La alquimia opera a través de un lenguaje cifrado y alegórico, por lo que sus textos no deben tomarse literalmente.
Por: Esteban Barquera co – fundador Templo de Satán
“Usa tu mente y sube de la Tierra al cielo luego nuevamente desciende y combina los poderes de lo que está arriba con lo que está abajo, así ganarás Gloria en el mundo entero y la oscuridad saldrá de ti de una vez” _La Tabla Esmeralda

Como les platicaba en el artículo anterior, para entender la alquimia o las alquimias es necesario profundizar en sus orígenes, que propiamente no tienen un origen en común, sino que, con el tiempo, los practicantes de este arte, fueron integrando, desarrollando y compartiendo este conocimiento.
Recapitulando. El desarrollo pleno de la alquimia en el mundo mediterráneo se alcanzó algunos siglos antes de nuestra era, aunque sus raíces se hunden en la Edad del Hierro, alrededor del año 1000 a.C. La búsqueda de la fórmula para la transmutación de los metales, se sustentaba en creencias muy antiguas que se difundieron y arraigaron en civilizaciones milenarias:
- En Mesopotamia, la alquimia estaba profundamente ligada al ritualismo y a la espiritualidad. Los metales, especialmente el hierro, eran considerados sagrados y su trabajo debía realizarse bajo estrictos protocolos astrológicos y rituales de purificación. El horno de fundición se veía como un espacio sagrado, habitado por espíritus, y los minerales eran considerados embriones divinos en gestación. La cosmología mesopotámica concebía la tierra como un disco plano rodeado por el mar, con el cielo dividido en regiones gobernadas por dioses planetarios, cada uno asociado a un metal y a un planeta, estableciendo una identidad absoluta entre el firmamento y el mundo terrestre. Esta visión dualista y jerárquica influyó decisivamente en la alquimia, donde la correspondencia entre los metales y los astros era fundamental.
- En Egipto, aunque se carece de testimonios escritos directos de la época dinástica, la alquimia se vinculó estrechamente con la tradición sacerdotal y la metalurgia. Los egipcios asimilaron muchos principios mesopotámicos y los integraron en su propia tradición metalúrgica, revestida de misticismo y secretismo. La alquimia egipcia alcanzó su madurez conceptual y metodológica en la ciudad greco-egipcia de Alejandría, donde la confluencia de tradiciones egipcias, griegas y orientales permitió la formación de la alquimia occidental. En Alejandría, la alquimia se consolidó como disciplina con un corpus conceptual y metodológico aceptado por una comunidad de expertos, destacando figuras como Bolos de Mende y Zósimo de Panópolis, quienes describieron técnicas y principios alquímicos.
No olvidemos que la alquimia fue influida por la filosofía griega, especialmente a través del hermetismo, el pitagorismo, el neoplatonismo y el estoicismo. Estas corrientes aportaron ideas sobre la naturaleza espiritual del universo, la existencia de una sustancia primordial, la dualidad y la correspondencia entre macrocosmos y microcosmos, que fueron asumidas por los alquimistas para fundamentar teóricamente sus prácticas. Aristóteles, con su teoría de los cinco elementos (agua, tierra, aire, fuego y éter), proporcionó un marco para entender la composición y transformación de la materia, base para la idea de la transmutación.
La alquimia mediterránea no fue un fenómeno aislado, sino que se nutrió y enriqueció con influencias de otras culturas, como la india y la china, aunque estas manifestaciones fueron independientes y con características propias. La alquimia mediterránea, con su fuerte componente espiritual, filosófico y técnico, sentó las bases para el desarrollo posterior de la alquimia islámica y occidental, y su legado perduró durante milenios, impregnando la concepción humana de la naturaleza y el cosmos.
Es importante destacar que la alquimia china surgió en un contexto cultural y civilizatorio diferente y estaba basada en el taoísmo, la alquimia china enfatiza la dualidad del yin y el yang y la armonía de los cinco elementos, con el cinabrio como materia prima fundamental. Se distinguen dos corrientes: la alquimia externa (wai tan), más técnica y minoritaria, y la alquimia interna (nei tan), que busca la transformación espiritual y la producción de sustancias dentro del cuerpo del adepto para alcanzar la inmortalidad, mediante prácticas ascéticas y meditativas.
