A oídos sordos, insurrección

Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán

“Y cuando yo hablé, yo tenía miedo de que nuestras palabras no fueran escuchadas, no fueran bienvenidas. Pero cuando estamos en silencio, todavía tenemos miedo. Entonces es mejor hablar, recordando que nunca fuimos destinados a sobrevivir […] Tu silencio no te protegerá”  _Audre Lorde

Ser subordinado en esta época, se cree que es la relación directa entre una persona con mayor jerarquía dentro del trabajo, pero se suele obviar toda la estructura de la que se desprende o de la cual se dio como consecuencia esta relación y todo lo que se genera a raíz de la misma, que suele no ser tan inocuo como la gran mayoría trata de autoconvencerse con un “todos tenemos un jefe”.

Estas estructuras sociales y políticas imponen restricciones sobre el individuo; se le dice subordinado porque literalmente se subordina a normas y autoridades externas, pero lo hace pensando que esto lo acerca a su libertad porque es guiado por algo o alguien que él percibe que está “más arriba” de la estructura, así que creemos que es más libre y más valioso; pero en realidad nos embarca en un camino de pérdida de autonomía y autenticidad -solve et diluere-.

Entonces el subordinado pasa a ser una pieza más, un engranaje de la máquina económica y de producción, así que se le cosifica y solo importa lo productivo que es y que genere un margen de ganancia, pero las cualidades más apreciadas de este subordinado son la obediencia y el silencio como una mercancía más. Claro que para convencerlo de este grado de sumisión fue necesario crear todo un relato alrededor del rol que desempeña él y la figura dominante, pero no fue una construcción que se hiciera en la modernidad, aunque sí fue la encargada de llevarla a las últimas consecuencias.

Desde la antigüedad encontramos figuras como la del rey, que estaba destinado a gobernar y que es “bueno y justo”, además que es el poseedor del “conocimiento verdadero”, después la figura del gobernante que se veía como necesario para el buen funcionamiento y que se espera que tome las decisiones con base en el bien común; posteriormente con el contrato social de un “todos” pasa a ser de “la mayoría” y se percibe la democracia como el mejor camino para elegir quien nos gobierna, ya que aunque hay una subordinación, la sociedad se siente integrada ya que se le dice que está participando en la toma de decisiones (de opciones pre elegidas) o que mínimo tendrá un representante que lo hará y que en teoría tendría que velar por los intereses de los representados, aunque en realidad los únicos pobladores que se son merecedores de ser representados son lo que están más arriba de la pirámide, así que el proceso electoral es una simulación.

Profundicemos un poco más en este punto; la democracia, aunque se le haya puesto en una posición de sagrada, además que se le ve como un proceso que protege al elector ya que se le da la oportunidad de castigar al candidato en el siguiente proceso electoral si no cumple en el actual; como si el tiempo en el poder no generara consecuencias, así que es claro que esto provoca un fraccionamiento, incluso en la realidad, porque ahora se ve en periodos (en caso de México cada seis años), además de que esto también esta trucado, ya que al que se termina castigado es a una persona y no a un partido que es al final el que lo eligió y que seguirá eligiendo más candidatos bajo el mismo modelo, el cual prioriza el carisma / personalidad y se deja de lado sus aptitudes.

La democracia en sí misma es una forma de paternalismo en donde se deja en manos de grupos hegemónicos que se espera que también carguen con la responsabilidad de las consecuencias de las decisiones que tomen y que se da por presupuesto que se busca un progreso con las decisiones que se eligen, así que la población se deja pastorear sin hacer preguntas porque se les enseñó que “el buen pastor da la vida por sus ovejas”.

Este buen pastor, gobernante, representante, no es más que un avatar del régimen, el cual solo busca perpetuar las estructuras hegemónicas y sus mecanismos ejecutivos y burocráticos, que van en detrimento de las minorías y los subordinados. Las luchas sociales se toman como estandarte cuando los candidatos están en campaña, pero una vez en el poder, se olvidan o se encuentran los pretextos que sean necesarios cuando no se ven cambios en estos rubros. Es más fácil dotarlos de “fantasmagorías” para descalificar las luchas como: anti derechos, anti demócrata, socialista, pensamiento de izquierda, chairo, pensamiento empobrecedor. Cuando en realidad la democracia y su inseparable el capitalismo son los mecanismos que perpetúan la desigualdad y, en palabras de Marcos Roitman, <<…son los posibilitadores de una realidad en donde se le puede orillar a alguien a morir de hambre >>.

