Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán
Todo camino de iniciación puede ser leído como un camino de salvación _Mircea Eliade

He notado que muchas personas se interesan en la alquimia, pero a menudo caen en la confusión de pensar que es magia, ciencia, o una mezcla de ambas. Sin embargo, la alquimia no tiene nada de magia; pero si es, una precursora de la ciencia, especialmente en lo que respecta al desarrollo del equipamiento y su sistematización, por ejemplo, la destilación, el uso de hornos y crisoles.
Digo que no es magia, ya que esta busca forzar la realidad / naturaleza a someterse a nuestra voluntad, mientras que la alquimia sigue el camino de la naturaleza, e intenta replicar sus resultados (los de la naturaleza) a escala humana, por eso algunos se referían a ella como “la agricultura celeste”, pues al igual que la agricultura transforma la tierra para producir cosechas. Además, la alquimia, llenó de principios filosóficos, analogías y metáforas el laboratorio, y los elementos con los que se trabaja, tanto materiales como el instrumental; gracias a esto se le deben varios avances científicos, metodologías de investigación y entendimiento de la materia.
Hay dos puntos en donde surgió la alquimia de manera independiente: China y Egipto, y no hay evidencia histórica que acredite que hayan sido influenciada una con la otra, así que aun que en esencia su fin último sea igual, los métodos y la filosofía detrás de los mismos suelen diferir bastante, ya que los chinos estaban más centrados en la alquimia como medicina y en la forma de encontrar la inmortalidad y la egipcia / occidental se enfocaba más en la búsqueda de la piedra filosofal y trabajo con metales, ya que consideraban que los metales eran un embrión y dentro de la tierra se gestaban; así que del mercurio se podría pasar al oro en un proceso, para ellos dentro de la tierra ocurría de la misma forma.
Una parte importante de la filosofía alquímica incluye los cuatro elementos aristotélicos –tierra, agua, aire y fuego– constituían la base de todo lo que existe en el mundo sublunar, es decir, en el ámbito terrestre. Según esta corriente filosófica, estos elementos están en constante cambio y transformación, ya que poseen cualidades opuestas (calor, frío, seco, húmedo) que permiten su mutua conversión. Sin embargo, Aristóteles también enseñaba que más allá del mundo terrestre existía un quinto elemento, el éter, que componía los cuerpos celestes y era eterno, inmutable e incorruptible, en contraste con los elementos cambiantes del mundo sublunar.
Con el tiempo, esta idea fue reinterpretada por los alquimistas, quienes consideraron que los cuatro elementos terrenales eran corruptibles precisamente por su relación con el mundo físico, terrenal y material. Para ellos, el mundo sublunar estaba marcado por la decadencia y la corrupción, mientras que el quinto elemento, también conocido como quintaesencia o materia informe, representaba la pureza y la eternidad. Esta quintaesencia, según los alquimistas, trascendía a los elementos corruptibles y era el principio de todo lo que es eterno e incorruptible, lo que los llevó a buscarla como parte de su trabajo en la transformación y purificación de la materia.
Y tenían muy claro el proceso por el que la sustancia pasaba y sus tres fases, a lo que llamaban Gran Obra: la materia informe que era negra (nigredo), luego pasaba al blanco (albedo), posteriormente a color rojo (rubedo), en esta última etapa es donde se creía se podría obtener la piedra filosofal; generalmente en manuscritos la vamos a ver representada con el fénix que renace de las cenizas. Esta figura de resurrección, transformación profunda, evolución, apoteosis, individuación, etc. Ya la podemos ver en múltiples mitologías o filosofías. La alquimia es un camino de iniciación, purificación, recuperación y retorno; una forma de conocimiento, compuesta de la cultura egipcia, la filosofía griega (neo platonismo, estoicismo, hermetismo, cristianismo), las artes químicas aplicadas. La alquimia no ha tenido un fin ya que aún existen personas que la practican, pero más allá de su parte experimental, el proceso de transformación que nos enseña, solo será revelado para unos cuantos; pero no porque sea oculto o místico (que algo de eso hay, pero, de eso hablaremos en otro texto), sino porque es una decisión, es vencerse a uno mismo, es renacer.

