Pobreza estructural, el costo del Bienestar

“La historia está llena de sonidos de zapatos de madera que suben y sandalias de seda que bajan.” —Voltaire

En verdad yo quisiera que personajes como Benjamín Netanyahu, Donald Trump, Javier Milei, Gerardo Fernández Noroña, Juan Ramón de la Fuente, y demás personajes, jamás hubieran obtenido poder; porque así podría estar escribiendo de otras cosas más interesantes, pero todos los días estos personajes y otros igual o más nefastos; desgraciadamente controlan nuestro futuro y supongo que no tengo que decir por qué me preocupa.

Hay uno en especial que me exaspera, pero, sobre todo, no creo que pueda ser suficientemente objetiva ni que logre evitar beneficiar a grupos muy específicos. Además, todas sus apariciones públicas me comunican una total falta de empatía, ya que le da igual estar hablando de desigualdad o explotación, mientras exhibe su lujo sin ningún tipo de mesura. Les hablo de Altagracia Gómez Sierra, quien actualmente es titular del Consejo Asesor Empresarial y asesora en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Asimismo, coordina el Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR). Se supone que debería ser la responsable de implementar políticas económicas y de desarrollo, como el Plan México.

Pero antes de hablar de ese plan, me gustaría platicar de Altagracia y su familia: ella es hija del empresario Raymundo Gómez Flores, dueño y accionista de un sin fin de empresas, que no voy a mencionar, ya que basta con que pongan su nombre en algún buscador para que salga la larga lista; lo que es menos mencionado, es que él se benefició del famosísimo y siempre criticado Fobaproa.

Recordemos que este sucedió en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, mismo que le permitió a Raymundo Gómez beneficiarse de las privatizaciones. Claro que esto también fue posible, gracias que Rayo – para los cuates – ya venía de una familia bien acomodada e influyente (José Córdoba Montoya, Miguel de la Madrid, Enrique Alfmearo, etc.); lo que le permitió conseguir no solo el recurso, sino los socios estratégicos para las múltiples adquisiciones que hizo. Me gustaría señalar para dimensionar la influencia y poder económico de este personaje, que el patrocinó la campaña del PRI en las elecciones de 1994, junto a Azcárraga Milmo y Carlos Slim. Si bien, aunque esta no era la primera vez (ni la última) que apoyaba a un candidato, fue un salto de su esfera de poder, a una más alta.

Y bueno de ahí pal-real, así ya podemos hablar de Altagracia Gómez Sierra, que para empezar la educación que recibió, fue financiada con recursos saqueados del país; en realidad yo no quería escribir de ella, pero hoy me despierto y, en una plataforma empresarial, presumen las palabras que dice como si de sabiduría perenne se tratara y la parafraseo: – El 2025 será un año difícil. ¿Pero cuándo no lo ha sido? Pero los empresarios siempre hemos salido adelante como en: 1976 devaluación del peso, 1980 inflaciones, 1990 error de diciembre, 2008 la burbuja inmobiliaria, 2016 Donald Trump su primer mandato, 2019 pandemia, 2020 Crisis de chips – para el menos avispado, les comento, todos estos acontecimientos sucedieron por empresarios y gobernantes que no supieron controlar su avaricia (el chiste se cuenta solo); también como buena “conciliadora”, le gusta minimizar las guerras refiriéndose a ellas como conflictos.

Coloco todo el contexto, porque los sin cerebro que aún creen que la meritocracia existe, en especial, la gente que llega al poder como la afamada “DATO PROTEGIDO” siempre quieren que la conversación se mantenga en el supuesto rencor y envidia que le tenemos. Pero a mí más que envidia, me provocan mucho asco, sobre todo cuando salen a dar declaraciones de como cerrarán la brecha de desigualdad, pero traen puesto más de lo que una familia promedio gana en México al año, o la vez que salió con una diadema de diamantes, como si nos anunciara que es la reina de este nuevo intento de implantar el neoliberalismo, pero ahora le llamarán “capitalismo responsable”. Esas cosas solo demuestran su falta de sensibilidad y sus inexorables ganas de presumir sus lujos; esas son las personas que desarrollan los proyectos para reducir la pobreza.  

Eso sí, reajustando el paradigma y nombrando que están desarrollando un capitalismo consciente que con el cual, busca transformar el modelo económico tradicional en uno más humano, ético y sostenible, donde las empresas no solo generen riqueza, sino que también contribuyan activamente al equilibrio del bienestar social y ambiental.

