¿Qué son los arquetipos?

Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán

“Del hombre triste la mortal caída

la de su yugo redención felice,

canten otros en tónica escogida

que del arpa las cuerdas divinice;

yo contaré una historia no sabida

que de pasmo y terror el vello erice:

lejos de mí la lira; suene el cuerno,

pues canto a Satanás, canto el infierno.

Príncipe augusto de mirar sombrío,

emperador de la infernal caverna,

pues la luz de tus alas te hizo impío

lanzándote a mansión de rabia eterna;

presta tu inspiración al pecho mío

que en tus aras humilde se prosterna

y te amaré, si no como a un hermano,

cuanto pudiere amarte un buen cristiano”

Crisófilo Sardanápalo

La Madre

La noción de arquetipo se encuentra concatenada con la tradición, los símbolos, el mito y el rito. Derivado del griego archetypos (ἀρχέτυπος), que significa “modelo original” o “primera impresión”, el término ha sido ampliamente utilizado en la filosofía, la psicología y la antropología para describir patrones universales, que subyacen a las experiencias humanas.

Eugenio d’Ors, los define como «constantes culturales» que atraviesan el tiempo y ofrecen una estructura fundamental para entender los fenómenos artísticos, sociales y espirituales; así que sirven de referencia para ser replicados y reinterpretados, ya que no son estáticos. No se trata de meras copias, sino de expresiones de la naturaleza humana, que emergen del «inconsciente colectivo». Este concepto, introducido por Jung, se refiere a una capa de la psique compartida por toda la humanidad, donde residen los arquetipos; estas no son ideas específicas, sino formas primordiales que se manifiestan en narrativas, mitos, sueños y símbolos recurrentes en todas las culturas y épocas. Estas ideas se vuelven tradiciones que se transmiten como valores que unen y representan a un grupo o comunidad, a través de sus rituales, con los cuales se suspender el tiempo cotidiano (entrar al tiempo de lo sagrado), ya que es de índole sagrado, busca dar orden y sentido a nuestra práctica, siendo necesario para que, al momento de repetirlo, se desarrollen asimilación de conocimiento (no confundir lo ritual con lo ceremonial, ni con actividades cotidianas, hábitos o rutinas ya que su propósito e intensión de estos últimos es completamente banal).

Nota: para entender por completo los arquetipos, es fundamental entender los símbolos y lo simbólico, pero más aún, los diferentes estados de activación del cerebro, o también llamados niveles de conciencia; ya que el considerar que un símbolo habite o esté siendo procesado en el inconsciente, consciente o en lo supraconscinete cambia por completo su interpretación y por lo tanto su utilización.

Dentro de los arquetipos podemos encontrar figuras como el héroe, la madre, el sabio, el embaucador y la sombra, que son reconocibles en mitologías de diversas tradiciones, desde las epopeyas de Gilgamesh hasta las películas de Hollywood. Según Joseph Campbell, estos patrones narrativos no solo estructuran las historias, sino que también ofrecen un mapa psicológico de la experiencia humana. A través del lenguaje simbólico, como señala Elémire Zolla, los símbolos no son signos arbitrarios, sino vehículos cargados de significado que conectan el mundo material con el metafísico / psicológico. Este lenguaje es una herramienta de percepción que permite acceder a verdades de índole sagrado, revelando el nexo entre lo humano y lo trascendental.

Por ejemplo, el arquetipo del sabio en la mitología griega no es solo un relato de conocimiento y guía, sino un modelo de búsqueda de la verdad. Este patrón también se encuentra en otras tradiciones, como la figura de Satanás, que simboliza la individuación y la transformación a través de la rebelión y la búsqueda de conocimiento, o el mito de Prometeo en la mitología griega.

Sin embargo, en la modernidad, nuestra capacidad para interpretar este lenguaje simbólico ha sido erosionada; falsos gurús, creencias superficiales y un eclecticismo diría casi aleatorio, han desplazado nuestra sensibilidad hacia los arquetipos, despojándolos de su capacidad ordenadora dentro de nuestra psique. Byung-Chul Han señala que vivimos en una sociedad que ha sustituido los rituales (Han mete en el mismo saco lo ceremonial – la ceremonia es de carácter social -) significativos por prácticas orientadas a la eficiencia y el consumo, lo que ha provocado una desconexión con lo simbólico y lo sagrado. Esta banalización impide distinguir entre saber qué buscamos y saber qué queremos encontrar en nuestras prácticas, creencias e ideas.

Para concluir, me gustaría recomendar que se adentren en otros tópicos relacionados con este tema, como el psicodrama, la imaginación activa y el modelado de roles; son temas fundamentales, sumamente interesantes y que les ayudara a evitar caer en auto engaño, ya que es muy fácil distorsionar el fin y el uso de la cámara ritual.

El Embaucador

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