Por: Silvia – Dis Pater & Dahaka
¿Tu primer acercamiento con la filosofía fue con Platón? Entonces voy a refrescarte un poco la memoria, en un apartado de los diálogos se cuenta una historia hermosa, inspiradora, casi perfecta sobre el amor verdadero.
¿No sabes de qué historia hablamos? ¿Nunca lo has leído? Estoy hablando de “El mito de los andróginos” Este mito aparece en el Banquete de Platón, el Discurso de Aristófanes. Aristófanes señala que los hombres han ignorado la gran fuerza que desprende el Amor tan es así que se le han elevado Templos y Altares para rendirle sacrificios. Expone que, en la antigüedad, la humanidad se dividía en tres géneros, el masculino, el femenino, y el andrógino (del griego Andros-Hombre y Gino-Mujer). Los seres que pertenecían a esta última clase eran redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y, por supuesto dos órganos sexuales. Estaban unidos por el vientre. Eran seres tan terribles por su vigor y fuerza que se sintieron suficientes para atentar contra los dioses. Puesto que Zeus no podía destruir la raza humana, dado que ésta era la que adoraba a los dioses, los castigó partiéndolos por la mitad. Apolo los curó dándoles la forma actual que tienen ambos sexos, y más tarde pasó adelante sus “vergüenzas”.
El Amor desde tiempos inmemoriales trata de unirlos, de manera que, cuando se encuentran se unen de tal forma que es para toda la vida, tratando cada uno de reunirse y fundirse con el amado y convertirse de dos seres en uno solo, de manera que tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie cuando se dé el tiempo en que la mitad de la Humanidad se encuentre con su otra mitad.
¿No es acaso el amor verdadero aquella cosa que nos salva del más terrible destino y nos ayuda a ser mejores? ¿No es nuestro destino rodar y rodar hasta que encontremos a nuestra alma gemela que hará todo lo posible por estar a nuestro lado y no perdernos jamás? ¿No es por obra y gracia del amor que podemos soportarlo todo y conseguir la “verdadera felicidad? Lamentablemente no es así. Contrario a Platón, Jean-Paul Sartre aborda el amor desde la perspectiva existencialista, argumentando que en el amor nos enfrentamos a la paradoja de querer poseer al otro sin anular su libertad idea que se puede conectar de forma concreta con el concepto del amor romántico.
El amor romántico se puede definir como un conjunto de sentimientos, actitudes y comportamientos asociados con la atracción y el apego emocional hacia otra persona, que generalmente incluye elementos como la pasión, la intimidad y el compromiso, hasta este punto ¿Por qué no sería algo realista? Porque no se limita a lo anterior, sino que también engloba otros sentimientos como la idealización, la dependencia emocional y la exclusividad vale la pena cuestionar cómo estas pueden afectar las relaciones interpersonales y la percepción del amor en la sociedad actual.
El amor romántico puede ser percibido no únicamente como no funcional o dañino sino hasta como peligroso debido a las expectativas y normas que a menudo están asociadas con él y que arrastran a los que forman parte de ella a dinámicas (en muchas veces) violentas. Estas expectativas pueden incluir la idea de que se debe sacrificar la autonomía, felicidad y bienestar por el bienestar de su pareja, lo que puede conducir a relaciones desiguales, controladoras o incluso abusivas.
Y a propósito de las fechas es importante recordar el 14 de febrero, conocido como el Día de San Valentín, ha sido comercializado y promovido por empresas y comerciantes como una oportunidad para vender productos y servicios relacionados con el amor y la afectividad aprovechándose de la idealización ligada al amor romántico por parte de los “enamorados”, porque claro “hay que demostrar amor” regalando objetos. A lo largo del tiempo, esta fecha se ha convertido en una ocasión en la que se promueve el consumo de flores, chocolates, tarjetas de felicitación, regalos y cenas románticas, generando así un aumento en las ventas y ganancias para las empresas. Sin darnos cuenta realmente que lo único que se logra es la capitalización de las emociones y los sentimientos amorosos con fines lucrativos, convirtiendo una celebración de trae por si misma una carga de expectativas relacionales en una fecha de mero consumismo.
Volviendo al amor romántico ¿Porqué más seria tan malo? No únicamente fomenta el basar las relaciones meramente en expectativas de la otra persona, sino que además limita a la otredad una forma de relacionarse de una manera más sana, fuera de la exclusividad o fuera de la idealización, comprendiendo así que somos seres independientes con rasgos, necesidades y vivencias diferentes.
¿Y esto sólo les pasa a las mujeres? Históricamente las mujeres por propia y mera socialización han sido creadas bajo el esquema de amor romántico y la heteronorma, un proceso sistémico que permite que se sigan replicando roles de género en sus relaciones, la estructura de la dominación ha sido y aún es tan asfixiante que ha dejado huellas que nos impiden amar a ambos. Los hombres, expone Bell Hooks, deben ser capaces de abandonar el deseo de dominar, esto es, “deben poder elegir la vida sobre la muerte”.
Se nos enseña a amar diferente, hombres y mujeres tenemos visiones distintas del amor, se nos sociabiliza desde diferentes posiciones y es importante comprenderlas. Porque los hombres, como menciona Bell Hooks, quieren cambiar; pero no pueden si no hay un plan para el cambio, así como “no pueden amar si no se les enseña el arte de amar”. Tampoco pueden amar si no están dispuestos a abandonar su lugar de dominación; y para ello tendrán que entender que dominación no es privilegio: que se hacen daño a sí mismos y a otras personas cuando ejercen, más o menos explícitamente, la dominación y el abuso.
Pero si lo logran, si abandonan su posición de falso privilegio y se atreven a amarnos, a dejar a un lado la idea del “príncipe encantador”, que proveen, que protegen y que se dedican entera y exclusivamente a una sola mujer, si rechazan los modelos históricamente mejor aceptados donde no se le permite hablar sobre sus sentires, donde debe mentir para encajar con sus amigos, donde está muy bien visto tener mil amantes pero no estará bien visto llorar, o saberse vulnerable, donde estarán condenados a únicamente poder sentir enojo, entonces dejarán de ser verdaderos “hombres” para el mundo. Desobedecerán los mandatos y serán penalizados por ello. ¿Qué hacemos las mujeres para acogerlos y acompañarlos, entonces? ¿Qué trabajo debemos realizar para poder amarlos de verdad y no desde la mirada de la idealización?
Vivir desde la disidencia es posible, sin embargo, te enfrentarás a todo un sistema que tratará de reinsertarte nuevamente en estas ideas de “falso amor”. Romper con el amor romántico puede ser un proceso desafiante pero necesario para cultivar relaciones más saludables y satisfactorias, este no es un trabajo que nos compete a todos y todas, cada quien desde su trinchera, paso a paso ir rompiendo las limitantes de la idealización, exclusividad, libertad y orientación sexual.