Giros de Timón y Símbolos Fundacionales

El Asesinato de Charlie Kirk, la ONU Declara que Israel Comete Genocidio y el Discurso del Secretario de la Marina de México Raymundo Pedro Morales Ángeles

Llegó la hora del ritual. Se suelta al animal en el fértil campo para que su olfato, guía de su voluntad, busque lo que en su mundo es la recompensa prometida. Olfatea la higuera, pero su esencia no lo llama; se ve tentado por comer sus raíces, pero sabe que en esa tierra no tiene derecho. Las hierbas son tentadoras, un verde abrazo efímero, pero al arrancarlas no puede separar la mala hierba de la nutritiva.


De repente, un dulce olor lo invade, le es familiar, un hálito de gloria ancestral, pero está tan abrumado que no puede esperar más. Olfatea la tierra con furia bendita hasta encontrarlo. Se detiene en un punto específico y, al escarbar, desentierra un cuchillo que estaba ungido en sebo; pero al animal no le interesa eso, él se siente el elegido por la divinidad, su soplo divino en la carne mortal.


Entra el sacerdote en escena y despoja al animal de su hallazgo sagrado. Mientras el sacerdote despierta el filo durmiente del artefacto ceremonial, el animal saborea la grasa que le ha quedado en el hocico. Esta sabe a todo lo que busca representar, una promesa ancestral. Pero, al ser astuto y ganarse su lugar, sus pasos lo guían hasta el altar para dar inicio a la apoteosis como el participante honorable, representante de toda su estirpe.


Antes de que la duda o los pensamientos mundano lo invadan, el sacerdote degüella al animal, mientras le susurra: «Muere tranquilo; gracias a tu sacrificio no habrá más moscas en el matadero». Lo que el animal no alcanzó a interpretar es que, si bien su acción fue voluntaria, las moscas siempre, siempre volverán. _ Esteban Barquera

Están pasando demasiadas cosas en el país y en el mundo, así que analizaré algunas de las que, a mi parecer, tendrán una gran trascendencia y darán mucho de qué hablar en el futuro, no por el acontecimiento en sí, sino porque marcan el comienzo de algo. Vamos desarrollando los temas.


El Asesinato de Charlie Kirk


Primero, el asesinato de Charlie Kirk el 10 de septiembre. Él fundó Turning Point USA, un activista e influencer ultraconservador y de derecha. Estoy seguro de que, para Donald Trump, él era el arquetipo del norteamericano que su movimiento necesita. Kirk fue uno de los principales voceros de la campaña anti-woke y de la campaña de Trump proveniente del movimiento MAGA (Make America Great Again).


Kirk se dedicó a viajar por todo el país organizando debates públicos para propagar la ideología de la derecha en los Estados Unidos, línea de pensamiento con la que, sobra decir, no comulgo ni un poco, así que es casi un «si lo dijo Kirk, no estoy de acuerdo». Pero, más que analizar su discurso en el amplio sentido de la palabra, quiero centrarme en lo que significa su muerte y cómo será utilizada por MAGA y Trump.


Como intenté explicar en mi texto anterior —«Del Progre al Progresismo»—, la derecha es experta en sintetizar lo que sea y convertirlo en un símbolo para su movimiento y sus intereses capitalistas. Después de ver que el atentado contra Trump lo afianzó en la popularidad de la gente, además de dirigir la discusión hacia otro lado, que era lo que más necesitaba debido a los múltiples escándalos que lo perseguían, convenientemente y en un momento crucial, vuelve a haber un atentado contra una persona bien posicionada en su equipo.


Así que, inspirado en la frase “follow the money”, haremos un follow the symbol. Primero, en cuanto asesinaron a Kirk, la conmoción fue sumamente dramática y atípica; el actuar de personas, medios y el mismo presidente de los Estados Unidos fue por demás pasional. Trump no solo dio sus condolencias, sino que también ordenó que se ondeasen las banderas a media asta. Este detalle, que pudiese parecer protocolario y banal, no lo es para nada.

Las últimas personas no funcionarias del gobierno por las que se colocó la bandera a media asta fueron: el Papa Juan Pablo II (2005), Nelson Mandela (2013), la Reina Isabel II (2022) y Charlie Kirk (2025).


Aun así, los tres primeros mencionados eran funcionarios o representantes de sus países. Espero estar logrando transmitir la dimensión del gesto. Izar la bandera a media asta ha sido utilizado históricamente como herramienta para construir hegemonía simbólica. Este acto performativo es una declaración pública de quién merece ser recordado y quién es considerado parte del «panteón simbólico» de la nación. Es una forma de pedagogía política: enseña a través del gesto quiénes son los héroes, los mártires o los referentes.


La bandera, por sí misma, representa la soberanía, la unidad nacional y la continuidad del Estado; ponerla a media asta es una manera de suspender momentáneamente la normalidad para marcar una pérdida o ruptura. Se convierte en una forma de canonización pública, donde se declara que esa persona representa algo esencial para la nación. Lo digo en presente porque ahora es un símbolo que será perpetuo en el imaginario colectivo, en la cultura y en la historia, y esto reconfigura los símbolos ya existentes.


