La mala conciencia, y la separación cuerpo y espíritu

Un Análisis de la Dualidad como Herramienta de Dominación

Por: Esteban Barquera Co-Fundador Templo de Satán

“No hay un grado de ascetismo, ni de domesticación que cure la enfermedad que hay en nosotros, tampoco nos ayuda a saldar la deuda que se paga con sufrimiento; así que mejor déjate llevar por tus instintos, porque ya es momento de buscarnos en nuestro interior para liberarnos de las cadenas mentales que nos provocan tanto malestar. El camino no es la redención, es el egoísmo confeso.” _Esteban Barquera

“Yo sabía que era posible estar desesperado, pero ignoraba el significado de esa palabra. Creía, como todo el mundo que era una enfermedad del alma. Pero no, el cuerpo es el que sufre” _Albert Camus

Religión y política, temas prohibidos en la reunión familiar, ¿para qué mencionarlos si es como correr en círculos?, ¿no?; además, los líderes ya nos dijeron cuál es la verdad y solo nos queda trabajar para el sistema. Oye, no estés molesto; la ira enoja a dios.

Es un circo mediático; la derecha se fortalece, quiere ser dueña del mundo, sin importar el desastre que deje detrás. Ya convenció a todos de que esta vida no es importante, porque si disfrutas, debes sentir culpa. Concéntrate en la otra vida, trabaja duro porque si no, no verás el fruto de tu trabajo, ni el fruto prohibido en el paraíso. ¡Vamos, esfuérzate! O no conocerás a tu dios.

Pobre de ti cuando toques las puertas del cielo y no te dejen entrar por miedo a que los apuñales por la espalda. Créeme, ni la culpa ni el remordimiento lo van a evitar; la crueldad es parte de tus instintos. Vamos, mantenla encerrada y verás cómo se come sus propios dedos y, sin ellos, ya no podrá rascar ni un poco de vitalidad.

Y como hablar de política esa que ha instrumentalizado la mala conciencia, exacerbando la dualidad entre cuerpo y espíritu, entre el mundo terrenal y el divino. Buscando fomentar una visión negativa del cuerpo y de los deseos humanos, para someter al individuo, haciéndolo sentir culpable por sus necesidades más básicas y dirigiendo su atención hacia un objetivo supuestamente trascendente; quiere que seda el control de su comportamiento.

Que buen recurso resulto ser la dualidad ya que su retórica poderosa permite establecer jerarquías de valor y decir que está ahí para encontrar al hombre justo, ese que se logra desasociar de lo material y lo pecaminoso. Y vanagloria al espíritu que es elevado a la categoría de lo divino, lo inmortal, lo puro. Esta dicotomía desvaloriza el cuerpo y sus necesidades, presentándolo como una cárcel para el alma, así que es nocivo y hay que quemarlo hasta que la libere de su propia caverna, en donde vive conociendo el mundo con las sombras que se proyectan en el fondo, lejos de la tentación y el placer, ya que este es visto como una tentación que aleja al individuo de la virtud y de dios. Así que su deber es exaltar la máxima expresión de la moralidad. El mundo terrenal es concebido como un lugar de sufrimiento y pecado, mientras que el mundo divino es presentado como un paraíso; por algo es un jardín, en donde crece el árbol de la resignación y la sumisión.

Ahora que lo tienes interiorizado, ya no lo verás como represión, sino como una cláusula más del contrato social. ¿Quieres los beneficios de esta sociedad? Aprende a vivir ajeno a tu cuerpo y a rechazar sus necesidades básicas; esto facilita la eliminación de estas necesidades del discurso político. Si el cuerpo es visto como una fuente de pecado y sufrimiento, entonces sus demandas son legítimamente ignoradas o incluso castigadas. La internalización de la mala conciencia conduce a un odio hacia el propio cuerpo, visto como la causa de todos los males. El individuo se siente en deuda con una autoridad superior: dios, la sociedad, el estado, y cree que nunca podrá saldar esta deuda. Esta sensación de culpa perpetua lo lleva a buscar constantemente formas de expiar sus pecados, trabajando sin descanso, renunciando a los placeres o sometiéndose a diversas formas de autocastigo.

¡Vamos, pequeña marioneta! ¿Qué es un puñetazo más?, anda, pero esta vez date en la nariz que te quiero ver sangrar; si no obedeces, perderás todo por lo que has trabajado. ¡Vamos, pequeña marioneta! ¿Qué es un puñetazo más? Uno fuerte que adormezca tu conciencia y evite que estés pensando en revueltas. Eso no te llevará a ningún lado, que no ves que el estado no se puede reformar; antes te devorará con tal de conservarse.

En ningún lugar estamos a salvo, nadie nos puede proteger, no podemos confiar en lo más básico, ni en el lenguaje, con el cual manipulan el significado de las palabras, las cuales ahora les pertenecen, así simplemente describir la realidad para verla como el dominante quiere que la veamos. La verdad, el estado, la justicia, el cuerpo, el placer, el deber, ya no son lo que creíamos, ya han cambiado tanto de significado que ni ellas mismas se reconocen; tienen que llegar neologismos a intentar poner orden con la ventaja de que son palabras sin historia.

Hablando de historia, pobre, todos los secretos que ha tenido que guardar, siempre al servicio del vencedor; solo ellos tienen el derecho de contar su versión. Estos vencedores son los mismos que se les ocurrió inventar los pecados para mantener a los esclavos vigilándose entre ellos; entre estas prácticas mal vistas estaba el egoísmo, claro, si eras el amo, era totalmente tolerado.

Así que el esclavo se tenía que comprometer con el amo a no romper estas reglas, o no caer en esas conductas inaceptables, aspirando a que un día podría acceder a la buena voluntad del amo, esa que solo puede haber entre personas del mismo estatus de poder, para ser visto como un igual. No vio que en el momento que aceptó el compromiso, aceptó mantenerse por debajo del amo.

Ahora no solo es esclavo, sino desfavorecido, y tiene que aceptar cualquier cosa que se le imponga, y si no cumple, se le castigará, o lo que es lo mismo, el amo se regocija en su venganza. Pero así nos pasa a todos, nada más satisfactorio que la venganza, por algo la consideramos dulce; es como si nos pusiera por encima del castigado, nos hace sentir amos por unos instantes. Hasta que no rechacemos ser el amo, las costumbres como ley, no busquemos descargar nuestra violencia en el débil, hasta que una vida inmortal deje de ser nuestra máxima aspiración, no superaremos la angustia, ni podremos entregarnos al presente, y mucho menos podremos renunciar por completo a la búsqueda de la redención, para ser dioses humanos que veamos a los demás más que como simples perros de paja.

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