Posfascismo – Make America Fascist and Christian

Victimarios con Discurso de Víctimas que Hacen Pasar Prejuicios por Argumentos

La mejor manera de desmontar los totalitarismos es exponiendo sus contradicciones e ignorancia. Pero para detectarlas es necesario ser una oposición que desarrolla su intelecto y criterio, ya que, si se discute desde la banalidad, con argumentos o conceptos construidos en equivalencias morales, ya has perdido. _ Esteban Barquera

Make America Fascist and Christian

Ya casi pasó un mes del asesinato de Charlie Kirk, me encanta hacer este tipo de texto después de situaciones, en las que muy fácil se puede predecir el rumbo que va a tomar la historia. Se nos mostró con mucha anticipación el plan que se tenía desde la ultra derecha. Era claro que buscarían reactivar los diversos movimientos de ultra derecha radicalizados y que la muerte de Kirk no solo empeoraría las tensiones entre las dos divisiones de la sociedad norte americana, los Demócratas (liberales, progresista) y los Republicanos (conservadores, populistas).

Si hablamos de fuera de Estados Unidos; podríamos decir que se reflejó en la izquierda vs la derecha -. La segunda situación que ya esperaba y que expuse en mi texto anterior, era la santificación /canonización de Kirk; que claramente vino acompañada de descalificaciones y acusaciones sin fundamento a cualquier persona o grupo que ligeramente se alinea con principio de izquierda, demócratas, comunismo y/o marxismo.

Otra situación ya esperada era que la muerte de Kirk dejaría un hueco, que al parecer busca ser llenado por el posfascismo o derecha más extrema, como la que representa Nick Fuentes – al cual seguramente pronto le dedicare un análisis -. Un elemento que no podía faltar y que estuvimos revisando en mi texto: “Del Progre al Progresismo” y en “Giros de Timón y Símbolos Fundantes”; era que no se perdería la oportunidad de hacer todo un show de este asesinato, cuestión que pudimos comprobar con el tan sonado memorial de Kirk.

Este memorial, funeral de estado, evento político, fue un total espectáculo; que permitió algo que buscaban desde hace tiempo el conservadurismo Norte Americano: poder presentar su ideología basada en el Conservadurismo Religioso. En el evento pudimos apreciar lo que será la nueva política, la cual estará intervenida por la religión de una manera totalmente cínica. Todos los discursos fueron con una estructura evangelizadora y cristiana, en los que incluso comparaban a Charlie con Jesús, eso sí, siempre afirmando que Cristo esta de su lado y los protege; pero por si las dudas colocaron un cristal antibalas.

Las entradas de los oradores fueron al mero estilo WWE / de show EUA, en un espectáculo que duro un poco más de cinco horas, en el que participaron la crema y nata de la política, y más específicamente el poder EUA. Entre los participantes podría destacar a Steven Miller, Marco Rubio, JD Vance y Donald Trump, no por el contenido en sí de sus discursos, que fueron en la línea que ya comenté anteriormente, y que claramente buscan, ya no solo normalizar el discurso político religioso, sino amalgamar sus estructuras con demagogia, dogmatismo y populismo, eso siempre declarando la guerra a todos aquellos que no se alineen a sus filas y le juren lealtad al líder.

Ya pudimos ver los efectos de esta narrativa, casi desde el día del asesinato de Kirk, al cual se le ha blindado su imagen, censurado a todo aquel que se atreva- ya no hablemos de atacarlo -, sino de una censura sistemática a la mínima opinión negativa hacia a Kirk, lo que ha generado despidos, cancelación, agresiones, etc. Sin importar si eres demócrata, conservador, liberal progresista; en Estados Unidos actualmente solo hay un bando y tiene un nombre: Donald Trump; el cual también se convirtió en el rostro de lo que hoy conocemos como posfascismo.

Antes de entrar a la definición de este término, hago un breve paréntesis, para comentar situaciones que se me hicieron curiosas derivadas del memorial: primero, al parecer vimos lo que podría ser una reconciliación de Trump y Musk o mínimo una bandera blanca; que, si bien por la guerra mediática que sostuvieron, cada uno sufrió daños, no parecería haber mermado tanto a Trump. Por lo menos a él se le nota confiado, e incluso su comportamiento ya parece descontrolado, cada vez más cínico; cuestión que demostró con cada, ademán, en cada uno del discurso, y ni hablemos del abrazo “peculiar” que sostuvo con Erika Kirk. Otra cuestión que se me hizo llamativa es el tiempo que duro su discurso, que yo lo interpreto como que de nuevo su ego no podía permitir que alguien brillara más ese día, así fuera el nuevo héroe nacional Charli Kirk.