Es una forma de Trump de decir: el mérito institucional ya no es lo más importante, ahora lo que importa y lo que se debe buscar alcanzar es el mérito ideológico. Este despliegue de hegemonía cultural, en el sentido gramsciano, busca que el sentido común de la nación incorpore como “natural” la idea de que activistas partidarios son equivalentes a héroes nacionales.


A partir de ahora el duelo nacional se convierte en un instrumento de identificación partidaria, donde el Estado ya no representa a todos, sino a una facción que se apropia de lo que haga falta, incluso de los símbolos patrios, para legitimar su narrativa.


Ya con sus nuevos símbolos creados, comienza la fase de construir narrativas alrededor de ellos: que la “izquierda” es la violenta, pero para ellos la izquierda se puede referir a lo woke, los progres, los marxistas, los comunistas y la oposición (así venga de la derecha). La estrategia de medios consiste en hablar de casos violentos, así hayan sido ejercidos por la misma derecha, pero al final siempre se menciona uno de la izquierda, y es en el único que se hace énfasis en que fue la izquierda. Así se genera una confusión en la que parece que todo lo anteriormente nombrado es culpa de ese posicionamiento político.


También suelen minimizar cualquier acto criminal o llamamiento a la violencia desde sus filas, utilizando casos específicos. Ejemplo: irrumpir en el Capitolio es gente que apoya la libertad y la democracia, es muestra de valentía y compromiso. Pero, en cambio, el asesinato de Kirk es una provocación, un acto de guerra, es consecuencia de gente resentida que para ellos “controla la narrativa, las instituciones y la opinión pública”; el asesino representa a toda la izquierda.

Y siempre refuerzan su mensaje con “son luciferianos” o “lo hacen de forma diabólica”, “fingen ser los buenos”, pero lo más importante es aprovechar estos momentos para lavarse la cara, “nos acusan falsamente” —refiriéndose a cualquier manifestación de la derecha—. Recuerdo el comentario de una política que decía: “si las personas de izquierda son capaces de matar bebés en el vientre de sus madres, ¿porqué dudarían en asesinar personas?”.


Pero su indignación tiene una doble moral o doble estándar: por un lado, condenan supuestamente la violencia, pero cuando se ejerce sobre todo un pueblo como el palestino, solo repiten discursos que ni ellos mismos entienden porque no les importa en realidad nada del conflicto, solo sentir que están del lado de los buenos, aunque todo indique lo contrario.


El asesinato de Kirk no solo activa una maquinaria de victimización y polarización, sino que inaugura una nueva fase en la disputa por el imaginario nacional. Los elegidos de esta causa pueden ejercer violencia porque la izquierda, en este relato, no es solo oposición: es una amenaza existencial, es un enemigo moral.


La Declaración de Genocidio de la ONU


Hablando de violencia, mentiras, manipulación y ya con 16,000 pruebas que respaldan la investigación que algunos puristas del derecho internacional y geopolítica necesitaban para posicionarse. Por fin la ONU —el órgano más inútil que conozco— declara que lo que está pasando en la Franja de Gaza es un genocidio, acusaciones que, por supuesto, rechaza Israel.


Pero comencemos definiendo qué es un genocidio y por qué es importante que la ONU lo reconozca como tal. Según la convención internacional, se trata de “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”. Se dividen en cinco actos genocidas: matar a miembros de un grupo, causar graves daños físicos o mentales, imponer deliberadamente condiciones de vida destinadas a destruirlos, impedir nacimientos y trasladar a la fuerza a niños.


Sí, adivinaron, Israel ha hecho —según el informe— los primeros cuatro; todo esto en complicidad y encubrimiento de la gran mayoría de los países del mundo. Hasta apenas esta semana, algunos países ya comenzaron a distanciarse e incluso a pronunciarse en contra de los actos de Israel contra el pueblo palestino. El que claramente no lo va a hacer es Estados Unidos, ya que ha invertido demasiado tiempo, dinero y credibilidad política para poder tener una gran tajada de ese territorio.


Si bien ya es un avance la conclusión de la investigación de la ONU, Israel y sus representantes aún tienen tiempo, ya que esto se tiene que evaluar en cortes internacionales, así que legalmente aún no les podemos decir genocidas a los genocidas. En lo que se logra la sentencia judicial, tendremos que lidiar con la resistencia de utilizar la palabra genocidio y, mientras, escucharemos cómo los aliados de Israel prefieren tratar de convencernos de que esta investigación solo se está utilizando como estrategia política y como una manera de externar nuestro antisemitismo interiorizado.