Este concepto ha sido muy empujado por Altagracia Gómez Sierra, la cual afirma que este nuevo capitalismo genera valor económico sin sacrificar el bienestar de sus trabajadores, también este concepto ha sido respaldado por otro participante que a mi parecer es cero confiable, por su desempeño en la UNAM, este es Juan Ramón de la Fuente actual secretario de Relaciones Exteriores y mismo que presenta el plan ante organismos internacionales como el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y en foros como la Cumbre de los BRICS, y cuyas responsabilidades son promover acuerdos bilaterales para atraer inversión extranjera directa, negociaciones con Estados Unidos, especialmente temas arancelarios y de relocalización de empresas; y ya todos sabemos cómo va eso.

¿Pero de qué habla el Plan México?

El Plan México es la estrategia nacional de desarrollo presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum en enero de 2025. Su objetivo principal es posicionar a México entre las 10 economías más grandes del mundo, pasando del lugar 12 al 10 en el ranking global. Es una apuesta integral que articula inversión privada, desarrollo social, sostenibilidad y soberanía económica.

El plan contempla 13 metas estratégicas y más de 2,000 proyectos con una inversión estimada de 277 mil millones de dólares. Entre sus principales objetivos están:

  • Incrementar la inversión pública y privada por encima del 25% del PIB
  • Generar 1.5 millones de empleos bien remunerados
  • Aumentar el contenido nacional en sectores clave como textil, calzado, mobiliario y juguetes
  • Reducir trámites para inversión de 2.6 años a solo uno
  • Desarrollar vacunas nacionales para autosuficiencia en salud
  • Capacitar 150,000 nuevos profesionistas y técnicos al año
  • Facilitar financiamiento al 30% de las PYMES
  • Promover la sostenibilidad ambiental y la seguridad energética
  • Convertir a México en uno de los cinco destinos turísticos más visitados del mundo
  • Disminuir la pobreza y la desigualdad

Según Altagracia Gómez Sierra, que no hay que olvidar que es coordinadora del Consejo Asesor Empresarial, vínculo entre el gobierno y el sector empresarial, principal promotora del mismo (vuelvo a mencionar las responsabilidades para que no se nos olvide que están metida hasta la sopa), nos dice que el plan se articula en cinco ejes clave:

  1. Creación de empleos bien remunerados y calificados
  2. Comercio justo y reciprocidad internacional
  3. Fortalecimiento de cadenas de valor
  4. Capacitación y competitividad de los jóvenes
  5. Seguridad y sostenibilidad en las inversiones

Por si les interesa, ya pueden encontrar el Plan Nacional de Desarrollo 2025 – 2030, y dentro, en la página 198, encontrarán el Plan México.

Todo muy bonito y un poco tedioso de leer el documento, pero entre visiones universales y focalizaciones, de repente la “estrategia” se siente escueta y que estas visiones se contradicen por momentos sobre todo en los temas relacionados con —pensiones, becas, salud, vivienda—, lo curioso es que, aunque critican el neoliberalismo esta focalización es heredada del modelo neoliberal. Esta contradicción revela una ambigüedad estructural: se promete la inclusión total, pero se opera desde la segmentación, por lo que sería bueno que lo desarrollen más, o fuera más explícitas, porque pareciera que lo harán sin desmontar las estructuras que reproducen los problemas en lo particular.

El plan exalta una “economía moral” centrada en el bienestar, pero no enfrenta con suficiente claridad el riesgo que representa PEMEX. La insistencia en fortalecer empresas públicas sin una reforma estructural ni transparencia financiera podría derivar en un escenario tipo Fobaproa, donde el pueblo paga las deudas del Estado. Lo que es un gran riesgo fiscal que hipoteca el futuro de los ciudadanos, para defender un recurso como el petróleo que no está logrando dar los rendimientos que el estado esperaba y que su refinería no está logrando alcanzar la calidad del producto para comercializarlo de una mejor manera, lo que ha colocado al Estado en la posición de tener que decidir si absorber formalmente los pasivos de PEMEX, o no. Esto pondría en tensión el modelo de “economía moral” y bienestar propuesto en el PND.

