Por: Esteban Barquera co – fundador Templo de Satán
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación _ Charles Dickens
La marcha antigentrificación en CDMX destapó un cúmulo de problemáticas con las que habíamos convivido, que habíamos decidido ignorar, porque simplemente no nos preocupaban desde la posición en que nos encontrábamos. Pero la realidad se vuelve tan aplastante y la dictadura de mercado se vuelve más cínica y nos respira en la nuca. El pasado 4 de julio 2025 se llevó a cabo en Parque México una asamblea que tenía como objetivo discutir las cada vez crecientes problemáticas derivadas de la gentrificación en CDMX.
La convocatoria original era hacer comunidad, discutir las problemáticas, plantear posibles soluciones para poder presentarlas a Clara Brugada, actual Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.Como contexto: ya se han tenido serios problemas con actores políticos, en especial jefes de gobierno, con respecto al tema de la gentrificación, pero de igual forma con el “proyecto del Programa General de Ordenamiento Territorial de la CDMX”. Desde que Claudia Sheinbaum era jefa de gobierno, todo se aprobaba con supuestas consultas que la gran mayoría de las veces fueron simuladas o donde participaban empleados de las alcaldías, y esto no ha cambiado con la actual jefa de gobierno.
El tema del PGOT es extenso, pero los invito a descargarlo y leerlo, ya que, de una vez les digo, es más parecido a un guion de película de terror que a un plan viable o sustentable de desarrollo. Debido al clima de incertidumbre por un problema creciente, enojo que proviene de experiencias personales e historias de terror narradas en el evento, aunado a un estresado clima geopolítico, se inició una marcha espontánea que, por la gran cantidad de gente y la desorganización, se dividió en dos frentes: uno con dirección a Reforma y otro tomó Av. Álvaro Obregón con dirección a Plaza Río de Janeiro. La gran mayoría del recorrido de las movilizaciones se hizo en paz, pero hubo momentos álgidos y convulsos desde su salida de Parque México, ya que algunas personas que apoyan la gentrificación o que no estaban totalmente de acuerdo con las consignas del mitin confrontaron a algunos de los participantes.
También es importante mencionar que la movilización, desde el comienzo, se incitó como acción directa «hacia las cafeterías y restaurantes» aledaños, llamado que se hizo desde el estrado, y que, aunque otro grupo, al parecer no estaba a favor de esto, aun así, de manera irresponsable – a mi parecer – otro grupo seguía alentando que se iniciara la manifestación, sin ningún tipo de organización previa. Y los que hemos estado en marchas, y más aún los que las hemos organizado, sabemos que al final tienes una responsabilidad de cuidar a las personas. Una marcha no solo es juntarse y recorrer la ciudad gritando consignas, ya que muchas cosas pueden salir mal.Tengo que reconocer que de las cosas que más me emocionó de esta movilización, fue ver varias luchas sumadas, o más bien, convertir una lucha en todas las luchas, porque como recordarán, venía criticando las luchas aisladas ya que son poco eficientes, pero las dolencias conjuntas y focalizadas son más poderosas.
Claro que hubo varias cosas que pasaron durante la manifestación con las que no estoy de acuerdo y otras que hubiera hecho diferente. Una de ellas es la que ya mencioné de poner en riesgo a los participantes, y esto es porque las autoridades no suelen reaccionar bien a las marchas. Aunque el artículo 9° (CPEUM), también se contempla en el artículo 7° (CPCDMX), etc., se contempla que tenemos derecho a reunirnos para protestar, pero también estos documentos protegen derechos de terceros. Por lo tanto, se suelen tener protocolos sobre todo de seguridad, lo que conlleva una planeación previa para conocer bien las rutas, los alcances que puede tener dichas manifestaciones para mantenerse legítimas y dentro de la ley.Otro aspecto que no me encanta es la destrucción de propiedad de terceros, más en una manifestación en donde se supone que se está luchando por el bien común.
Habría que analizar casos en particular con los que podría estar más de acuerdo o en desacuerdo. Matizado esto, un Starbucks me da completamente igual, al igual que una pérgola, pero atacar negocios que no sabes si son de mexicanos (que lo más seguro es que sí), con personas dentro de ellos, no creo que sea correcto.Esto porque, uno: estoy seguro de que la situación no lo ameritaba; dos: porque suele desviar la conversación de lo que al final se está pidiendo, además de que la narrativa mediática busca provocar un fraccionamiento social, que merma la comunicación, provocando la formación de bandos, lo que dificulta crear un frente unido de protesta; y tres: arremeter contra pequeños negocios es no entender de dónde surge la problemática.
Me explico: la gentrificación no es un «fenómeno», no se da de manera orgánica, es el resultado de un cúmulo de acciones de los gobiernos, usualmente acompañada de uno o varios acontecimientos catastróficos (en el caso de la CDMX: terremoto de 2017, COVID-19), que deriva en la rehabilitación o reacondicionamiento de una zona o zonas de la ciudad, lo que estimula el interés de los locales con mayor poder adquisitivo de habitar esa zona, ya que se mejoran aspectos como servicios, seguridad, capital cultural, capital social, etc., generando un desplazamiento en efecto dominó de las personas que ya habitaban ahí y que inevitablemente desplazaran a otras personas. Pero también de centralización de las actividades comerciales, corporativos y se vuelven epicentros de nuevos negocios, ya que cobra fuerza la vida social de la zona.