Ahora sí, ¿qué es el posfascismo? Toda palabra que utiliza el prefijo “pos- “, no solamente significa “después de”, o que esté indicando que una corriente ha quedado atrás, sino que señala una transformación, reconfiguración o superación crítica de los marcos teóricos, ideológicos o históricos que les preceden. Otro lugar en donde se utiliza es en el discurso, aquí su función es estratégica, marcando una ruptura con el paradigma anterior sin negar su influencia, permite nombrar lo nuevo, en ausencia de una categoría para asignarle y permite discutir los límites de las ideas heredadas.

El posfascismo no es un término nuevo, pero si moderno. Este describe fenómenos políticos contemporáneos que retoman elementos del fascismo (autoritarismo, nacionalismo, exclusión, xenofobia) pero sin replicar sus formas clásicas. Es más difuso, mediático, populista y adaptado a democracias liberales, pero en especial a un mundo globalizado, en el cual las redes sociales juegan un papel no solo relevante, sino fundamental. De por si, hablar de fascismo es complicado ya que no hubo, ni hay solo uno. Por ejemplo, tenemos el italiano, el alemán, el francés u otros menos mencionados como el de la Guardia de hierro de Rumania y la cruz flechada en Hungría. Incluso podríamos hablar de un fascismo latinoamericano, no implementado, pero si modelos de gobiernos que adoptaron rasgos del fascismo europeo.

El posfascismo también integra una característica que han intentado implementar todos los fascismos la invisibilización histórica de las causas del fascismo, es decir, rechaza e intenta distinguirse del fascismo histórico, sobre todo porque la ultra derecha se alinea mucho con rasgos fascistas, pero no les gusta que les digan fascistas así que lo quieren separar. A través de retórica supuestamente revolucionaria, pero que en realidad busca volver al pasado, claramente tienen una añoranza a las políticas del pasado, que para ellos era mejor.

La eugenésico racial, ahora es etnicismo cultural, compuesto por nacionalismo, pero también por chovinismo (patriotismo). Antes eran antisemita, ahora son en general xenofóbicos y en Europa se están inclinando fuertemente por la islamofobia; pero la finalidad es la misma tener un enemigo interior que señalar, que es el que ha corrompido el cuerpo nacional.

También podemos observar que tiene un carácter de religión política – como argumentaba al comienzo de este texto -, que cumple los mismos elementos que cualquier religión: mito, rito y ley: cuando hablamos de los Estados Unidos y sus mitos daría para un ensayo, pero por mencionar algunos; el sueño americano, los padres fundadores, la misión divina de EUA en el mundo, el dador de estabilidad; para los ritos son expertos: memoriales, el 4 de julio, las elecciones; y la ley: generalmente es la constitución la cual contiene sus famosas enmiendas, pero este nuevo gobierno la quiere complementar con los evangelios y entregársela a dios, dándole una nueva dimensión política y discursiva. Esto es peligroso ya que la voluntad de dios se puede convertir en la del estado y si desobedeces o cuestionas al estado, estas cuestionando y dudando de dios.

Todo esto a través de una estrategia de normalización y no de imposición; prefieren crear toda una imagen cuasi divina del líder, para justificar y alentar su veneración, el tener mártires para que la gente les rinda cultos es parte de la misma estrategia. Buscando perpetuar y reforzar ideas que ya se estaba dejando atrás como los roles de género, no porque estén a favor o en contra, sino porque necesitan fortalecer el culto a la virilidad ya que ha demostrado ser eficiente para controlar las masas.

Este detalle no es menor, ya que es pilar de su estrategia simbólica, política, psicológica, para fortalecer una estructura donde el control por la fuerza física comenzará a ser cada vez más presente, en donde el hombre como guerrero, padre, líder, protector y héroe será restaurado en su dominio como el único que merece ostentar el poder, la virilidad como símbolo de orden y autoridad. Sobra decir que esto buscará relegar a la mujer al papel de madre y reproductora de la nación y de los nuevos héroes.

