La marca de la bruja

En esta segunda parte del análisis de Temporada de Huracanes, rastreamos la genealogía de esa promesa incumplida: desde la caza de brujas como instrumento político del capitalismo naciente —con Silvia Federici y Flora Tristán como guías— hasta el auge del New Age en sociedades supuestamente estables, pasando por la destrucción de los lazos comunitarios y la soledad estructural que el individualismo moderno produce de manera tan eficiente como inevitable. La bruja no desapareció.

El surgimiento de las espiritualidades modernas puede leerse como una respuesta típica a un orden global que privilegia el bienestar individual, pero que presenta el cambio como un riesgo constante. Este orden señala como amenazas aún mayores prácticas como el ocio, razón por la cual vagabundos y mendigos son percibidos como criminales; o la sexualidad no reproductiva, asociada al placer, que históricamente llevó a considerar los métodos anticonceptivos como maleficios y la autogestión del cuerpo como una forma ilícita de poder.