Sí, considero que estamos en riesgo de un “Pemexproa”, pero aún no se ha anunciado un esquema de rescate para PEMEX. Sea cual sea el plan, implicará en mayor o menor medida una carga directa para los contribuyentes, ya que el estado actual de la empresa estatal es sumamente complicado:

  • Deuda financiera total: Más de 2.05 billones de pesos (aproximadamente 101 mil millones de dólares)
  • Deuda con proveedores: Cerca de 405 mil millones de pesos
  • Participación en la deuda pública nacional: Representa alrededor del 14% del total
  • Pérdidas operativas: PEMEX reportó pérdidas significativas en 2024, interrumpiendo la tendencia de reducción de la deuda de años anteriores

Riesgos fiscales para el Estado:

  • Fitch Ratings advierte que, mientras no se resuelva la crisis de PEMEX, la deuda pública de México seguirá aumentando
  • La relación deuda/PIB pasó de 43.2% en 2019 a 52.3% en 2025, en parte por el peso de PEMEX
  • Expertos como Ramsés Pech afirman que los pasivos de PEMEX son “impagables” y que el Estado tendrá que absorberlos, lo que recuerda el rescate bancario del Fobaproa

* https://www.elimparcial.com/mexico/2025/06/26/mientras-no-se-resuelva-la-crisis-impagable-de-pemex-la-deuda-publica-de-mexico-seguira-aumentando-advierte-fitch-ratings-la-petrolera-mas-endeudada-del-mundo-debe-ya-mas-de-dos-billones-de-pesos/

Regresando PND 2025–2030 contempla el fortalecimiento de PEMEX como empresa pública estratégica, pero no aborda con suficiente detalle los riesgos fiscales derivados de su deuda. El Plan México apuesta por la soberanía energética, pero no plantea un mecanismo claro para evitar que el rescate de PEMEX comprometa el bienestar ciudadano.

Era de esperase que los conceptos como el “Segundo piso de la cuarta transformación” y “Humanismo Mexicano” aparecieran en el documento, pero nos integran uno nuevo, que además escucharemos mucho más de ahora en adelante, el de “Prosperidad Compartida”, que ante la inminente hecatombe que se está convirtiendo PEMEX, me suena a una reinterpretación de la regla de oro del sistema: Privatizar las ganancias y socializar las pérdidas y las deudas.

Que, aunque estos conceptos suenen muy poéticos, carecen de una definición operativa clara, además de presentarse como principio rector, pero no se traducen en criterios concretos para evaluar políticas públicas. Esto las convierte en conceptos vacíos, susceptibles de ser usados como legitimación discursiva o retórica consoladora, más que como guía ética. Si bien el documento menciona la persistencia de desigualdades, reconoce la feminización de la pobreza, la exclusión de pueblos originarios, la precariedad laboral y la informalidad. Las metas propuestas son modestas y los mecanismos de transformación estructural son débiles; la igualdad sustantiva se enuncia, pero no se garantiza, y el bienestar queda subordinado a la lógica del rendimiento.

Pero esto es muy tenue, intentan en todo momento evitar hablar de tensiones o de conflictos sociales, luchas territoriales, resistencias populares. La transformación se presenta como armónica, consensuada, casi inevitable. Lo cual me deja pensando lo seguros que se sienten en el entorno político actual, con una ínfima oposición, y la constante formación de alianzas con grupos opositores es pan de todos los días. La única lucha que se reconoce y que es valiosa para ellos es la de su movimiento. 

El Plan Nacional de Desarrollo 2025–2030 es profundamente simbólico. Forma parte de una estrategia que parece consolidar un poder ya no solo oligárquico, sino teocrático. Como decía Jung, una ideología se convierte en religión cuando reúne tres elementos: el mito, el rito y la ley. López Obrador construyó el mito sobre su lucha y el bienestar; el rito se encarna en la “Mañanera”; y este documento, aunque no jurídico, se convierte en la ley que regirá el rumbo del país en los próximos años.

Como toda religión —y toda política sostenida en el populismo—, su fuerza discursiva contrasta con debilidades estructurales que nos dejan en claro que: “Primero los pobres… empresarios.”

No basta con indignarse ante el disfraz del “capitalismo consciente”, ni con denunciar el mito del Bienestar. La historia nos advierte que el populismo, cuando se institucionaliza sin contrapesos, puede derivar en formas autoritarias. Es momento de exigir transparencia, fiscalización real de PEMEX y políticas que no maquillen la pobreza, sino que la erradiquen desde la raíz.

La ciudadanía debe dejar de ser espectadora y convertirse en contrapeso: informarse, organizarse, resistir la narrativa que nos fragmenta en grupos mientras concentra el poder en unos cuantos. Altagracia Gómez Sierra se ha vuelto símbolo, heraldo, abanderada y promotora de un modelo que disimula la desigualdad con diamantes. Su figura revela cómo el poder se sirve de quienes están dispuestos a todo con tal de cumplir objetivos que no son del pueblo, sino del capital. Yo prefiero que el desarrollo no se mida por el lujo de unos pocos, sino por la dignidad de todos.

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