Si bien la alquimia india comparte con la china la obsesión por la inmortalidad y la dimensión espiritual, tiene influencias budistas y prácticas propias. Ambas tradiciones, aunque independientes, tuvieron intercambios culturales a través de rutas comerciales como la Ruta de la Seda.
La Gran Obra (Opus Magnum):
Es el proceso de transformación espiritual, simbolizado en la transmutación de los metales. Se articula en fases, a menudo designadas por colores, que simbolizan estados del alma:
1. Nigredo (Negro): La putrefacción o mortificación, que representa la muerte del viejo yo o la purificación y el sufrimiento del alma. Es la Piedra Negra o Plomo.
2. Albedo (Blanco): El emblanquecimiento o sublimación, que simboliza la purificación, la claridad y la iluminación espiritual o interna. Es la Piedra Blanca o Plata.
3. Citrinitas (Amarillo): La fase de amarilleamiento o disolución, que a veces se intercala entre el blanco y el rojo, como una transición, en algunas prácticas se obvia o la encontramos de manera intrínseca en alguna de las otras fases.
4. Rubedo (Rojo): El enrojecimiento, la calcinación o fijación, que representa la culminación, la unión divina y la perfección. Es la Piedra Roja u Oro.
El proceso sigue el principio Solve et Coagula (disuelve y coagula), que implica la disolución de las concreciones imperfectas del alma para luego hacerlas cristalizar de nuevo en una forma más noble.
Principios y Símbolos Alquímicos Clave:
- Azufre y Mercurio: Son los dos principios primordiales y antagónicos que buscan completarse en la unión sexual (matrimonio químico) para formar el arquetipo eterno. El Azufre (Sulphur) representa el polo activo o masculino (voluntad, calor, sequedad, forma, espíritu), y el Mercurio (Mercurius) representa el polo pasivo o femenino (materia prima, humedad, ductilidad, alma).
- La Sal: Es el tercer componente de los metales (junto al Azufre y el Mercurio), que representa el elemento estático o neutral, y en el hombre, el cuerpo y su forma psíquica.
- La Piedra Filosofal (“Lapis Philosophorum”): Es el Cristo interior, el fundamento de la ciencia y la religión. Es el cuerpo de oro (To Soma Heliakón). Su obtención requiere la transmutación de la libido sexual en energía creadora. Su fuerza es perfecta cuando se convierte en Tierra (es decir, cuando el espíritu se hace cuerpo).
- El Vaso Hermético (Vas Hermetis): El recipiente en el que se realiza la Gran Obra. Simbólicamente, es la mujer, la esposa-sacerdotisa, y el cuerpo humano mismo. Es también la Maljut o Novia en la Cábala. La clave de la preparación del Mercurio de los Sabios es la conexión del Lingam-Yoni sin derramar jamás el Vaso.
Simbología fundamental
El oro se asocia al sol y se consideraba luz solidificada, su obtención era de carácter sacerdotal y requería ritos específicos, ya que se consideraba algo de carácter divino y a lo que no se corrompe. El oro era el símbolo de la meta de la conciencia solar, el mortal (plomo – metal pesado, opaco, enfermo -), que se convierte en oro Ars regia: el arte real (no real de realidad o verdad, sino de realeza).
Era otro nombre que recibía la alquimia y hacía referencia a que era un arte para los que buscaban ser reyes de ellos mismos. A diferencia de otras prácticas místicas no busca una disolución con lo divino, sino una concreta y ontológica, esto significa que no solo se trata de modificar tus conductas o ser bueno sin más; sino que se refiere a una reconstrucción integrando todas tus partes, incluso lo que consideras roto o que no aceptas de ti mismo. Es integrar lo masculino y lo femenino, para formar una persona total. Así que es una ciencia de reintegración que no es una creencia, sino un proceso de transformación real y concreta de la misma existencia.
Psicológicamente, la materia prima no es una sustancia, es el estado caótico de nuestro interior y que se asocia con el plomo y Saturno. “Aquello que buscas se extrae de ti, porque tú eres su mineral.” _ Dialogo entre filósofo Morien y el rey Calid en el Magisterio de Hermes.
