Por: Esteban Barquera – Primus Draconis
¡Oh el amor! ¿Quién no ha estado enamorado, sentido mariposas en el estómago o la emoción de ver a esa persona y es escucharla decir nuestro nombre? Todos hemos estado ahí. ¿Sin embargo qué pasa cuando este amor es atravesado por normas o conductas que desembocan en violencia? Yo ya he hablado de es el amor para mí y lo pueden leer en esta publicación.
Esta norma conocida como “amor romántico” está compuesta por ideas y mitos de expectativas irreales e inamovibles que tiene que cumplir la persona con la que nos relacionamos, acompañada de dependencia emocional y aceptación de conductas violentas, coacción y punitivismo, con el objetivo de que una persona permanezca en nuestra vida, ya que “por el amor y por nosotros cambiará”. Por ende, se comienzan a generar y normalizar situaciones de conflicto y maltrato, que van mermando la libertad e individualidad de la otra persona.
Uno de los mitos más comunes es el de la “media naranja”, que ve a la persona como si estuviese destinada para nosotros, que es la única nos podría hacer sentir “completos” o que solo su amor podría ser el “verdadero”. De estas ideas derivan cuestiones que creemos inherentes al amor como la exclusividad sexo afectiva o el ideal del amor omnipotente (que todo lo puede).
Es tan sutil y casi imperceptible que estas dinámicas y normas se ven reforzadas por medios de comunicación, música, películas, libros, redes sociales, etcétera.
En este sentido es donde las relaciones disidentes tratan de derrumbar y re construir estas normas; iniciando con acabar con la idea de que la monogamia es la única manera de relacionarnos. Y bajo esta premisa se comienzan a desarrollar nuevas maneras y formas; donde las principales son las no monógamas consensuales, poliamor y anarquismo relacional.
El día de hoy me centraré en el poliamor, el cual como el nombre lo indica, conlleva relacionarse de manera sexo/afectiva de manera consensuada y simultánea con dos o más personas a la vez, con conocimiento y acuerdo por parte de todos los vínculos involucrados.
Las personas que se autodefinen como poliamorosas suelen cuestionar la perspectiva que sostiene que la exclusividad sexual y relacional es esencial para establecer relaciones amorosas profundas, comprometidas y a largo plazo. Aquellos que están abiertos o son emocionalmente compatibles con el poliamor pueden involucrarse en relaciones de este tipo, ya sea estando solteros o formando parte de una relación monógama u abierta. En las relaciones poliamorosas, el interés principal no necesariamente se centra en el aspecto sexual, sino más bien en la construcción de relaciones con más de una persona, basándose en acuerdos mutuos. En la práctica, las relaciones poliamorosas son sumamente diversas e individualizadas, adaptándose a las preferencias de quienes participan en ellas. Para muchos, estas relaciones se edifican idealmente sobre valores como la confianza, lealtad, los acuerdos y la compersión (adicional a la comprensión).
El poliamor busca desmontar algunas de las ideas fundamentales asociadas con el “amor romántico” y la monogamia tradicional. Por eso la base del poliamor es el consenso, consentimiento informado y la comunicación abierta. Todas las partes involucradas deben estar de acuerdo y tener un entendimiento claro de los límites, expectativas y acuerdos en la relación.
En el poliamor, se busca desafiar la idea de que una persona «posee» a otra en una relación. En lugar de ver a las parejas como propiedad exclusiva, se fomenta el reconocimiento de la autonomía individual, la libertad de elegir múltiples conexiones y el grado de profundidad de cada una de ellas. Ya que, a diferencia de la monogamia tradicional, el poliamor no sigue una estructura única. Puede haber relaciones jerárquicas o no jerárquicas, relaciones igualitarias, relaciones cerradas o abiertas, entre otros tipos. La flexibilidad es clave y depende de las preferencias y acuerdos de las personas involucradas.
El poliamor promueve el crecimiento personal y el autoconocimiento. Al tener múltiples relaciones, las personas pueden aprender más sobre sí mismas, sus necesidades, a comunicarse claramente, eficazmente y sin violencia.