Al hacer que el hombre sea la fuerza activa de la nación, veremos fortalecidas las ideas de militarización institucionalizada en la política, como una estrategia aceptada, incluso bien vista. Porque la disciplina, el sacrificio, la obediencia y la violencia serán los valores que se esperarán de los ciudadanos de una nación fuerte, pero que siempre sale avante, aunque la ataquen continuamente. Esto lo podríamos incluso analizar de la canalización de la energía libidinal al estado y la sublimación del deseo según Jung. – Esto, inevitablemente me dejo pensado en toda la ola de incel´s y lo complicado que se está convirtiendo que hombre y mujeres conecten / pongan de acuerdo, y en algunos casos hasta parecen ya bandos ideológicos y políticos. ¿Y si no es casualidad y si siempre fue el plan? ¿Y si Disney no es malo en estrategias de inclusión, pero sí muy bueno en estrategias de irritación social? –

No hay que perder de vista que cuando más se desarrollaron los movimiento o estados fascistas en Europa, ocurrieron varios factores de manera consecutivas, que se están repitiendo – mundialmente – y por lo tanto reactivando el autoritarismo. Si bien el fascismo clásico — de Mussolini, Hitler, Franco — pertenece a una época específica, sus condiciones de posibilidad no han desaparecido. Por el contrario, en el contexto actual, se reactualizan los vectores fundamentales que favorecieron el ascenso del fascismo / posfascismo:

La amenaza percibida por las clases acomodadas

El fascismo no fue un movimiento espontáneo de las masas, sino una reacción organizada y financiada por sectores de poder económico que veían en el socialismo una amenaza existencial. Enzo Traverso, en La historia como campo de batalla, señala que el fascismo fue una contrarrevolución moderna, una respuesta violenta y estética al avance de las luchas obreras y al temor de una transformación radical del orden capitalista. Las élites industriales y financieras no dudaron en apoyar a Mussolini y Hitler como diques de contención frente al comunismo.

Hoy, aunque el socialismo como fuerza política ha sido debilitado por décadas de neoliberalismo, persiste una forma de pánico moral entre las clases acomodadas ante cualquier discurso que cuestione la acumulación, la propiedad o la herencia. El neoliberalismo ha convertido la política en una gestión empresarial, donde toda demanda de justicia social es vista como una distorsión irracional del mercado. La reacción posfascista no se articula ya contra sindicatos revolucionarios, sino contra feminismos, ecologismos, movimientos decoloniales y cualquier forma de redistribución simbólica o material.

El fascismo contemporáneo no necesita campos de concentración para operar: le basta con producir una atmósfera de resentimiento, exclusión y paranoia. La clase media alta, precarizada pero aún privilegiada, se convierte en el sujeto ideal del posfascismo: teme perder lo poco que tiene y culpa a los otros —migrantes, pobres, disidentes, musulmanes— de su malestar.

La crisis de los gobiernos liberales

El fascismo emergió en contextos donde los regímenes liberales habían perdido toda capacidad de respuesta. La República de Weimar, por ejemplo, fue incapaz de contener la inflación, el desempleo y la polarización política. El liberalismo, con su promesa de progreso racional y equilibrio institucional, se mostró impotente ante el caos. El fascismo ofreció una salida autoritaria, emocional y movilizadora.

En el presente, los gobiernos liberales enfrentan una crisis de legitimidad profunda. La democracia representativa se ha vaciado de contenido, convertida en una maquinaria tecnocrática que gestiona intereses corporativos.

El posfascismo se alimenta de esta crisis. Ya no necesita abolir la democracia: le basta con simular que existe para legitimarse, pero actualmente está completamente manipulada. Líderes como Orbán, Meloni, Abascal o Trump operan dentro del marco institucional, pero lo pervierten, lo instrumentalizan, lo convierten en espectáculo. Donde el partido único ha sido reemplazado por redes sociales, algoritmos y marketing político.

La crisis liberal también se manifiesta en la incapacidad de los Estados para garantizar derechos básicos. La privatización de la salud, la educación y la vivienda ha generado una sensación de abandono que el posfascismo explota con eficacia. Promete orden, seguridad y pertenencia en un mundo que parece desmoronarse.