Así como Saturno es plomo, la Luna es la plata (es el alma purificada que refleja la luz, ya que ya está purificada), el oro es solar e incorruptible, ya que no se oxida. Y podríamos decir que este es el camino o el mismo proceso que el de la individuación que describió Jung, a continuación, ahondaremos más en estos símbolos.
Para los alquimistas había cuatro elementos, que eran considerados arquetipos y estados de la materia, por lo tanto, lo son de la conciencia:
- El agua es lo fluido, las emociones, lo que disuelve
- La tierra es lo sólido, estable, corporal
- El aire es lo sutil, el pensamiento
- El fuego es la energía, la voluntad, la pasión
“Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba, para hacer la maravilla de una cosa única.” _ La Tabla Esmeralda: este principio de correspondencia representa o describe al ser humano como un microcosmos, es un reflejo del universo, ya que nos rigen los mismos principios que el cosmos. Lo que su sede en el laboratorio alquímico es un lenguaje simbólico del trabajo interior. Visita el interior de la tierra (metáfora del interior de uno mismo), rectificando (purificando, corrigiendo) encontrarás la piedra oculta (la piedra filosofal, símbolo de la perfección espiritual). “Visita Interiora Terrae Rectificando Invenies Occultum Lapidem” V. I. T. R. I. O. L. _siglo XVII.
Esto habla del interior del cuerpo y el interior de la psique. Así que ya podemos comenzar a deducir que, si el trabajo es interno, las sustancias que se utilizan en el laboratorio también son simbólicas.
Bajo esta lógica, los principios del ser, que se representan con el azufre y el mercurio, serian complementarios y su unión armónica es la base de la Gran Obra, la transmutación espiritual y material:
- El azufre representa al rey, el principio masculino, solar, ígneo, expansivo, lo caliente, lo fijo, la estructura. (ánimus)
- El mercurio representa a la reina, principio femenino, la luna, pasivo, húmedo, acuoso, receptivo y volátil. (ánima)
Carl Gustav Jung reinterpretó estos símbolos en clave psicológica:
- Ánimus: El principio masculino en la psique femenina (razón, logos).
- Ánima: El principio femenino en la psique masculina (emoción, eros).
En la alquimia, esta dualidad refleja la necesidad de integrar opuestos para alcanzar la totalidad (coniunctio oppositorum). Así, la unión de Azufre y Mercurio es también la unión de Ánimus y Ánima: el equilibrio interno.
El Caduceo de Hermes es el símbolo que sintetiza esta unión:
- Dos serpientes entrelazadas alrededor de un eje (el bastón), ascendiendo hacia las alas.
- Cada serpiente representa fuerzas opuestas (solar/lunar, azufre/mercurio, masculino/femenino).
- El eje central es la vía de integración, el camino hacia la unidad superior (la piedra filosofal, la iluminación).
En términos herméticos, el Caduceo es la imagen del proceso alquímico: la energía vital (serpientes) asciende por el eje central mediante la rectificación (purificación), hasta alcanzar la síntesis espiritual (alas).
Las fuerzas internas en conflicto, se destruye una a la otra para que se puedan integrar como una misma entidad. El mercurio es el caos que si te dejas arrastrar por él te puede destruir, pero si lo domas permite que sea el agua o el medio de curación y en el que el rey y la reina se bañan para unirse.
Ya con esto más claro, podemos terminar de desarrollar la explicación del Opus Magnum (Gran Obra) y sus pasos:
Primero es Nigredo, ennegrecimiento o melanosis, el cual sucede después de la unión del rey y la reina, y es un estado de putrefacción. Esta primera unión crea un cadáver, es el derrumbe de nuestras viejas creencias, personalidad y ego; la finalidad es disolvernos en el caos de la materia prima, el descenso, el solve. Aquí lo importante es mantener el fuego constante y firme en el atanor1 (este simboliza el cuerpo humano, como el horno que contiene el fuego o calor de la vida que impulsa la transformación); hasta que podemos comenzar con el siguiente paso. Este paso es el más delicado por así decirlo, ya que, al disolverte, hay un riesgo de mantenerte en este estado y no poder salir de ahí; para evitar esto la disciplina es fundamental.
