La alquimia no es solo la búsqueda de convertir metales en oro: es un sistema de pensamiento que atraviesa Mesopotamia, Egipto, Grecia y el hermetismo medieval. Un análisis de sus prácticas, símbolos y conceptos fundamentales para entender qué buscaban realmente los alquimistas.
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Solve et Coagula – La Condensación Alquímica
«Disuelve y Coagula» es una de las máximas más repetidas en el esoterismo y el satanismo filosófico, pero pocos conocen su origen real antes de que Eliphas Lévi la grabara en Baphomet. Un análisis etimológico, histórico y filosófico de esta frase que va mucho más allá de la estética ocultista.
Construyendo la Voluntad
¿Qué es la voluntad y cómo se ha pensado en la filosofía occidental? Partiendo de Spinoza y Nietzsche, este ensayo explora cómo la tradición separó la mente del cuerpo, y propone una concepción de la voluntad como potencia inmanente: corporal, ética y concreta.
La voluntad como algoritmo afectivo
La voluntad no es una facultad abstracta del alma: es la capacidad del cuerpo para ordenar su propia conducta a partir del deseo, el entendimiento y la libertad. Un ensayo sobre cómo entender la voluntad como experiencia afectiva y operativa en lugar de como mandato racional.
Del Progre al Progresismo
Las lecturas pasionales engrasan la maquinaria del estado, para que se perpetúen los intereses del capital, estructuras materiales y las relaciones de poder. El progresismo es el proceso de filtración por el cual a las luchas proletarias y disidencias se les quita la conciencia de clase, para convertirlas en productos comercializables. Así pierden su potencial transformador y polimerizan las estructuras de opresión.
Análisis El Aleph (ℵ) de Jorge Luis Borges
Lo que hoy parece delirio, en otro tiempo pudo ser revelación, porque lo único que separa a un loco de un genio, o al Anticristo del Mesías, es la “suerte”. Pero esa palabra evoca a la “divina providencia”, así que prefiero pensar que, en realidad, lo que los separa es la voluntad de elegir ser uno u otro y vivir ante el asombroso espejismo de lo absoluto, o la melancolía por la condición humana, en donde podemos vislumbrar el infinito, pero no recomendaría intentar habitarlo.
Mejor permanecer en el mundo con vivencias que parezcan mundanas, aunque no necesariamente lo sean, ya que, aunque algo parezca lo más importante, tan importante que parece que sostiene nuestro mundo, tampoco implica que sea realmente importante. Solo lo sabremos cuando lleguemos al final de nuestro tiempo, después de ver pasar otros tiempos.
Al fin y al cabo, la única muerte que podemos experimentar es la de nuestra conciencia y el único nacimiento que podemos recordar es el de nuestro nuevo yo integrado. Cada vida es una manifestación única de lo absoluto, ya que somos recipiente de infinitas posibilidades, que nuestra conciencia, nuestra imaginación, nuestra capacidad simbólica y afectiva, nos convierte en recipientes de lo infinito. No porque lo hayamos conquistado, sino porque le damos forma de pensamiento, de sueño, de acto de creación, es el diálogo con nosotros mismos.
Entgeistern – Ritual de Desposesión
“Entgeistern”, término de raíz alemana que puede traducirse como “des-espiritualizar” o “desposeer del espíritu”, remite a la crítica de Max Stirner sobre cómo el ser humano es poseído por ideas fijas —fantasmas como el Estado, la moral, la religión o el progreso— que lo alienan y lo despojan de sí mismo. El subtítulo, “Ritual de Desposesión”, sugiere que este proceso no es accidental, sino sistemático, casi ceremonial, y funcional al mantenimiento del poder.
Hereditary (El legado del diablo)
Esta película del 2018 destaca por su impresionante cinematografía a cargo de Pawel Pogorzelski. La dirección de Ari Aster utiliza de manera efectiva los encuadres y la iluminación para crear una atmósfera inmersiva en las emociones de los personajes y sus vivencias. Las tomas largas y los planos secuencia contribuyen a la sensación de que algo siniestro acecha o los observa constantemente a los personajes.
Rompiendo con el ateísmo
No tiene sentido que tu primer instinto al quedar a oscuras sea quemarlo todo para obtener luz, y menos que confundas la luz que emana de ahí con la luz del sol; cuando bastaba que te retiraras la máscara y salieras de tu escondite, para comenzar a caminar en el atardecer, hacia un nuevo amanecer.
El satanismo invita al autoanálisis continuamente, también al pensamiento crítico y justamente este ejercicio me ha conducido a toparme con cuestiones, dentro del mismo satanismo que ya no me hacen sentido, esto basándome en lo que yo considero que busca el satanismo y su filosofía fundante. También veo en tendencia que haya tantos satanismos como satanistas, y si bien generalmente son un defensor de la pluralidad; en esta ocasión cuestiono su coherencia interna de esa variedad de satanismos, sobre todo cuando adoptan elementos teístas o mágicos sin una revisión crítica y un marco analítico adecuada. No busca imponer una “pureza”, sino preservar la claridad filosófica de una corriente específica, ya que considero que a través de la limitación evadimos el capricho. Es una realidad que no todo lo que se llama satanismo comparte los mismos fundamentos e incluso no debería ser llamado así, como ejemplo: aquel en el que se hacen sacrificios de cualquier tipo.
Feliz día, pero no son formas
Desde los primeros levantamientos obreros era claro cómo la fuerza pública no se había creado para protegernos, sino que más bien es el puño del estado para controlar a las masas y cuya obligación es mantener el orden social existente; apoyado en las leyes que solo limitan nuestra acción, así que hay una especie de tolerancia dictada por el estado, el cual, con base en sus intereses y su “estado de ánimo”, establece lo que podemos o no podemos hacer. Crean leyes que en lo público se presumen, pero en lo privado se suprimen.
¿Pero cómo es posible que, ante tremenda jugarreta cínica, no haya un efecto combustión social en cadena? Que sin importar tu postura ante tal o cual movimiento, nos genere indignación al ver cómo el estado nos violenta y criminaliza. Considero que esto pasa en primer lugar, porque las personas, en su interacción subordinada con el estado, se alinean con lo que este define como bueno y malo, convirtiéndose en una barrera para el cambio deseable y justificable.