a considerar los métodos anticonceptivos como maleficios y la autogestión del cuerpo como una forma ilícita de poder.

Entre sequías y huracanes

Temporada de Huracanes no es solo una novela sobre un crimen en un pueblo de Veracruz. Es una radiografía de lo que pasa cuando el Estado es una ausencia o una amenaza, cuando la justicia no llega, y cuando el sufrimiento parece arbitrario e inexplicable. Primera parte de una conversación sobre brujería y los mitos de la modernidad.

Construyendo el terror – Samhain

¿Por qué las películas de terror dejaron de dar miedo? Desde los orígenes celtas de Samhain hasta el cine contemporáneo, este ensayo rastrea cómo el terror pasó de ser una experiencia colectiva ante lo desconocido a convertirse en entretenimiento domesticado.

Análisis El Aleph (ℵ) de Jorge Luis Borges

Lo que hoy parece delirio, en otro tiempo pudo ser revelación, porque lo único que separa a un loco de un genio, o al Anticristo del Mesías, es la “suerte”. Pero esa palabra evoca a la “divina providencia”, así que prefiero pensar que, en realidad, lo que los separa es la voluntad de elegir ser uno u otro y vivir ante el asombroso espejismo de lo absoluto, o la melancolía por la condición humana, en donde podemos vislumbrar el infinito, pero no recomendaría intentar habitarlo.

Mejor permanecer en el mundo con vivencias que parezcan mundanas, aunque no necesariamente lo sean, ya que, aunque algo parezca lo más importante, tan importante que parece que sostiene nuestro mundo, tampoco implica que sea realmente importante. Solo lo sabremos cuando lleguemos al final de nuestro tiempo, después de ver pasar otros tiempos.

Al fin y al cabo, la única muerte que podemos experimentar es la de nuestra conciencia y el único nacimiento que podemos recordar es el de nuestro nuevo yo integrado. Cada vida es una manifestación única de lo absoluto, ya que somos recipiente de infinitas posibilidades, que nuestra conciencia, nuestra imaginación, nuestra capacidad simbólica y afectiva, nos convierte en recipientes de lo infinito. No porque lo hayamos conquistado, sino porque le damos forma de pensamiento, de sueño, de acto de creación, es el diálogo con nosotros mismos.