Luego comienza Albedo, o el blanqueamiento, amanecer o leucosis. Es el lavado, la purificación de la materia negra y es un estado de claridad. Aquí la conciencia se limpia, se ilumina, se libera de la sombra. Es el amanecer después de la noche oscura, el momento en que la sustancia se vuelve receptiva a la luz. El espíritu comienza a reflejar la pureza, como un espejo que ha sido pulido.
Después sigue Citrinitas, amarilleamiento o xantosis. Es la maduración de la obra, el surgimiento del oro filosófico. El amarillo indica la presencia del sol, la sabiduría que empieza a impregnar la materia. Aquí la luz no solo purifica, sino que transforma: la sustancia se aproxima a la perfección, la conciencia se impregna de claridad solar. Es el mediodía espiritual, donde la obra se consolida y se prepara para su culminación.
Finalmente, Rubedo, enrojecimiento, purpúreo o iosis. Es la consumación de la Gran Obra, la unión perfecta de los opuestos. El rojo simboliza la vida, la sangre, el fuego espiritual. Aquí se realiza él coagula: la materia se fija en su forma glorificada, el espíritu y la materia se reconcilian. Es el nacimiento del fénix, la rosa roja, el oro puro. La totalidad se alcanza, la piedra filosofal se manifiesta: el ser transmutado, íntegro y luminoso.
Todo este proceso se hace en el “vaso hermético” el cual es el recinto del atanor y es cerrado, ya que guarda el misterio de la transmutación, además de mantenernos aislado de las distracciones externas, que eviten o interrumpan el proceso de ver hacia dentro. Un solo vaso, una sola materia, un solo horno para lograr la concentración absoluta y disciplina total. Recordemos que este tipo de espacios cerrados son sagrados, ya que se reservan a procesos sagrados, por ejemplo, las minas eran consideradas el útero de la tierra.
Desde el inicio, en Nigredo, se sella para contener la putrefacción y evitar que la energía se disperse; es la matriz donde muere lo viejo y comienza la disolución. Durante Albedo y Citrinitas, el vaso permanece clausurado, porque la purificación y la maduración requieren aislamiento y calor constante (voluntad y trabajo constante): es el útero alquímico que sostiene la gestación de la nueva sustancia. En Rubedo, cuando la unión perfecta se ha consumado y la materia se fija en su forma glorificada, el vaso puede abrirse, revelando la obra completa. Simboliza el espacio interior donde el espíritu se recoge para transformarse, el microcosmos sellado que, al romperse, manifiesta la totalidad alcanzada.
Como podemos ver la alquimia, más que un artificio para tratar de intervenir con la materia o la naturaleza, se revela como un diálogo y cooperación entre fuerzas opuestas: las dos serpientes que se hieren y se buscan, veneno y furia que, lejos de aniquilarse, anuncian la posibilidad de una síntesis. Agua viva y consistente, principio que fluye y sostiene, nos recuerda que la obra no consiste en negar el cuerpo ni en exaltar el espíritu, sino en reconciliarlos en una unidad. Este sistema simbólico no pretende usurpar el tiempo de la naturaleza, sino acompañarlo, acelerando su ritmo sin quebrarlo, colaborando con su misterio en lugar de someterlo. Así, la alquimia es un aliado y arte que, busca la armonía.
- El concepto de atanor es muy importante e interesante, este proviene del árabe hispánico attannúr, que a su vez deriva del árabe clásico tannūr (تنّور), que significa “horno” o “fogón”. Este término árabe tiene raíces aún más antiguas en el acadio tinūru y el hebreo tanúr, ambos con el mismo sentido: horno.
En la tradición alquímica, el atanor no es cualquier horno, sino uno especial: sino el que mantiene el fuego constante y uniforme, indispensable para las operaciones alquímicas prolongadas. Se le atribuye la capacidad de sostener el “fuego que no muere”, porque debía conservar una temperatura estable durante largos periodos, lo que era esencial para la transmutación y la cocción de la materia.
En algunas fuentes se conecta supuestamente con la negación del thánatos, en donde se interpreta como si se dijera “el fuego que no muere”; si bien dentro de la práctica o el proceso alquímico tiene sentido, no lo tiene desde la lingüística, ni la semántica, ni la filología, ya que simplemente sus raíces no tienen conexión alguna, así que la considero una reinterpretación. ↩︎
Un comentario en “Prácticas y Conceptos Centrales de la Alquimia”