Como pactar sin besarle el c$l% al diablo

Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán

Osculum Infame

Antes de revelar esta técnica poderosa, es importante entender que vender tu alma es intercambiarla por lo más preciado o deseado y esta idea tiene raíces en la historia de la literatura y la cultura popular de Occidente, aunque la idea de una entidad que cumple el rol de un diablo la podemos encontrar en distintas culturas y muy antiguas, como los sumerios e incluso en Japón con sus Yōkais. La creencia en pactos con entidades malignas surge principalmente de las tradiciones judeocristianas derivadas por su visión dualista del mundo, que habían tenido contacto con el zoroastrismo y otras religiones cananeas. Más adelante en el cristianismo, el diablo, se consideraría el enemigo de Dios y la encarnación del mal, pero para llegar a ese punto pasaron muchas cosas y mucho tiempo.

Al irse expandiendo el cristianismo por Europa se ve confrontada con otras creencias, ideologías y religiones, lo que le permite ir demonizando a las deidades de las demás culturas y lugares atribuyéndole al diablo las cualidades de estas, como en el caso de Hades que era el rey del inframundo llamado tártaro y cuya entrada se decía que estaba en el cráter Avernus, de ahí que se modificara a que era el averno, y se le atribuyo la función de lugar de purificación del malvado que provenía del Gehena del judaísmo.

Los cristianos al ver que esta estrategia era muy efectiva, continuaron haciéndolo hasta llegar a la divinidad Pan, que es en donde se comienza bazar más la imagen del diablo y se le da un rostro, esto repercutió de tal manera que podríamos hablar de la primera ola de pánico con respecto a la figura del diablo. (La palabra “pánico” deriva justamente de este momento de la historia y significa “perteneciente a Pan” quien era la fuente de sonidos misteriosos que causaban miedo contagioso e infundado en manadas y multitudes, o en personas en lugares solitarios).

Durante la Edad Media, gracias a las representaciones artísticas, la figura del diablo se fue concretando y personalizando en la teología cristiana, uno de los ejemplos más importantes y cuya imagen de su infierno y satanás continua en el imaginario colectivo es la que nos dejó Dante Alighieri en su Comedia. La idea de que los seres humanos podían establecer un pacto con Satanás (recordemos que en el antiguo testamento la palabra satanás aparece muy pocas veces y lo hace en forma de decirle a alguien el acusador o el adversario) se hizo más común a medida que la Iglesia Católica buscaba reforzar sus doctrinas sobre el pecado, la herejía y la salvación.

El miedo a la brujería y la hechicería creció, y se creía que los brujos y brujas adquirían sus poderes mediante un pacto explícito con el diablo, firmado con su propia sangre, a menudo en reuniones llamadas «aquelarres». Los pactos con el diablo eran vistos como actos de rebelión y apostasía extrema, reflejando el temor a los «otros» que existían fuera de los límites de la cristiandad ortodoxa. Las confesiones obtenidas bajo tortura durante los juicios de brujas frecuentemente incluían descripciones de estos pactos, alimentando la imaginación popular sobre las implicaciones de tales acuerdos. En la Biblia, hay pasajes que sugieren tentaciones o acuerdos con fuerzas demoníacas. Por ejemplo, el libro de Job describe cómo Satanás hace un pacto con Dios para probar la fe de Job. Además, el Nuevo Testamento narra cómo Satanás intenta tentar a Jesús ofreciéndole poder y riquezas a cambio de adoración (Mateo 4:1-11).

No desesperéis, es importante este contexto para que también se pacte con certeza ya que de lo contrario se puede perder la finalidad y errar en los resultados; tenemos ejemplos de esto como en la historia de Fausto, un erudito que vende su alma al diablo a cambio de conocimiento y poder, se ha convertido en uno de los relatos más emblemáticos sobre los pactos demoníacos. Esta leyenda se popularizó en la Europa del siglo XVI y fue recogida en varios textos literarios. Uno de los primeros fue el «Faustbuch» alemán, publicado en 1587, que inspiró la famosa obra de Christopher Marlowe, Doctor Faustus (1604), y más tarde el «Fausto» de Johann Wolfgang von Goethe (1808 y 1832). En estas versiones, Fausto hace un pacto con Mefistófeles, el agente del diablo, para obtener conocimientos ilimitados y placeres terrenales, a cambio de su alma inmortal. Este tema literario refleja las tensiones del Renacimiento y la Reforma Protestante, donde el deseo de conocimiento y la individualidad estaban en conflicto con las enseñanzas religiosas tradicionales.

La idea de pactar con el diablo también se ha adaptado a la cultura moderna, convirtiéndose en un tema recurrente en la literatura, la música, el cine y la televisión. Se encuentra en obras como The Devil and Daniel Webster de Stephen Vincent Benét, El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov y el bebé de Rosemary. Lejos de leyendas, mitos e historias populares se podría decir que Satanás para el satanista representa la rebeldía, la voluntad, pero sobre todo es símbolo de los aspectos más oscuros de nosotros que debemos aceptar para ser seres completos, a esto, filósofos como Carl Jung o Gilbert Simondon le llamaron individuación, este concepto será fundamental que lo exploremos para entender esta técnica de pactar, que en mi experiencia es sumamente eficaz.

[Parte dos: https://templodesatan.com/2024/09/26/lucifer-nos-guia-en-la-direccion-en-la-que-amanece-y-en-la-que-anochece-que-es-la-individuacion/]

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