Pérdida del orden global

El fascismo clásico surgió en un mundo en transición: el fin de los imperios, la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la Gran Depresión. La sensación de caos global fue clave para que los discursos fascistas ofrecieran una narrativa de restauración, grandeza y destino nacional. El fascismo fue, en parte, una respuesta a la pérdida de hegemonía.

Hoy, el orden global construido tras la Segunda Guerra Mundial y consolidado tras la Guerra Fría está en crisis. El multilateralismo se debilita, Estados Unidos pierde influencia, China emerge como potencia, y los conflictos regionales se multiplican. La globalización, que prometía integración y prosperidad, ha generado desigualdad, desarraigo y resentimiento.

Esta pérdida de orden global produce lo que podríamos llamar una “ansiedad civilizatoria”. La sociedad ya no sabe qué esperar del futuro, qué valores sostener, qué narrativas creer. El posfascismo se presenta como una respuesta a esa ansiedad: promete recuperar el control, restaurar la identidad, proteger la nación. Pero lo hace desde el miedo, la exclusión y la simplificación.

El posfascismo contemporáneo se articula en clave necropolítica: administra la vida y la muerte, decide quién merece protección y quién puede ser sacrificado. La frontera, el muro, el campo de detención, son sus dispositivos. También la debilidad y pérdida de automatismo que ha sufrido Europa, que de alguna manera por todas las crisis y sufrimiento parecía que sería la brújula moral del mundo, pero ahora vemos que se ha entregado y sometido a los intereses de EUA y de Israel.

Basta con ver lo que pasó estas últimas semanas con la Global Sumod Flotilla, que aun que era una misión de carácter civil, cuya finalidad era llevar ayuda humanitaria y visibilizar el genocidio en la franja de gaza y en general de pueblo palestino. Fue en todo momento abandonada y criminalizada; el 16 de septiembre cuando la ONU sacó a la luz su investigación y declaro que Israel estaba cometiendo genocidio. La percepción por parte de los gobiernos de la flotilla cambio, pero aun así el apoyo dado fue mínimo.

Al grado que se le permitió a Israel atacar y días más tarde interceptar a la Flotilla; la cual fue remolcada y los integrantes arrestados. Los reportes y declaraciones más recientes al día de hoy – 06/10/25 – por parte de los integrantes de la Flotilla es que fueron torturados y tratados como criminales; además, de que no todos han sido liberados y mucho menos repatriados.

Estos tres factores, son lo que, cuando se combinan, riman impresionantemente con las condiciones que dieron lugar al fascismo clásico. Sin embargo, para comprender la textura profunda del posfascismo contemporáneo, es necesario atender también a otras aristas que, aunque más difusas, operan como catalizadores culturales, afectivos y simbólicos del autoritarismo renovado.

Uno de ellos es la estetización de la política, que ya Walter Benjamin identificaba como rasgo esencial del fascismo. Si en el siglo XX se trataba de desfiles, arquitectura monumental y símbolos patrióticos, hoy la estetización se ha digitalizado: el líder posfascista se construye en redes sociales, en memes, en transmisiones en vivo, en debates sin objetivo solo ser vocales, que mezclan espectáculo y agresividad. La política se convierte en performance, y el poder se mide por la capacidad de generar afecto, escándalo o viralidad. La imagen del poder importa más que su mismo ejercicio.

Finalmente, la fragmentación epistémica —la pérdida de confianza en los medios, la ciencia y las instituciones— ha abierto la puerta a las teorías conspirativas, los revisionismos históricos y las narrativas paranoicas. El posfascismo se nutre de esta desconfianza, promoviendo un pensamiento mágico, emocional y reactivo. Se nos presenta un mundo que ya no solo no necesita verdad, sino la rechaza.

Estos factores no operan de forma aislada, sino que se entrelazan con los tres vectores principales, creando una atmósfera propicia para el posfascismo. No se trata de una repetición mecánica del pasado, sino de una reconfiguración adaptada a las condiciones del presente. Y que sí exige ser más cuidadoso en los analices, me resulta casi repugnante leer artículos, ver videos y comentarios en internet que simplifican todos como si la geopolítica no existiera, como si las problemáticas nacionales no se vieran de ninguna forma impulsadas por intereses extranjeros. Si van a ser perezosos para pensar, también sean perezosos para poner idioteces en redes, mi hígado se los va a agradecer.

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