La historia de la alquimia es intrincada, extensa y sumamente rica; aquí les dejo algunos acontecimientos y personajes importantes en dicha historia:
Hermes Trismegisto es una figura legendaria que no tiene una existencia histórica concreta, sino que es una combinación del dios egipcio Thot y el dios griego Hermes. Se le asocia principalmente con el período helenístico, alrededor del siglo II o III d.C., aunque sus enseñanzas y escritos han sido influyentes durante muchos siglos. Entre las obras que se le atribuyen se encuentran:
- Corpus Hermeticum: Una colección de textos filosóficos y teológicos que abordan temas como la naturaleza de la realidad, la divinidad y la transmutación alquímica.
- Tabula Smaragdina (Tabla Esmeralda): Un texto breve pero influyente que contiene principios alquímicos y esotéricos, famoso por la frase «Como es arriba, es abajo».
- El Kybalión: Aunque escrito en el siglo XX, se basa en principios herméticos atribuidos a Hermes Trismegisto y explora leyes universales como la correspondencia y la causa y efecto.
Siglo IV a.C.
Alejandro Magno derrota a los persas (330 a.C.). Esta victoria fue crucial para la transmisión de conocimientos, ya que abrió la barrera cultural entre Oriente y Occidente. Con la expansión de su imperio, Alejandro permitió que ideas y prácticas orientales como la alquimia fluyeran hacia el mundo occidental.
La fundación de Alejandría por Alejandro Magno en 331 a.C. y la creación de su famosa Biblioteca tuvieron un impacto significativo en el desarrollo y expansión de la alquimia. Se convirtió en el mayor centro de conocimiento del mundo antiguo, atrayendo a eruditos de diversas disciplinas, incluyendo la alquimia. Este entorno permitió el intercambio de ideas y el desarrollo de nuevas teorías y prácticas. Además, la Biblioteca albergaba una vasta colección de textos de diferentes culturas y lenguas, facilitando la conservación, traducción y difusión de textos alquímicos de origen egipcio, griego, persa y más. Alejandría, como ciudad cosmopolita, fue un punto de encuentro para científicos, filósofos y alquimistas de todo el mundo antiguo, fomentando el desarrollo de la alquimia como una disciplina más estructurada y científica. La alquimia en Alejandría no solo se centró en la transmutación de metales, sino que también influyó en la medicina, la química y la filosofía natural. Aunque la destrucción de la Biblioteca fue una gran pérdida, su legado perduró a través de los textos y conocimientos que se dispersaron por otras regiones del mundo antiguo.
Estéfano de Alejandría: Es mencionado como uno de los últimos filósofos y matemáticos neoplatónicos de Alejandría en el siglo VII, y aunque varios autores le atribuyen ser uno de los primeros alquimistas de la época, no hay suficiente evidencia para verificar dicha afirmación. Sin embargo, es posible que haya tenido influencias alquímicas debido a su contexto cultural.
La destilación, una técnica desarrollada por los alquimistas, pasó a formar parte de los laboratorios modernos y se aplicó en la producción de perfumes en Damasco.
Alquimia en el islam
Khalid Ibn Yazid (califato omeya, siglo VII) es considerado el primer musulmán en interesarse en la alquimia. Bajo su patrocinio, muchos textos alquímicos fueron traducidos del griego al árabe. El mundo islámico recogió la herencia alquímica de Egipto y Oriente Medio, y los alquimistas musulmanes comenzaron a desarrollar sus propias teorías y técnicas.
Jabir Ibn Hayyan (Geber): Fue un importante alquimista del siglo VIII, considerado el «padre de la alquimia árabe». Sus contribuciones a la alquimia, química y la ciencia en general, incluyen la destilación, cristalización y el uso de ácidos fuertes. Jabir también exploró las relaciones entre la alquimia y la filosofía natural.
Siglo XII: Transmisión al Occidente Cristiano
El Marqués de Palombara, conocido por su «Puerta Mágica» en Roma, es otro ejemplo de cómo la alquimia perduró como una práctica mística.
En 1144, Gerardo de Cremona tradujo textos árabes de alquimia al latín, lo que marcó un hito en la historia de la alquimia occidental. Durante este periodo, los eruditos cristianos consideraron la alquimia como una ciencia legítima, sin connotaciones ocultas o prohibidas. Los textos griegos y árabes comenzaron a circular en Europa, generando un auge en el estudio de la alquimia en el mundo cristiano.
Robert de Chester: Traductor del Liber de compositione alchimiae, que fue una de las primeras obras alquímicas traducidas al latín. Su trabajo, junto al de Cremona, ayudó a llevar la alquimia árabe a Europa.
