Por: Marco Antonio Muñoz Co-Fundador Templo de Satán
Se ha dicho en la última década que estamos en la era de la información pues ahora la red nos permite acceder a un conocimiento casi ilimitado en todas las áreas, ahora como nunca en la historia de la humanidad podemos conectar con personas de prácticamente todos los rincones del mundo, tenemos a nuestro alcance casi de forma inmediata libros, películas y música, podemos visitar museos que están en otros países de manera virtual, podemos escuchar a divulgadores filosóficos y científicos con un solo click. Aun con todo esto la superstición sigue creciendo, si bien cada vez más se abandona la visión de las religiones tradicionales, esto no ha servido para superar el oscurantismo de la superchería y tenemos ahora un brote de creyentes en cristales, cuarzos, terapias pseudo médicas, gurús que tienen el remedio para todos males y conspiranoicos que tienen todas las respuestas a todo fenómeno político/social.
La senda de mano izquierda no está libre de estos males, muy al contrario, una ideología que tenía como fin el descubrimiento y entendimiento del ser así como el de los misterios del universo, sigue abrazando y romantizando las muchas formas de abracadabra, no es raro ver en las redes los “iluminados” de Satán que condenan todo conocimiento adquirido mediante el estudio y la lectura porque según ellos tienen el “don”, cual profeta mercader de las religiones blancas, estos mercanchinfles venden toda suerte de remedios, pactos y amuletos, en lugar de llevar la antorcha de la llama del conocimiento, ponen un velo de ignorancia.

En cada nación el resurgimiento de nuevas formas de fascismo disfrazados de una “nueva derecha” ponen de manifiesto que no hemos aprendido nada como especie, van menos de 60 años del fin de la última gran guerra y resurgen cada vez con más fuerza los terrores xenófobos y racistas, seguimos viendo en la otredad al enemigo, los políticos en el poder quieren seguir llevando sus prejuicios e ignorancia como bandera y la masa que no es capaz de cuestionarlos repite como merolicos toda la basura que sale de sus bocas.
Cada día se comparten por las redes cientos, miles, de vídeos de pseudociencia y conspiranoia, que aunque no muestran ni una sola evidencia de sus dichos, la gente les cree, ganan cada vez más espacio en redes y medios tradicionales, a los cuales no les interesa filtrar la información y comprobar la veracidad de lo que dicen sus invitados, si trae reiting lo invitamos aunque de su boca salga la más brutal de las ignorancias.
Como seguidores del satanismo debemos ser el contrapeso a toda esta avalancha de ignorancia, debemos portar la llama negra más allá de su concepto ocultista y debemos brincar ya los “conocimientos” que se desprenden del ocultismo mismo, pues ya han sido superados por la ciencia, ningún grimorio nos dará respuestas sobre los misterios del universo como nos lo da la física, ningún chaman será tan efectivo como la ciencia médica, ninguna pseudo terapia espiritual será tan eficaz para nuestra salud mental como lo es la psicología y psiquiatría. Fuera del valor histórico que puede tener el rescate de la herencia pagana y ocultista ponerla ahora como un dogma incuestionable sería un gran error, pues solo estaríamos cambiando una superstición por otra, ignorancia pagana encima de ignorancia cristiana, porque si, creer en duendes, hadas, leer runas, caracoles, ponerle ofrendas a figuras del diablo es ignorancia sino lo hacemos meramente por diversión o como una forma consiente de sublimar nuestras emociones subjetivas mediante el ritual en forma de psicodrama. Carl Sagan ya veía con preocupación esta creciente tendencia a mediados de la década de los 90´s, dejándolo plasmado en su obra El mundo y sus demonios.
Portemos pues la llama negra del conocimiento mediante la ciencia, la razón, el escepticismo y el cuestionamiento, no caigamos en la tentadora comodidad de las respuestas fáciles a preguntas complejas, bajemos del pedestal a las personas del poder y no permitamos que su ignorancia hable en nuestro nombre, todo esto ya lo hicimos y nos sumió en mil años de oscuridad.