Esto ya obliga a la gran mayoría de países a replantear su visión del conflicto, y a países como a México a reevaluar si una postura tibia ante los atroces actos de Israel es la correcta, y más si es la mejor de las ideas continuar con sus tratos comerciales, como la compra de armas y la contratación de servicio de entrenamiento. No hay que olvidar que hay compromisos casi imposibles de esquivar, como los que derivan del TLC u otros beneficios económicos que no le resultaría conveniente rechazar, como la inversión indirecta o la cooperación en áreas clave como la agricultura y el sector agroalimentario.


Por el momento, parece que el tiempo se le acaba a Israel para concretar sus planes de invasión, exterminio y demolición; lo preocupante es que es más probable que los aceleren y su comportamiento se vuelva más hostil en la franja y en contra de otros países con los que han mantenido en escalada su conflicto.


El Discurso en el Desfile y su Significado


Ya que estamos en esto de la retórica, hablemos del discurso del desfile militar del pasado 16 de septiembre. El cual fue en código de autocrítica y haciendo una distinción implícita entre SEDENA y la SEMAR. Este discurso fue dado por el secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales, en un tenor completamente atípico, aceptando sus errores, pero carente de líneas de acción más claras. Porque si bien el discurso dejó con un buen sabor de boca a la opinión pública, en gran medida por sus frases pegadizas que se alinean a la narrativa de la 4T y su tan mencionado segundo piso, para el ciudadano de a pie no son más que contenido para poner en tazas o playeras.


Yo hubiera preferido una estrategia para solucionar los problemas que ellos mismos propiciaron, y si bien que hayan aceptado la responsabilidad no es el peor de los inicios, me preocupa que la forma, el lenguaje y toda la construcción en sí es un discurso político, ergo, banderazo de salida de militares en la política, como si fuera un ensayo que, después de ver lo bien que fue recibido, se podría afirmar que fue una prueba exitosa.


Analicemos los grandes hits de este discurso:
En dos ocasiones menciona “Giros de timón”: uno en plural y pasado, y el segundo singular y presente. Esto no creo que sea casual ni accidental; primero, creo que hizo referencia al gran giro que provocó la 4T, pero que el nuevo giro es otro giro, o sea, que a la vez trataba de romper con el pasado porque los líderes son otros y las estrategias también. Además, sonó casi determinante, como si fuera este el gran giro —porque en el mismo discurso dice que ha habido más intentos—, así que el momento actual lo ve como decisivo, lo que es típico del populismo: marcar un antes y un después, con el presente como punto de inflexión y como recurso emocional.


Como buen discurso político, también buscó la empatía: “Fue muy duro aceptarlo, pero hubiera sido imperdonable callarlo”, y a la vez funciona para darle credibilidad moral al gobierno, separándolos de los “malos” y colocándolos con los “buenos”, construyendo una imagen de valentía institucional que no teme enfrentar verdades incómodas.


“Jamás fue para nosotros opción el disimulo, porque el silencio no nos define”. Este fragmento refuerza la idea de transparencia como virtud heroica y se opone al “disimulo”, que se asocia con corrupción o complicidad. Funciona para reforzar la idea dicotómica de los que sí son cómplices —le faltó decir: ¿me escuchaste, José Rafael Ojeda?—. “El silencio no nos define” es una frase con fuerte carga identitaria, que busca construir una imagen colectiva de la institución como valiente y ética.


No podían faltar los aforismos, que con el tiempo se convierten en el mantra al que ya nos tiene acostumbrados la 4T: “La verdad nos fortalece, la justicia nos determina y la honestidad nos sustenta”. Esta frase con estilo solemne no solo es que mencionen sus pilares fundamentales, desde lo emotivo casi nos dice: “esto es lo que todos buscan, se los venimos a dar”; ya no solo es que no son villanos, tampoco son los buenos, son nuestros héroes.


Y faltaba establecer el símbolo del discurso, que a la vez le dará forma a toda la narrativa futura: “Una marina que cree en la aplicación plena de la ley […] porque solo se mantiene el honor con la verdad”. El discurso se aleja de lo meramente operativo o jurídico y se convierte en una declaración de principios que hace inseparable el honor de la verdad.


Yo creo que fue un discurso que se lava las manos y dirige la atención a los líderes del pasado, una de sus estrategias más efectivas desde López Obrador, que pone en la diana a uno de los personajes más protegidos desde el sexenio pasado, pero que hoy parecería que están dispuestos a sacrificarlo: al exsecretario de la Marina José Rafael Ojeda. Esto cumpliría una doble función: primero, pasar la carga completa a un chivo expiatorio para liberar sus pecados al sacrificarlo, y dos, como en el caso de Adán Augusto López, desvincularse de las personas más cercanas de López Obrador, ya que la sombra del expresidente le sigue pesando a la actual presidenta.


Todo lo que está pasando en el mundo huele tan mal que las moscas no dejan de llegar, expectantes de poner sus larvas en los cuerpos de los que hoy mueven los hilos, porque en cada aparición pública se ven más acabados, con los rostros más desencajados y cargando sobre sus hombros el peso de una puesta en escena que se presentó sobre un escenario sostenido con un sinfín de cadáveres.

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