Esto crea un interés primero turístico, después de trabajos remotos por cortos lapsos de tiempo (nómadas digitales), y en paralelo al anterior o como paso siguiente: la migración de extranjeros que ven mejor oportunidad en el país, ya sea porque los trabajos de su país son mal pagados, están pasando por alguna crisis o simplemente porque son expatriados que ven ventajas en venir de países, o trabajar en empresas que están en países donde su moneda es más sólida que la local. Los nuevos negocios pueden obtener mayor afluencia, más mano de obra, generalmente con salarios mínimos debido a la demanda de empleo que, al ser transitorio para algunos, no se tienen que preocupar por apegarse a la ley en temas laborales; también pueden subir sus precios porque su nuevo público tiene mayor poder adquisitivo.
Todos estos elementos buscan generar mayor ganancia para el negocio, lo que dará como resultado mejoras estéticas, ampliaciones, más difusión, incremento de la oferta gastronómica y productos de consumo; pero la falta de regulaciones y seguimiento del estado de los empleados los destina a mejoren poco o nada sus condiciones materiales. También podríamos profundizar en la sobreexplotación de recursos naturales, la discriminación en contrataciones o la preferencia sobre personas que puedan desempeñarse mejor o comunicarse mejor con el nuevo público de los negocios y la modificación o rechazo de la cultura de los territorios barrializados donde se estén dando estas problemáticas. El caso es cómo podemos ver que la gentrificación se suele dar por los locales, aunado a iniciativas de los gobiernos.
Los extranjeros suelen llegar a zonas que ya están o se encuentran en proceso de gentrificación. Esto fue lo que pasó en México: la pandemia fue la catástrofe que se utilizó para justificar en 2022 que la Jefa de Gobierno de ese año y ahora presidenta de la república, Claudia Sheinbaum, hiciera un convenio con la plataforma digital de alojamiento Airbnb y la Unesco, para que, en palabras de ella, la CDMX se convirtiera en la «Capital del turismo creativo» e invitó a «que todos los trabajadores remotos del mundo vengan», dijo. Y desde ese momento se prometió que este convenio se haría de la mano de la SEDUVI para evitar todas las problemáticas que pudieran derivar.
Tres Doritos después: intervino mínimamente la SEDUVI y no se evitó ninguna problemática; al contrario, Airbnb (y otras plataformas similares) se apoderaron de la ciudad, en especial Roma, Condesa, Juárez y Centro Histórico, provocando una ola de desalojos manejados como legítimos, pero en la mayoría de los casos no fue así.También se incrementó radicalmente el consumo de agua en la ciudad. Este problema ya se ha venido arrastrando desde hace tiempo, al punto que ya se bombeaba agua de distintas presas alejadas de la ciudad.
Esto ayuda a cubrir la demanda de agua, otra parte se cubre con la acumulada en los mantos freáticos, pero al tampoco alcanzarnos, se redujo la dispersión en zonas de bajos recursos/marginadas. Pero como siempre, las políticas mal hechas traen consigo consecuencias que generalmente se ocultan o se hacen ver como no tan malas: el bombeo de agua de presas lejanas es más costoso, además de que suele perderse una gran cantidad de agua en el camino; el diseño de la ciudad y de su drenaje no permite una buena recarga de los mantos freáticos; sobra decir que no está bien quitarle agua a un grupo de personas para dársela a otras y mucho menos está bien mandar la fuerza pública para detener manifestaciones que se quejaban de esta injusticia – hablo del caso de San Gregorio Atlapulco, Xochimilco –. Actualmente esa comunidad tiene problemas con el abasto de agua y se les sigue prometiendo que se solucionará, pero antes se llamará ha consulta, ya que según el gobierno, «no les quiere imponerles nada», no vaya ser que no quieran agua y estén deseosos de recibir más opresión.
En medio de todos estos problemas y malas decisiones, el capitalista vio una oportunidad en este mercado floreciente que, al tener un enorme potencial de retorno de inversión, se ve la oportunidad de sacar más dinero, literalmente sacarlo. Les explico: inicialmente el local tiene su propiedad o propiedades y ve una oportunidad de conseguir un ingreso extra con una plataforma de alojamiento, primero una habitación, después el departamento entero. Con los nuevos precios se puede dar el lujo de cambiarse a una zona menos popular para sacar un margen a su propiedad que está en una zona de alta plusvalía, así que obtiene un margen. Ya con él, puede hacer lo que quiera, en el mejor de los casos «vivir de sus rentas», pero lo importante es que ese dinero, en la gran mayoría de los casos, se queda en el país.Hasta que voltean a ver esto monstruos inmobiliarios con capital de inversión y entonces buscan inmuebles con potencial de alto margen: predios abandonados, irregulares, habitados por personas desprotegidas, pero principalmente predios que el gobierno «quiere mejorar».Ellos ofrecen que se vea bonito el territorio barrial. Los gobernantes necesitan cifras, métricas, estadísticas para poder decir que generan más empleos, derrama económica, que las zonas se valorizan, los inmuebles de los ciudadanos con inmuebles en la zona ganan plusvalía. ¿Pero qué pasa? Las propiedades entran al mercado especulativo, cuyo único objetivo es maximizar las ganancias y reducir los riesgos.