Siglos XIII-XIV: Alquimia Medieval Cristiana
Raimundo Lulio (1232-1316) fue un erudito cristiano que contribuyó al desarrollo de la alquimia. En su obra «Libro del Caos» (1275), Lulio describe el propósito alquímico de recrear a escala humana el proceso de creación del cosmos.
Honorio de Autun escribió Clavis Physicae, otro texto clave para la comprensión de la alquimia medieval. Durante este tiempo, la alquimia comenzó a impregnarse cada vez más de influencias cristianas, tanto en su simbolismo como en sus objetivos.
Alberto Magno (1200-1280): Fue un filósofo y teólogo que escribió sobre la alquimia en sus tratados. También fue maestro de Tomás de Aquino y trató de unir la alquimia con la filosofía natural.
Roger Bacon (1214-1292): Franciscano y erudito inglés, promovió la alquimia como un medio para entender la naturaleza y la creación, además de contribuir al desarrollo de métodos experimentales.
Siglo XVI – XVII: Apogeo de la Alquimia
La alquimia alcanzó su época dorada, impulsada por el auge del Renacimiento y el patrocinio de figuras como Rodolfo II de Habsburgo (emperador del Sacro Imperio Romano), quien fue un mecenas de alquimistas y se cree que incluso practicó la alquimia. Su corte en Praga se convirtió en un centro de estudios esotéricos.
Paracelso (1493-1541), un médico y alquimista suizo, fue crucial, ya que buscó reformar la alquimia y unificar disciplinas como la medicina y la filosofía natural.
Isaac Newton también se interesó profundamente por la alquimia, escribiendo más de un millón de palabras sobre el tema, combinando sus estudios filosóficos y alquímicos con su trabajo en la física. En vida nunca quiso publicar sus estudios ni resultados alquímicos.
Robert Fludd (1574-1637): Su concepto del Alma del Mundo reflejaba la creencia de que una fuerza vital impregna el cosmos, conectando a Dios con la materia. Esta idea influyó en pensadores como Newton, quien lo llamó “el alma material de toda materia”.
Michael Maier (1677): Alquimista y médico alemán que escribió sobre alquimia en obras como Atalanta Fugiens y El Libro Mudo. Su enfoque visual en el simbolismo alquímico influyó en generaciones posteriores. Basilio Valentín: monje benedictino al que se le atribuyen tratados alquímicos importantes, aunque la veracidad de su existencia es discutida.
Thomas Norton: Alquimista inglés que escribió The Ordinal of Alchemy, uno de los primeros textos sobre alquimia en lengua inglesa.
*Francis Bacon (1561-1626), aunque no era alquimista en el sentido tradicional, defendió el método científico y criticó el misticismo de la alquimia en su forma clásica. Fue un precursor del pensamiento científico moderno, pero su influencia afectó a los alquimistas, quienes empezaron a adoptar métodos más empíricos.
*Nicolás Flamel (1330-1418) es conocido popularmente por sus supuestas investigaciones en alquimia, aunque la mayoría de las historias sobre él se originaron mucho después de su muerte. Según la leyenda, descubrió el «secreto de la piedra filosofal», pero no hay evidencia concreta de que hiciera contribuciones reales a la alquimia.
Siglo XVII: Alquimia y Religión
La alquimia se volvió cada vez más marcada por el cristianismo, adoptando símbolos y fines más teológicos. Un ejemplo de esto es el trabajo de Jean Baptiste van Helmont (1648), un médico alquimista que intentó unificar la alquimia con la teología cristiana. El libro Speculum Sophicum Rhodostauroticum (El Espejo de la Sabiduría y de la Gracia) refleja esta creciente conexión entre la alquimia y el misticismo cristiano.
Siglo XVII: Las Mujeres en la Alquimia
Marie de Gournay: fue una filósofa francesa y defensora de los derechos de las mujeres que también exploró el simbolismo alquímico.
Cristina de Suecia: reina de Suecia, mostró interés por la alquimia y las ciencias ocultas, fue mecenas de grupos de alquimistas, su presencia e interés en este campo lo legitimo, también contribuyo a la conservación de manuscritos y textos no solo de alquimia, sino de otras ciencias. Martine de Bertereau: noble francesa y alquimista, hizo contribuciones significativas a la minería, aplicando técnicas alquímicas a la prospección de minerales.