Así que al final es solo un proceso electoral, con el cual se justifica que haya un grupo dominante y/o hegemónico, que nos dice que el sentido de la vida es servirle y dejar que sea nuestro guía; él asignará nuestro lugar y solo nos resta dignificarlo una reverencia a la vez. Esto no es nuevo; es la misma estrategia que utilizó el colonialismo: colocar al indígena en una narrativa en donde sus raíces son despreciables y que el religioso colonizador está seguro de que, al obligarlo a adoptar su visión del mundo, lo podría salvar y guiarlo a un futuro más digno y respetable, que, si cumplía con todos los requisitos, lo podría incluso acercar a dios. Pero quedaban malditos los que rechazaban este camino, porque eran vistos como anormales, incultos, e incluso se cuestionaba sí podrían ser catalogados como personas, ya que esta rebeldía es prueba de su falta de alma; así que se les podría eliminar a favor del “progreso”.

La barbarie civilizatoria busca erradicar al indígena, al obrero y al subordinado; claro que esta erradicación, según el caso, es más o menos literal, pero lo que en igual medida se quiere eliminar su voluntad, su humanidad. Solo quieren que sean trozos serviles de carne, cuerpos que se dejen gobernar. ¿No me creen? Basta con analizar la pobreza y darnos cuenta de que fue mantenida artificialmente para poder controlar y mantenerse por encima de estos grupos, apoderarse de sus bienes y tierras. Si te convencen de endeudarte, en algún momento ya no podrás pagar y tendrás que entregar todo lo que tienes, o trabajar hasta la muerte para mantener lo poco que te quede; al final, lo importante es que puedas formar parte de esta sociedad cueste lo que cueste. No me atrevería a afirmar que la democracia inventó la pobreza, pero sí puedo afirmar que la utiliza.

Y por último la democracia se volvió costumbre, ya no nos es posible imaginar nuevas formas porque es la que vemos instalada y la que ejercemos mecánicamente, como un trámite en que algunas ocasiones intentamos protestar a través de él y otras lo vemos como un acontecimiento en el que nuestra voz es escuchada, ya lo dijo Mario Vargas Llosa << México es un país bajo una dictadura perfecta >>, y aunque podríamos decir que lo dijo bajo un contexto diferente, refiriéndose a mandatarios diferentes, los métodos se heredaron y se mantiene vigentes hasta nuestros días, ahora le llamamos burocracia y nos importa poco o nada lo alienante que es, pero sobre todo lo poderoso que es para detener revoluciones y evitar el disenso (en el sentido de Jacques Rancière).

Debido a todas estas condiciones, el subordinado se ve arrojado al margen porque se le ve como que ese es su lugar y desde ese lugar se le nulifica con violencia, apagando su voz y el empirismo de su existencia, creando dicotomías como que el subordinado solo da opiniones, tiene posturas emocionales, personales o subjetivas y lo contrario a lo antes mencionado es lo realmente valioso. Por eso muchos deciden combatir desde los márgenes y adoptan posturas no empoderadas porque es replicar la fórmula del poder y tampoco revolucionarias porque cambiar todo un sistema de manera radical implica inferir que un pequeño grupo de personas sabe que necesita todo el mundo. Por eso la insurrección es el camino, ya que al final lo que está fallando es la estructura y para corregirlo primero hay que pluralizar y explorar soluciones más específicas, donde las voces marginadas pueden encontrar formas de expresión y acción sin replicar las jerarquías que buscan desmantelar y tal vez de esta manera lograremos encontrarnos entre tantos falsos ideales y detendremos tanta humillación.

Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo de gente que va alzándose desde el fondo de los siglos de gente que llaman clases subalternas […] De esfuerzo y blasfemia porque todo va mal” _ Raimon, Jo vinc d’un silenci 1975

Raimon, Jo vinc d’un silenci

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