Entonces ese inmueble renovado también se reforma y se convierte en la mayor cantidad de inmuebles posibles: si era una casa, ahora cada área puede ser un departamento; si era un departamento, cada habitación puede ser un loft o estudio. La gran mayoría de las veces, este mercado especulativo trataba de vender al ya tener la plusvalía lo más alto posible, pero aquí es donde regresa nuestro viejo amigo o más bien amigo del gobierno y los fondos de inversión Airbnb. Que ven una forma de mantener y expandir esta burbuja especulativa el mayor tiempo posible, así que no se tiene que vender, se pueden mantener en renta, y las que no se rentan se mantienen desocupadas, hasta que se ocupen por el precio que se desea; o también se pueden buscar alternativas, como por ejemplo en México el mercado de los coworkings, situación que también encareció los precios de la vivienda, pero también de los locales comerciales.Entonces así, el poder económico captura al poder político, ya que, al controlar parcialmente en qué momento explota la burbuja, el gobierno toma decisiones con base en las necesidades de estos grupos de inversión extranjeros. Además, mientras están funcionando, aunque la gran mayoría del dinero ya se llevó a otro país, parte del dinero sigue circulando en el mercado local y nacional; pero si necesitan retirarse, todo el dinero es sacado rápidamente y enviado al país de origen del fondo de inversión, generando todo un colapso y una recesión económica.
Para ir cerrando este texto, quisiera criticar las consignas de la marcha, que muchas parecían escritas por gente de MAGA o conferencistas de CPAC. Entre «mata a un gringo, haz patria/barrio», «México para los mexicanos» y «habla español, estás en México», por mencionar algunos, sí hicieron que se me retorciera el estómago. Y antes de que salgan con: – claramente se decía de modo metafórico -, no sé si ejemplos como: Estados Unidos o Argentina no les ha quedado claro. Pero estos discursos suelen trascender y alcanzar el plano de la realidad, donde la violencia por muy «metafórica» que sea, cuando se convierte en balas, cuchillos o puños, quita vidas.Voy a tomar estos tres ejemplos por el momento: el primero, creo que sobra decir por qué se me hace una pendejada, pero sí refleja que estamos más cerca de los fachos de lo que nos gustaría aceptar, además de que denota un nulo conocimiento de la labor de resistencia desde los márgenes o los territorios barrializados. El segundo, literal, es quitarle toda responsabilidad a los mexicanos que nos pusieron en esta situación, incluido el gobierno, porque hasta donde sé son mexicanos; es decir: «mientras el maltrato, violencia, extractivismo o gentrificación sea local no hay problema». Además de ser un discurso antiinmigración.
La gentrificación no es un conflicto de nacionalidades, sino de desigualdad de clases, que además tiene participantes que nunca han pisado el país. La tercera, esta para mí sí me es muy chocante, ya que me hace recordar cómo los mexicanos migrantes son maltratados con el lenguaje y ver cómo se replican esas dinámicas sí me da asco.Recordemos que el español ha sido históricamente un idioma de resistencia, sobre todo en Estados Unidos, pero eso no quiere decir que sea adecuado invisibilizar los otros 68 idiomas/lenguas del país; pero es más grave cuando uno de los grupos más afectados por el alto índice de desplazamientos son las comunidades indígenas y pueblos originarios. El lenguaje por múltiples motivos es importante y en una marcha no es la excepción. Entiendo lo catártico y satisfactorio que es gritar al unísono para señalar una o varias problemáticas, pero creo que, si se están buscando soluciones, las peticiones deberían ser claras para cerrar la puerta a discursos que nos alejen de las soluciones.
Ya para terminar, me gustaría invitarlos nuevamente a que eviten utilizar el lenguaje del enemigo, o el del opresor, ya que es dar pie a validar o aceptar su narrativa y visión de las luchas; ya he escrito en este espacio sobre mi repudio a las etiquetas como «whitexican», porque se suelen convertir en guías para el orden social, además de mantener conversaciones en la superficie; las luchas deben ir más allá de individuos en particular y más bien centrarnos en los sistemas y las relaciones que los soportan.Reitero, es sumamente esperanzador ver movilizaciones, se requiere mucho valor enfrentar un sistema que solo nos quiere ver siendo productivos, – aplaudiendo el espectáculo de nuestra propia opresión -.
P. D. Espero que todos los que llegaron a decir “las salsas ya no pican” se sientan bien pendejos al leer el chingo de cosas que se podían reclamar.