Feliz día, pero no son formas

Desde los primeros levantamientos obreros era claro cómo la fuerza pública no se había creado para protegernos, sino que más bien es el puño del estado para controlar a las masas y cuya obligación es mantener el orden social existente; apoyado en las leyes que solo limitan nuestra acción, así que hay una especie de tolerancia dictada por el estado, el cual, con base en sus intereses y su “estado de ánimo”, establece lo que podemos o no podemos hacer. Crean leyes que en lo público se presumen, pero en lo privado se suprimen.

¿Pero cómo es posible que, ante tremenda jugarreta cínica, no haya un efecto combustión social en cadena? Que sin importar tu postura ante tal o cual movimiento, nos genere indignación al ver cómo el estado nos violenta y criminaliza. Considero que esto pasa en primer lugar, porque las personas, en su interacción subordinada con el estado, se alinean con lo que este define como bueno y malo, convirtiéndose en una barrera para el cambio deseable y justificable.